En los últimos días de agosto, el Parlamento Europeo ha retomado su actividad tras un receso de cuatro semanas. El ritmo de trabajo y el vaivén permanente que marca nuestra vida supone una agitación tan frenética que las vacaciones producen una ruptura casi traumática. Se inician con las pilas fatigadas y no se siente pasar el tiempo, pero pronto las horas se hacen largas y se empieza a echar de menos el despacho. Desconectar, que se antojaba indispensable, pesa más y más, bastando unas cuantas noches dormidas de un tirón para sentirnos otra vez enchufados, con los temas que han quedado pendientes. Aunque esta vez el cansancio era mayor por la carga de trabajo adicional derivada de la Presidencia española, el caso es que teníamos prisa por reemprender la marcha.
Europa, con los belgas al timón
La primera preocupación a compartir con quienes nos leen en este reencuentro, se refiere a la inquietud que no puede dejar de provocar la situación de Bélgica, cuando toma el relevo en la Presidencia comunitaria. Bélgica, que es uno de los Estados de la Unión Europea con un currículum más satisfactorio en cuanto a seriedad y a compromiso europeísta. El problema es que, casi tres meses después de las elecciones generales que aquí tuvieron lugar, aún no hay Gobierno... Sigue administrándolo todo el anterior, con carácter interino y hasta que las distintas formaciones políticas sean capaces de formar una coalición estable para hacerse cargo de la gestión. Conste que en el propio país no se nota demasiado que la situación sea institucionalmente provisional. A pesar de las tensiones entre Flamencos y Valones, la democracia y el sentido de Estado están tan consolidados en esta sociedad, que parece funcionar por inercia. Pero otra cosa es el dirigir el entramado europeo, en particular cuando se tienen por delante una serie de desafíos de hondo calado y cuya urgencia no admite dilación en su tratamiento.
El desarrollo del Tratado de Lisboa, iniciado valiente y eficazmente por la Presidencia española, requiere de pasos firmes en muchos sentidos. Cierto que el propio Tratado ha creado mecanismos y figuras que antes no existían y ahora permiten avanzar sin depender tanto de la labor que desempeña el Estado que presida la Unión rotando semestralmente. Pero hay cuestiones importantes que necesitan del peso político de quien ocupa esa responsabilidad. Ese peso puede echarse de menos a la hora de seguir impulsando las medidas recién adoptadas para asegurar transparencia y control de "los mercados", con vistas a superar el descontrol que nos llevó a la crisis. Como habrá que decidir las posturas y las estrategias que Europa lleve a la Conferencia de Cancún sobre el combate contra el cambio climático, para no caer de nuevo en el ridículo y el fracaso de lo sucedido en la Cumbre de Copenhague.
El reto más apremiante es la indispensable potenciación y puesta en marcha de la gobernanza mundial: de la que acabamos de apuntar, referida a la economía y la finanza en el escenario de la globalización; y de la que debe llevarnos a hacer realidad el multilateralismo recuperado con la nueva orientación de la política norteamericana, y que seguramente significará una reforma profunda de las Naciones Unidas. En todo ello la Unión Europea, con su nueva personalidad jurídica y política derivadas del Tratado de Lisboa, tiene que estar en primera línea, con reflexiones, con propuestas, con compromisos. Para eso será muy necesario que en Bélgica contemos en cosa de semanas con un Gobierno progresista capaz de asumir la responsabilidad de empalmar con las líneas apuntadas durante el primer semestre del año por la Administración española.
Liberados Roque y Albert
Otras cuestiones nos han ocupado durante las vacaciones. En especial ha habido tres noticias felices -tres y media, aunque la media es cosa de broma- a las que me referiré para cerrar este mi primer artículo del mes de septiembre; dos noticias felices, digo, que me apetece compartir con lectores y lectoras.
La primera ha sido la liberación de los dos cooperantes que fueron secuestrados meses atrás por los fundamentalistas de Al Qaeda del Magreb Islámico. Al respecto, y tras lo mucho que se ha dicho y se ha escrito, querría destacar apenas tres o cuatro detalles del caso. Para proclamar la alegría que el regreso a casa de Roque y de Albert ha producido en casi todos nosotros. Alegría inmensa, tras mucha angustia, por lo demás justificada. Y también la satisfacción por la gestión realizada por el Gobierno, coordinando actuaciones en diferentes frentes para conseguir el desenlace satisfactorio del secuestro. En Bruselas no hemos vivido sino felicitaciones de la mejor gente que conocemos en el entramado comunitario. Todos han valorado el rigor, la discreción y la eficacia del operativo. Con actuaciones como ésta se gana credibilidad y se mantiene el prestigio que se ha ido construyendo día a día en el escenario internacional, ganándonos confianza y aprecio generalizados.
No querría yo dejar esta cuestión sin manifestar mi admiración y reconocimiento por la actitud ejemplar del entorno de los secuestrados y de ellos mismos tras su liberación. Han sido muchos los meses y las tensiones y, sin embargo, ni por un momento se les ha escuchado una palabra de crítica, de impaciencia, de desconsideración hacia quienes se estaban dejando el pellejo en las complejísimas gestiones, que por fin consiguieron llevar la nave a buen puerto. Por cierto, hablando de nave y de gestos, recordarán quienes nos leen que en uno de mis últimos artículos, les conté mi reciente misión en las Islas Seychelles donde, entre otras cosas, pudimos hablar largo y tendido con el Gobierno sobre los esfuerzos que desde la Unión Europea se vienen realizando en la protección de nuestros pesqueros, víctimas de los ataques de piratas somalíes en el Océano Índico. Las Autoridades de Seychelles, amigas por cierto del Gobierno de España, han jugado un papel muy importante en esta casuística, contribuyendo a la solución del caso del Alakrana. Conste que en aquella visita nos entrevistamos con alguno de nuestros armadores y vimos a los atuneros y a sus tripulantes. ¡Cómo no comparar la actitud del entorno de los cooperantes catalanes con la de algunos familiares y amigos de los marineros y pescadores del Alakrana! De estos hemos leído declaraciones incluso recientemente, rezumando bilis y mala baba. Claro que ya se sabe lo que dice el dicho del desagradecido...
