Domingo L. Sánchez Miras
Un año complicado
 
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08/01/2012 - 20:28

Nunca llueve a gusto de todos. Que el que comenzamos sea bueno o malo, depende de la ideología de cada cual. Es más, en buena lógica debiera habar titulado este artículo como “el año deseado” por una enorme mayoría de españoles: según los analistas el núcleo de votantes conservadores se vio reforzado, aunque en escasa cantidad, por votantes que otras veces habían hecho otra opción, mientras que el habitual bloque de simpatizantes socialistas se vio seriamente mermado por la abstención de los desengañados por su política. En buena lógica, es decir, en lógica matemática, que no en sentimientos, la mayoría de los españoles debía estar contenta con las medidas y recortes aprobados por el nuevo gobierno. Y como solo son “el inicio del inicio”, según ha advertido Soraya Sáez de Santamaría, supongo que les esperarán varios años de alegrías.

Habrá gentes cuyo contento esté justificado: siempre se ha dicho entre los magnates de las finanzas que las crisis económicas son buenas aguas para pescar ocasiones. Pero como los magnates de las finanzas no son muchos, habrá que pensar en los motivos de júbilo que puedan tener otros colectivos votantes de los conservadores y enseguida caeremos en la cuenta de que deben ser los empresarios, aunque creo que es un colectivo poco homogéneo. Por mucho que los pequeños y medianos empresarios recibiesen a nuestro paisano Jesús  Bárcenas, a la sazón líder de CPYME, con gritos de “¡unidad! ¡unidad!”, para afearle su poca sumisión al anterior presidente de CEOE -gran y poco fiable empresario- Bárcenas tenía razón: la filosofía política, económica y laboral de la gran patronal no puede ser miméticamente copiada por las pequeñas y medianas empresas que, les guste o no, como dicen los marxistas – por supuesto nuestro paisano no lo es- son proletarizadas por el gran capital y las grandes empresas, que las someten a una problemática muy semejante a la de los trabajadores.

Quizá algún católico integrista esté feliz porque, con el PP, se va a acabar con “el crimen del aborto”; pero creo que se equivocan: lo más que puede pasar es que se cambie el actual sistema de “plazos”, dentro de los cuales la futura madre decide sobre su maternidad, a la anterior, en la que se relacionaban plazos y circunstancias (reales o inventadas) para tener derecho a abortar. Con tal medida, si acaso, lo único que se hace es acallar conciencias un poco hipócritas, que se encuentran más tranquilas si los abortos quedan reducidos a la gente pudiente, que puede irse a Londres de “excursión” a cualquiera de las clínicas especializadas en interrumpir el embarazo de mujeres con medios económicos. Las humildes pueden volver a lo de antes: ir con su toalla bajo el brazo a cualquier “clínica” clandestina, tanto mas peligrosa cuanto más barata. ¿Se estará probando ya en Baleares?: ahora mismo estoy oyendo por radio que, a partir de ahora, las mujeres que quieran abortar deberán pagarse su intervención y después cobrar el importe en la Administración Autonómica… si cobra.

 No acierto a comprender este sacrificio económico, exclusivo para esta intervención: en principio suena a dificultad añadida para abortar y a impedimento poco superable para quien no disponga de reserva pecuniaria. No sé por qué, pero me parece que este tratamiento de poner chinitas al derecho de la mujer a abortar es una ofrenda a la Iglesia, más que al sentido común. Como también lo es el que, entre tanto recorte y congelación, según denuncia no desmentida hasta ahora del congresista Joan Tardá, la Iglesia Católica sigue recibiendo unos 10,000 millones de euros entre subvenciones y exenciones. Supongo que el parlamentario catalán no incluye  previsiones sobre el incremento que esta cifra experimentará con la subida del IBI, que el resto de los mortales propietarios de algún inmueble, habremos de pagar ya, o de los nuevos conciertos escolares tan queridos por la derecha, o… vaya usted a saber qué.

Porque todo sigue caminos sinuosos, acuerdos del Consejo de Ministros, manifestaciones en la prensa nacional o extranjera de ministros o de la omnipresente Soraya Saez. Pero, curiosamente, el Presidente del Gobierno no aparece… ni se le espera. Va a haber que darle la razón a esta anómala situación: si el silencio le ha metido en la Moncloa, no va ahora a quemarse cuando lo que tiene que  hacer es conservarse quietecito, no vaya a ser que los malvados periodistas lo “quemen. Porque: ¿Cómo defender esta subida de impuestos tras sus repetidas promesas en sentido contrario?¿Como explicar que se ha subido el IPRF que suelen ser rentas de trabajo, porque las de capital suelen cotizar a través del impuesto de sociedades y la “optimización” en la declaración que saben hacer los expertos fiscales.

Pero la ciudadanía lo ha querido así… y así hay que aceptarlo. A todos, sean conservadores o progresistas, les deseo un buen año. De verdad.

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