Han pasado cincuenta años. ¡Quién lo diría! Aquel 24 de junio de 1962 el astro que nos da vida caía a plomo sobre el terreno del nuevo Seminario y de la ciudad, que ya sesteaba, reponiendo fuerzas después del almuerzo, proveniente de la expresión latina hora sexta. La mies y la parva estaban a buen recaudo y las hormigas correteaban por sus sendas, afanadas en llenar sus almacenes, mientras las lagartijas se aventuraban por muros y pedregales. Los grillos frotaban sus alas anunciando calor, dicen, si bien lo hacían para llamar la atención de las hembras. Era San Juan y domingo, como hoy.
Durante toda la mañana se sucedieron los actos, liturgia, protocolo… Gente que acude en gran concurrencia para presenciar la gran obra de un nuevo Seminario Diocesano, promovido por el obispo Hervás –Juan Hervás y Benet- con el fin de acoger nuevas y más vocaciones. Y, allí, dentro de los terrenos destinados a deporte, esparcimiento y huerta, una antena destacaba elevándose, emitiendo lo que el equipo emisor, al pié de ella, le enviaba, recogido de una sala de control improvisada en la torre del edificio ávido de Jóvenes para las cosas de Dios.
A partir de la bendición, comenzó la aventura de un Medio de Comunicación Diocesano, alcanzando su difusión a toda la provincia y, en algunos casos más allá, como confirmarían los comunicados de recepción a los que se contestaba con un obsequio –banderín-. Esa andadura, iniciada y continuada por unos cuantos entusiastas, con ganas y juventud para darnos al mundo de La Radio fue desarrollándose con medios técnicos nuevos, pero con escaso presupuesto. Los que pudimos, nos formamos en Madrid y, junto a los demás aprendimos el oficio, ejerciéndolo desde la Calle Alarcos, 22 –vetusto Seminario- para luego pasar, a finales de los 60, al Pasaje de San Isidro, donde siguen estando redacción, controles, administración, dirección...
Muchos e interesantes colaboradores, ínclitos o no, pero todos más o menos válidos, fueron aportando su saber a la hora de desarrollar los guiones, teatralizarlos, conformando en fin la programación, que era totalmente de producción propia, haciéndose necesarios los ingresos por publicidad como medio de subsistencia. Tantos éramos y tantos los que hemos pasado por el proyecto, que sería demasiado arriesgado citar ahora a todos, sin caer en la cesación de la memoria que se tenía con respecto a alguien. Todos, los que dedicaron algo de duración de las cosas sujetas a mudanza: su tiempo, como los que lo hicimos en cualidad total, cuentan a la hora de pensar en el presente de Cope en Ciudad Real. Publicar sus nombres, uno a uno, llenaría más de una página de este periódico. Pero todos, todos, están en mi memoria y, por lo tanto vivos en mí. El mejor homenaje es, que cuando el oyente sintonice COPE Ciudad Real, piense que hubo un pasado costoso, necesario para llegar al presente, pasado que no puedo olvidar y presente que tengo en cuenta, lleno de ilusión y la satisfacción de haber estado ahí, luchando con adhesión fervorosa a pesar de los ajobos, que también los había.
Son cincuenta años, en los que he conocido a cinco directores, más otros tantos ‘responsables’, llegando uno de ellos a ser Director General, cuando en 1984 se creó Cadena Cope S.A. Antes, en 1981 en Ciudad Real, surgió mi propuesta de puesta en marcha de ‘Popular 2’ –F.M.-, en emisión independiente de la O.M., que al aprobarse, me convirtió en el Productor, siendo génesis de la actual Cadena 100.
Para mí es como a Juan Ramón Jiménez ‘Platero y yo’. La obra de mi vida; la que se llevó los mejores años. Sólo tenía 18 cuando me dijeron ‘tú vales para esto’. Felicidades Cope Ciudad Real por esos 50 años germinados por unos ‘locos’ por La Radio, a la que seguimos amando.

















