El pistacho manchego, a la conquista del futuro

J. Y. / Ciudad Real

“El cultivo del pistachero es el que más importancia tendrá en el futuro en Castilla-La Mancha, aunque es al que los políticos le dan menos importancia”. José Francisco Couceiro es así de taxativo al realizar un balance del desarrollo de este cultivo en las últimas dos décadas en Castilla-La Mancha, tras una introducción lenta pero sostenida y cuando ya se ha convertido en alternativa clara al tradicional viñedo, o se explota como segunda actividad entre los jóvenes agricultores. Tras casi 25 años de análisis experimentales en el Centro Agrario el Chaparrillo (CAC), el investigador aboga, de esta manera, por potenciar un fruto seco que en la región suma más de 5.000 de las 6.000 hectáreas de España y cuya demanda mundial “está muy lejos de colapsar la oferta”. Defiende las potencialidades y posibilidades de la industria del pistachero, a nivel internacional “enormes”, y prevé que “si conseguimos sacar un pistacho de alta calidad, tenemosel futuro ganado”.

Promotor de investigaciones que se han convertido en referentes científicos a nivel europeo, Couceiro lamenta la pérdida de la oportunidad política, a la hora de respaldar el potencial investigador y vegetal de un cultivo extensivo que podría haber aumentado con más intensidad la renta de los productores, frente “al apoyo sin reservas que constantemente dan a lavid, al cereal y al olivar”.

Sin embargo los estudios no han caído en saco roto y sirven de base a las plantaciones de otras regiones productoras como Andalucía, Extremadura y Madrid.

Recuerda que el cultivo se introdujo en Cataluña en la década de los 80 a través del Centro Agropecuario de Reus (Tarragona), mientras que al centro de España llegó a partir de 1986, al amparo de un proyecto auspiciado por el gobierno castellano-manchego con un estudio que analizaba los factores del cultivo como alternativa agraria, y que derivó un año después en la plantación de las primeras parcelas experimentales en la finca ‘La Entresierra’, agregada al CAC, en Ciudad Real.

Otras investigaciones y el comienzo de la importación de material vegetal en los años posteriores iniciaron el camino para que Castilla-La Mancha sea en la actualidad la región de Europa con más superficie y más producción de pistacho, y tenga uno de los tres bancosde germoplasmamás amplios de todo el mundo,“con material vegetal valiosísimo”.

Entre 1990 y 2011 fueron desarrollados 16 proyectos de investigación con financiación del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, una base científica que ha convertido al CAC en un tótem europeo del pistacho, con una influencia directa en su implantación en las regiones limítrofes, a través de la promoción del pie autóctono pistaciaterebinthus “por su excelente comportamiento en los suelos castellano-manchegos”.

Desde entonces, cada año, el centro reparte gratuitamente yemas a los agricultores, con un suministro creciente que en 2014 alcanzó las 355.389 unidades, un 40 por ciento más que en 2013.

Couceiro recuerda que el cultivo requiere unas características de clima muy concretas como son los inviernos largos y muy fríos, y los veranos muy calurosos y secos. Además, el árbol del pistachero llega a fructificar en una amplia gama de suelos, aunque “independientemente del secano o regadío, a mayor profundidad, mayores serán las producciones y favorecerá su textura”.

Precisamente, estos condicionantes determinan en gran parte el éxito o fracaso del cultivo, por lo que sólo es viable a medio y largo plazo en las comunidades de Castilla-La Mancha, Andalucía, Extremadura y Madrid, lo que supone una ventaja territorial nada despreciable.

Con todo,el uso del riego será concluyente en las próximas campañas, dado que según una reciente investigación de la Universidad Autónoma de Madrid “con la mitad de agua (riego deficitario) se obtiene más del 70% de la producción máxima”, una elección que “merece la pena con relación al secano”, apunta Couceiro.

Insiste en la rentabilidad del pistachero para los productores porque “tiene un mercado asegurado, tanto como fruto seco tostado para consumo directo, como ingrediente para pastelería y repostería, o incluso como base de productos cosméticos”.

Desde el CAC, también se han intentado salvar otros obstáculos, tras optar por el portainjerto cornicabra, como son la plantación de este pie y el cuidado del árbol en el largo proceso de crecimiento hasta que está en plena producción.

