“Pasión y vida”, de Joaquín Brotons

La editorial Verbum, fiel a su filosofía de dar a conocer “voces poéticas de sostenido prestigio en sus países de origen, pero poco o nada conocidos en España”, ha publicado en estas fechas una antología poética del valdepeñero Joaquín Brotons. Bien conocido por estas tierras manchegas, pero creo que no lo suficiente a nivel estatal, de ahí la apuesta de esta editorial.

La selección de poemas y la introducción del libro ha corrido a cargo del prestigioso poeta de Calzada de Calatrava, Pedro Antonio González Moreno. Leído con atención el extenso prólogo se percata uno de la profundidad del análisis que ha hecho Pedro Antonio de la obra poética de Joaquín Brotons. En puridad, bien poco se podría añadir a lo explicado por el prologuista y antólogo. No obstante, daré algunas pinceladas, desde mi óptica particular, pues no es la primera vez que comento alguno de sus libros.
Joaquín Brotons ha gozado del amor en muchas ocasiones y en tantas otras lo ha perdido. Ese es el motor principal de su poesía torrencial y nostálgica. Hay que entender que el amor-pasión de Joaquín no se ajusta a los cánones más ortodoxos de la sociedad. Eso siempre le ha generado un rechazo hacia él que ha sido mutuo.

Joaquín podría haber salido de Valdepeñas, su ciudad-isla, como él dice, pero decidió enraizarse (y de algún modo autoexiliarse) en el lugar que le vio nacer y eso ha tenido sus consecuencias, para bien y para mal. Cuando digo para bien es porque creo que somos como los árboles: necesitamos nuestras raíces para nutrirnos y sustentarnos ante los vendavales de la vida.

 La consecuencia negativa de este auto-exilio es porque, quizá, en las grandes ciudades es más sencillo el acceso a determinados círculos literarios que puedan reconocer tu obra. De todas maneras, ese exilio en su patria chica ha sido voluntario y, supongo, que preveía que su poesía, en relación con sus gustos amorosos, iba a chocar con la sociedad tradicional que le rodeaba, pero cada uno es libre de asumir sus decisiones.

Joaquín ha sido joven (y lo sigue siendo, aunque tenga ya sesenta y cinco años) y ha gozado del amor que anhelaba. Muchos de sus poemas dan fe de ello. Hedonista y noctámbulo ha gozado de la vida y el amor. Después han venido las pérdidas y eso le ha hecho y aún le hace sufrir. Hoy es fácil “salir del armario”, dicho en términos coloquiales, pero en la época en que este poeta descubrió esa pulsión no era nada fácil expresarse. Sublimó esa inquietud a través de la poesía; creo que esto ha sido un puente de salvación sobre el río, a veces turbulento, de su vida. Llama la atención el primer poema (“Poema sangriento”) del primer libro antologado (“Poemas para los muertos”), cuyos versos iniciales dicen: “Madre, no quiero que te pongas triste por mí/ tú no tienes la culpa de que se me encone cada día el cáncer de la poesía/. Finaliza el poema con estos versos: ”Y ese es mi destino de poeta, madre,/ llevar a los hombre mi labio sangrante/ y dejar huellas en un campo liego”.

Todos los críticos literarios que han analizado la obra de Brotons coinciden en afirmar que su poesía es limpia y sincera, de testimonio interior, pues sale del corazón, y sin artificios que escondan la verdad. Por otra parte, su estética poética rompió con lo que se hacía, hace ahora cuarenta años, de seguimiento de la estela de su paisano Juan Alcaide y eso llamó la atención.

“Desarraigo existencial”
Joaquín siempre ha arrastrado un profundo “desarraigo existencial” (en palabras de Pedro Antonio González Moreno), pero no sólo en su primer libro ya citado, sino, a mi entender, a todo lo largo de su obra. Refugiado unas veces en su hedonismo y otras en el lamento o la nostalgia por el amor perdido, este poeta ha ido construyendo su obra. Evadiéndose de la realidad a través de su poesía, con “días de vino y rosas” (tomo prestado el título de una famosa película) y, al mismo tiempo, utilizándola como tabla de salvación ante el abismo que él, algunas veces, ha confesado. Hablando de las musas, Joaquín dice en su poema del mismo nombre: “Porque sólo ella con su poder de diosa/ es capaz de lamer el veneno de la vida”.
Podría analizar cada uno de los libros que ha publicado Joaquín, pero, en esencia, están atravesados por esas dos pulsiones: amor y desamor. Además, ese trabajo lo ha realizado brillantemente el amigo Pedro Antonio González Moreno. A mí sólo me queda felicitar a Joaquín por esta antología.