Lo que tapa el 1-O

Casimiro Pastor Ciudad Real

Todo lo anterior, más la corrupción a uno y otro lado del Ebro, hacen que parezca que a los dos actores principales del 1-O les interese tener entretenido al personal con su tema. Y hay que darles la razón, porque lo están consiguiendo.

El espacio que antes se dedicaba a Venezuela ahora está siendo ocupado por noticias referidas a Cataluña y al pretendido referéndum del próximo día 1 de octubre. Todo lo demás parece perder importancia mediática: que los pensionistas pierdan poder adquisitivo a velocidad de crucero (desde que Rajoy decidió desligar el incremento de las pensiones del IPC); que la bolsa de las pensiones esté en las últimas y que nadie la reponga, pese a que Rajoy declara que ya hemos superado la crisis; que los más de cincuenta mil millones de euros empleados para el rescate de la banca ya se den por perdidos; que el paro siga desbocado, sobre todo el de los jóvenes, y el empleo que se cree sea precario, con sueldos no acordes al trabajo realizado; que los funcionarios vean alejarse su poder adquisitivo mientras los sindicatos no pueden con el gobierno; que los derechos laborales perdidos con la reforma laboral sigan perdidos… Eso da igual, pues ahora lo que toca es Cataluña, Puigdemont y el 1-O.

Todo lo anterior, más la corrupción a uno y otro lado del Ebro, hacen que parezca que a los dos actores principales del 1-O les interese tener entretenido al personal con su tema. Y hay que darles la razón, porque lo están consiguiendo. Del Ebro hacia Madrid, las encuestas pronostican que el PP volvería a ser la lista más votada, aunque faltándole muchos votos; y del Ebro hacia Barcelona, la mala gestión de las demandas catalanas que se ha hecho desde el poder central, el sistemático ninguneo de Rajoy hacia aquella autonomía, además de un aprovechamiento torticero de las circunstancias por parte de los políticos locales, han conseguido crear un vivero de independentismo difícil de parar en estos momentos. Actúan como si no existieran los mismos problemas que en el resto de España y que si se fueran, la solución llegaría como un maná caído del cielo.

No debemos caer en la trampa de estos ilusionistas que pretenden distraernos con una mano mientras nos hacen el truco con la otra. Si conseguimos retirarles el trapo con el que se cubren, los pillaremos con las manos en la masa y no tendrán más remedio que ponerse a resolver de verdad los problemas reales de la gente.

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