Las derechas, mayoría absoluta en Cataluña

Casimiro Pastor Millán

«Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano. La papeleta es un puñal de papel» (David Lloyd George).

Las elecciones catalanas del pasado día 21 se pueden analizar desde múltiples puntos de vista y serán dignas de diversos estudios y de extrapolación al ámbito nacional. El más evidente es que son las derechas las que han ganado en Cataluña, mientras el PP se hunde y pasa el grupo mixto. El partido más votado, Ciutadans, con 37 escaños y el segundo, Junts per Catalunya, con 34, suman 71 del total de 135 del parlamento catalán. Sin embargo, estas dos formaciones son incompatibles, pues mientras que C’s aboga por la permanencia de la región integrada en España, la segunda quiere la segregación.

Los debates previos a las elecciones en los medios de comunicación, pusieron en evidencia la separación horizontal, vertical y oblicua. Parecía más evidente lo que les separaba que lo que les unía. Bloques constitucionalista y soberanista por un lado, e izquierdas y derechas, por otro; unos de ámbito autonómico y otros, de ámbito más amplio en lo territorial y en lo político. El lenguaje del «ellos» y el «nosotros», que se produce en todos los enfrentamientos, se trasladó al conjunto de España y hartó a todos de todos «ellos», entendidos estos como el conjunto de los catalanes. Lo que ha vuelto a constatarse es que la ciudadanía vota más por sentimiento que por razonamiento. No se leen los programas, que tan concienzudamente elaboran los partidos; por lo tanto, el voto es por impulso. Unos, los enfadados: «dije que me quiero ir»; y otros, los preocupados: «de separarse, nada».

Los enfadados han votado mayoritariamente por el bloque soberanista, que mezcla derecha, JxC, izquierda, ERC, y anti sistema, CUP. Políticamente, una mezcla incompatible, pero con la argamasa del separatismo. Los preocupados han votado por el bloque constitucionalista, con C’s a la cabeza, que ha sabido captar votos de todo ese espectro; el PSC, que ha podido pecar de cierta ambigüedad; la franquicia de Podemos en Cataluña, que no ha cuajado bien el mensaje, pues no se sabe bien en qué bloque está, y el PP, que todavía se está preguntando qué ha pasado.

Está por ver cuál será la configuración final del parlamento autonómico pues, aunque hoy la suma del bloque soberanista da mayoría absoluta, el hecho de que haya diputados electos en la cárcel de manera preventiva y otros en el extranjero, puede dar al traste con sus aspiraciones de formar gobierno. La maquinaria judicial sigue su curso y esta es más lenta que la política. La ecuación catalana tiene demasiados factores y demasiadas incógnitas para su resolución. Por tanto, aún quedan semanas de mucha incertidumbre, palabra tabú para cualquier inversor.

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