Alegrías desde Chile
Pero les prometía comentar otra buena noticia: ésta a mí me pilló sobre el terreno, bien lejos de nuestra tierra, pero en otra que llevo en el corazón; en Chile, a donde me invitaron las Autoridades de la Universidad de Santiago para cerrar allí el curso académico. Fue inmensa la alegría que compartimos con aquel pueblo al conocer que habían sobrevivido los 33 mineros, ya dados por muertos, y que habían quedado enterrados en el fondo de una mina a cientos de metros de profundidad. Todos vivimos con esperanza la operación de rescate que parece sacada de una novela de Julio Verne... Alegría infinita y solidaria. En mis conferencias afirmé mi solidaridad, recordando a Puertollano y a Almadén, tierra de minas y mineros.
Es buena ocasión para compartir con lectores y lectoras alguna reflexión sobre los tres días que he pasado en Santiago. Como les digo, respondía yo así a una invitación para hablar de la Unión Europea que se perfila tras el Tratado de Lisboa, y del papel que nos va a tocar cumplir en el escenario internacional del siglo XXI. Se trataba de impartir una lección en un Máster -es admirable que los latinoamericanos mismos den la lección de llamarlo "Maestría"- sobre Política Exterior, Comercio Internacional y Diplomacia y de pronunciar la llamada "Conferencia magistral" en la clausura del programa. Mi primer comentario será para llamar la atención sobre lo mucho que en Chile -y en América Latina en general- se estudia, se conoce y se espera de Europa. Y de España, por cierto.
Pero mi segunda reflexión será para decir a quienes nos leen cómo en Santiago he aprovechado para comprobar con admiración la enorme labor que se ha realizado -y que se mantiene bajo la recién elegida Presidencia del derechista Sebastián Piñera- en torno a la Memoria Histórica, denunciando y divulgando lo que fueron las atrocidades de la dictadura pinochetista. Visité el Museo de la Memoria Histórica y visité el Parque para la Paz, declarado Patrimonio de la Humanidad y que es una especie de exposición montada sobre la llamada Villa Garibaldi, uno de los siniestros lugares en los que se secuestró, se torturó, se asesinó, y se hizo desaparecer a miles de opositores, jóvenes en su mayoría, sencillamente por haber sido gentes comprometidas con la Unidad Popular del Presidente Salvador Allende. Contar lo que he visto y lo que he sentido daría para muchos números enteros de nuestro Diario. Pero tampoco hace falta. Sólo decir que en Chile esto se vive con naturalidad, con dolor pero sin odio, sin clamor alguno de venganza. Y sin escándalo de parte de quienes en su día pudieron participar en los crímenes, o al menos permanecer callados ante tamañas barbaridades. Apenas un dato más, relacionado con una actuación que pone en evidencia la superación del pasado y la buena salud del pueblo chileno ante tan dolorosos antecedentes: en varios lugares me he encontrado con referencias y he escuchado el nombre de Baltasar Garzón como el de quien se responsabilizó en la detención de Pinochet en Londres. Por extensión, e identificando al juez con España, se rinde homenaje de gratitud inmensa a quien aparece como símbolo de la solidaridad internacional, pero aún más, como símbolo de la Justicia como valor fundamental del mundo civilizado frente a la barbarie.
La media verónica
Tenía tres temas más en la garganta para esta crónica. Quería hablarles de Cuba y de la liberación de presos que se viene produciendo, con la perspectiva de ver normalizadas las relaciones de la Unión Europea con la Isla. Queda pendiente. Como queda pendiente hablarles del Museo de la Historia Europea que vengo pilotando desde la Eurocámara y que en estos primeros días de septiembre ha dado un salto importante en lo que hace a seleccionar el proyecto para el edificio y en nombrar al Director y a sus colaboradores. Queda también en el tintero algún comentario sobre la expulsión de gitanos rumanos y búlgaros por las autoridades francesas.
Pero les hablaba de tres alegrías y media. La de los cooperantes y la de los mineros lo son de cuerpo entero. También nos hemos alegrado muchísimo de que, en sustitución de Magdalena Álvarez, quien ha pasado a ocupar una alta función en el Banco Europeo de Inversiones, con el correr de la lista se haya integrado en la Eurocámara Sergio Gutiérrez, toledano de pro y Secretario General de las Juventudes Socialistas de España. De la labor que vaya a cumplir hablaremos en nuestra próxima crónica, pero sin duda resulta un refuerzo importantísimo en muchos aspectos y, desde luego, en la defensa de los intereses de nuestra tierra. Mucho menos seria es mi cuarta alegría, y por ello hablo de media. Desde Santiago seguí la victoria del Atleti sobre el Inter de Milán, proclamándose así súper campeón de Europa. El Inter se había merendado al Barça en la semifinal de la Champions habiendo quedado el Madrid eliminado incluso antes. A merengones y culés les dedico con cariño la emoción con que seguí el triunfo colchonero en pleno invierno austral y a miles de kilómetros de distancia.

















