Pérez Tendero: “Hoy en día, más que nunca, es necesario el celibato de los sacerdotes”

Aurora Galisteo Ciudad Real

Manuel Pérez Tendero es, desde hace unos meses, el nuevo rector del Seminario Diocesano /Clara Manzano

En una entrevista concedida a Lanzadigital afirma que “Dios está apostando muy fuertemente por su Iglesia y por las vocaciones en este momento”. Añade que tanto los 33 alumnos del Seminario, entre el Menor y el Mayor, como los profesores, “están muy motivados, con muchas ganas de escuchar y Dios está apostando por las vocaciones, por la Iglesia, por el mundo, por la misericordia…”. Asegura que a pesar de que estamos en una época con serias dificultades en el ámbito social, internacional, en el ámbito también eclesial, “hay muchos signos de esperanza” y destaca también el ambiente de “profunda alegría”, de esperanza y mucha positividad que se vive en el Seminario

El Obispado anunciaba el pasado mes de mayo que Manuel Pérez Tendero iba a ser el nuevo rector del seminario diocesano, sustituyendo en esta responsabilidad a Pedro López de la Manzanara. Pérez Tendero viene desempeñando el papel de formador del seminario, es profesor de Sagrada Escritura, desde hace 25 años, por lo que conoce muy bien el funcionamiento de este centro.

Natural de Urda, ingresó en el Seminario Diocesano de Ciudad Real para cursar COU en 1982. Finalizó los estudios de Filosofía y Teología en 1989 y se trasladó a Roma para estudiar Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico y en la Escuela Bíblica de Jerusalén.

Fue ordenado sacerdote el 5 de septiembre de 1992. Su primer destino pastoral fue como párroco de Ballesteros de Calatrava y encargado de Villar del Pozo. En 1995 fue nombrado formador del Seminario Menor, compatibilizando esa labor, durante tres años, con las parroquias antes mencionadas. El 8 de enero de 1999 fue designado director del Secretariado Diocesano de Pastoral Vocacional, y pocos meses después, formador del Año de Fundamentación. En 2012 es nombrado párroco in solidum de la parroquia Santiago, Apóstol de Ciudad Real hasta el mes de mayo de este año que fue nombrado rector del Seminario.

PREGUNTA. – Regresa a la que durante 13 años fue su casa. ¿Qué tal sus primeros meses en el Seminario Diocesano de Ciudad Real?

RESPUESTA. – Con tota la sencillez y sinceridad del mundo, muy bien. La única pena es que querríamos, nosotros, no sabemos lo que quiere Dios, tener más alumnos por riqueza de ellos y por el bien de la Iglesia Diocesana. La única pega es que somos poquitos aunque si analizamos la realidad de otros seminarios, de otras Diócesis, no estamos tan mal.

P. – ¿Con cuántos alumnos cuentan este año?.

R. –En la actualidad cursan sus estudios de ESO y Bachillerato en el Seminario Menor 17 alumnos y otros 17 en el Seminario Mayor, contando uno que ya ha terminado pero aún no se ha ordenado sacerdote. Si tuviéramos dos o tres ordenaciones sacerdotales cada año no estaría mal. Que son más, mejor. La Diócesis de Ciudad Real es la mayor de España en cuanto a territorio pero pequeña en cuanto a habitantes.

P.- ¿Es un número aceptable para que el Seminario pueda continuar con su labor de formación?.

R. – Es un número con el que no nos conformamos pero con el que se puede trabajar. Hace bastantes años en el Seminario Mayor llegaron a cursar sus estudios de Teología, estudios eclesiásticos, más de cuarenta jóvenes. Desde hace ya algunos años nos movemos entre 15 y 20 alumnos tanto en el Menor como en el Mayor.

P. – ¿A qué cree usted que se debe la actual falta de vocaciones sacerdotales?.

R. – Yo creo que no hay una sola razón. Para mi la falta de vocaciones es un misterio, que significa, para la tradición bíblica, que hay muchas dimensiones y que también Dios está por medio, y que hay que discernir, que pensar, que trabajar… Yo creo que hay muchas causas de una situación no positiva y también muchos retos y llamadas que, a lo mejor, nos invitan a nuevas perspectivas que no nos habíamos planteado antes.

Hay una llamada a preguntarse cosas, hay una llamada a unas nuevas claves del sacerdocio en medio del mundo y de la Iglesia. El Concilio Vaticano II, que fue hace 50 años y fue un gran regalo de Dios, tenemos que ir viviéndolo, y ése es el reto. La Iglesia se adelantó a los tiempos, y ahora los tiempos nos están diciendo recordad el Concilio y encontrar ahí las claves para una nueva forma de ser Iglesia en el mundo, y dentro de esa Iglesia en el mundo una nueva forma de servicio sacerdotal.

La clave no está tanto en el seminario o en los sacerdotes; la clave está en la Iglesia y en el fondo, en Jesucristo. ¿Qué nos pide a los cristianos hoy Jesucristo?, porque nos pide y mucho. Dios ama el mundo, eso está clarísimo, y quiere que la Iglesia interrogue al mundo desde el amor de Dios. Quiere una Iglesia misterio, interrogante, y para que exista esa Iglesia hacen falta unos sacerdotes pastores que conduzcan al pueblo a esa interrelación con el mundo.

