En cortas secuencias de espacio y tiempo, entre por llegar y pasar los idus de junio, un grupo de personas (ponentes, educandos y escuchantes) hemos compartido y departido, un tanto a la ligera en exposiciones relámpago, precisas pero también cansinas, con buen propósito y estado anímico, sobre recursos y valores del territorio, que nos proporcionan sustento, ilustración, menoscabos personales y compensaciones. Más ponencias que consideraciones, sin apenas reparar en el enorme poder que conllevan sobre nosotros y el ámbito, los tanteos de la evolución de la vida. Se han presentado fórmulas científicas, rigurosas, para explicar, restañar heridas y tratar de conservar un equilibrio en la pesada losa del revuelto sepulcro, en que se convierten entornos naturales del planeta, sin que se haya consumado su función, como unidades de vida dependientes de un todo de la vida en la singladura de la evolución. Se ha hablado, conforme las personas han sido instruidas y como bien a bien han aprendido. Y se ha preguntado, dado y tomado consejo, urgidos por imposiciones por y para la faena, el sostenimiento y también para la relevancia. Entrelazado todo, a veces, por áridas e inocentes fábulas de verdadera curiosidad y con narraciones sobre el asentamiento de presumibles pobladores ambulantes hasta de la prehumanidad. Momentos igualmente apresurados porque lo que es no tiene una solución inmediata. Y no ha habido resquicios para planteamientos sobre el sentido y actos del hoy y del mañana, para la existencia y subsistencia; ráfaga efímera materialmente dentro de la esfera.
Escantilló la vida, con sus tanteos, el ámbito de las Lagunas de Ruidera enfureciéndose y sosegándose en forma líquida y transparente, construyéndose templos y albergues naturales de cristales ambientados con brisas y aromas impolutas. Instantes de la evolución (expuestos con certidumbres e incertidumbres por las ponencias) que dieron impulso inicial a la colonización de toda una serie de formas de vida (ahí el ser humano) cuyas huellas aún están entre nosotros. Auges y decadencias… La existencia es la infinita duda con sus infinitas exclamaciones e interrogaciones… Sin Ceres; ni Diana; ni Clío y sin reparar en capacidades cognitivas y simbólicas para grabar y no pintar, para no ser arrastrado por el agua.
Medidas y proyectos humanos que pocas veces tienen el carácter de equitativos o justos… Propósitos por ocultar cuanto ha sido humano y de humano para que la reliquia no perezca, cuando todo, ¡¡todo!!, esta troquelado por los tanteos de la vida para ser vivido y para una duración perecedera en el transcurso de la transformación. Lo oculto llevado al deseo de la ocultación, es inerte e inexistente en su oscuridad… Sugerencias inadmitidas, dirigidas a un propósito de poner en valor las innumerables reliquias y ‘tareas’ de complejas y ancestrales civilizaciones. Cierto es, que es de más provecho no hacer supremamente que hacer inútilmente.
Pánico al pataleo de la enredadera que trepa enroscándose en el fuste higrófilo de atalayas semiderruidas. La cultura, la cooperación y el diálogo, facultan al individuo para obtener un provecho sostenible, de un medioambiente que irá mejorando y proporcionándole sustento. Lo que existe, el ser humano tiene derecho a conocerlo (también el deber de respetarlo) para acallar el hambre de la extensión de su tiempo, para hablarle, hablarse y encontrarse así mismo.
Salvador Jiménez Ramírez
Valores naturales y patrimoniales de las lagunas de Ruidera


