El Seminario es un medio, lo importante no es el Seminario, ni siquiera los sacerdotes o la Iglesia, lo que importa, de verdad, es el amor de Dios al mundo. Al servicio de ese amor, Dios tiene deseos de salvación proyectos de futuro para el mundo y para ello ha enviado a una iglesia para que cumpla su misión y tiene unos pastores que se preparan en el seminario.

P. -¿Cree usted que la Iglesia debería replantearse algunos aspectos del sacerdocio como el celibato?.

R. – El celibato en el sacerdocio no es algo dogmático, absoluto, de hecho hay curas católicos, como los orientales, que son personas casadas. Pero el celibato en los sacerdotes es algo que la Iglesia siempre ha buscado. Si uno estudia la historia de la Iglesia observa que siempre ha deseado que los sacerdotes sean célibes como Jesús. Si lo hemos conseguido sería ir para atrás y volver a empezar el proyecto.

Además, el celibato sacerdotal tiene un sentido desde muchos puntos de vista y la razón principal es Jesucristo célibe y quiere que sus pastores lo sean pero hay muchas más razones y, entre ellas, también hay una razón de profecía para el mundo actual, en una sociedad que tiene un concepto determinado de la sexualidad, la Iglesia, desde la vida consagrada, ve que hay otras formas de humanizar la sexualidad. Hoy en día, más que nunca, es necesario el celibato. Hay que cambiar para fortalecer y el reto, en torno al celibato, es fortalecerlo.

P.- ¿Qué supone un seminario para una diócesis o más concretamente, este seminario para la Diócesis de Ciudad Real?.

R. – Una gran riqueza. Hay diócesis que no tienen y lo echan mucho de menos. Aunque la principal función sea formar futuros sacerdotes, un seminario es mucho más. Aquí hay sacerdotes que dan clase, laicos que vienen a encuentros, los seminaristas salen a las parroquias… es, un poco, el corazoncito de la Diócesis.

La Diócesis cuida este hogar pequeño de Nazareth de donde van a salir sus misioneros. Es un enriquecimiento profundo y también práctico para la Diócesis.

Me gustaría destacar que en la actualidad, en el seminario, tenemos también más de 200 alumnos en la Escuela de Teología para Laicos; en torno al seminario hay mucha actividad pastoral.

El Seminario Diocesano cuenta en la actualidad con 33 alumnos, 17 en el Menor y 16 en el Mayor /Clara Manzano

El Seminario Diocesano cuenta en la actualidad con 33 alumnos, 17 en el Menor y 16 en el Mayor /Clara Manzano

P. -Llama especialmente la atención el bajo número de alumnos en el Seminario Menor, donde se cursan estudios de ESO y Bachillerato, ya que ello no conlleva pasar obligatoriamente al Mayor…

R. – Hay mucha libertad. No sabría decir todas las razones, que son variadas, pero es una realidad que hoy las familias tienen menos hijos y hay más disponibilidad cuando los padres tienen varios hijos que cuando sólo tienen uno. También es verdad que las relaciones padre-hijo tienen una relación más posesiva con ellos y en España hay menos creyentes, hay crisis de internado, irse a vivir fuera, con una disciplina un horario…, luego cuando lo prueban están felices, los hijos y los padres. El problema está en empezar.

Hay que seguir trabajando con las familias, en las parroquias, todos nos tenemos que poner a trabajar para atraer a jóvenes a las parroquias.

El Seminario Menor ofrece una educación casi personalizada. Al tener tan pocos alumnos los profesores están muy cerca de ellos, son casi clases particulares, y luego tienen tutores y especialistas que están muy cerca de ellos en su formación académica y humana. Hay mucha inversión humana en los jóvenes y con unas posibilidades muy interesantes.

También el hecho de vivir juntos, de convivir, de vivir en comunidad, educa. Aquí se cuida su dimensión espiritual porque el ser humano no es solo estudio y juego sino que somos también personas, buscadores del sentido de la vida, de amistades profundas… Aquí ofertamos una educación integral.

P. – ¿Cuesta mucho mantener el seminario?. No se puede olvidar que es un edificio de enormes dimensiones.

R.- Este edificio lo construyó el obispo Juan Hervás hace ya más de cincuenta años y estaba proyectado para ser justo el doble de grande. Se construyó solamente la mitad. Era una época de muchas vocaciones y estaba casi lleno. Ahora hay menos vocaciones pero aquí residimos comunidades distintas y ocupamos varias zonas. Además, el edificio tiene mucha actividad. Como ya he dicho, más de 200 personas estudian aquí Teología y es raro el fin de semana que no se celebra, en este edificio, alguna actividad como encuentros de matrimonios, de hermandades… el Seminario Diocesano es también un edificio al servicio de la Diócesis es, un poco, su corazón, y es el Obispado el que lo mantiene.