La realidad es que si en 1990 no había superficie de este cultivo, en la actualidad en Castilla-La Mancha hay más de 5.000 de las 6.000 hectáreas, un 90% ecológico, con un 20% en producción, y 600 productores, la mitad de Ciudad Real, y una rentabilidad“brutal” de 1.000 toneladas por hectárea en secano. En regadío aumentan los beneficios, pues a partir del sexto año pueden obtenerse los 2.000 kilos por hectárea, con un precio medio de 6 euros por kilo.

El auge del cultivo ha sido exponencial en la región, con asociaciones de productores y empresas para su comercialización. “Tenemos en nuestras manos el futuro del pistacho a nivel mundial, falta que los políticos lo entiendan y lo impulsen”, reivindica Couceiro, pues a pesar del impulso de países productores como Irán, con 300.000 hectáreas, y Estados Unidos, con 100.000, “tenemos que aprovechar la calidad del pistacho español, al ser más sabroso que el americano, con más calidad sanitaria que el iraní y con un gran potencial medioambiental”.

Esta superioridad cualitativa tiene que convertirse, en opinión del experto, en una dimensionalización cuantitativa, pues harían falta varios cientos de miles de hectáreas para cubrir las demandas de los países europeos.

La exportación, a largo plazo

El pistacho es un cultivo rentable, de los pocos que permiten al productor obtener importantes beneficios, sobre todo si es ecológico, aunque la plena producción llegue a los ocho años de la plantación. Por ello, el pistachero sigue despertando el interés de cultivadores, que no sólo se han iniciado en esta explotación, sino que se están organizando en sociedades agrarias de transformación para reducir gastos de producción. Además han apostado por la calidad como un marchamo diferenciador, clave para los mercados nacionales e internacionales, en estos últimos todavía con escasa presencia. Pero la creciente demanda mundial de este fruto seco, ha hecho que los productores de pistacho castellano-manchego estén trabajando para coger dimensión y, posteriormente, poder salir al exterior. Es un reto a medio y largo plazo.
 
La SAT ‘Ecopistacho’ es un ejemplo de organización que ya tiene en su planificación comercializadora vender al nivel internacional, una vez que consolide su crecimiento.

Félix Arias, su presidente, explica que la organización fue constituida en 2010 en Alcázar de San Juan, a partir de la Asociación para el Desarrollo Información y Fomento del Alfóncigo Ecológico (Adifae), y tras casi un lustro de actividad, para 2015 prevén una producción de 15.000 kilos de pistacho, el triple que hace cuatro años.

La SAT está planteada de manera eficiente, ya que los cerca de veinte socios fundadores tienen claro, según Arias, el futuro prometedor de un cultivo que hay que abordar con una estrategia muy cuidada. “Trabajamos con productores de toda la región y asesoramos y formamos a quienes se inician en el cultivo”, explica, e informa de que reúnen una superficie de 90 hectáreas de pistacho ecológico en producción en las provincias de Ciudad Real, Toledo y Albacete, que venden principalmente en el mercado local y nacional.

Su oferta está más encaminada, sostiene Arias, al sector de la biocultura, pues venden más el pistacho deshidratado al natural de forma directa en tiendas especializadas, restauración, y grupos de consumidores, que el tostado y salado sin certificación ecológica, aunque su estrategia global es “producir, procesar y comercializar un pistacho de alta calidad” para todos los mercados, incluidos los europeos.

“Hemos participado en el programa ImpulsaCoop de la Cámara de Comercio, y el técnico que vino nos ha abierto muchas puertas con contactos comerciales en países como Hungría, Londres o en Benelux”. “Es nuestro objetivo dar el salto, una vez se reconozca en España su gran valor”, señala Arias.

Crecimiento exponencial

También ‘Pistamancha’ produce pistachos convencionales, 160 hectáreas, y ecológicos, 40 hectáreas, y su reto muy a largo plazo es salir al exterior. Miguel Ángel García, presidente de esta Sociedad Agrícola de Transformación de Membrilla, que reúne a quince socios, declara que el periodo de carencia de los árboles pistacheros hasta la plena producción es lo que les está frenando, al menos hasta dentro de seis años, a plantearse una comercialización a mayor escala. “El crecimiento será exponencial, aunque si ahora obtenemos 19 toneladas, en un lustro alcanzaremos las 100”, subraya, dado que su plantación tiene distintos estados de producción y la mayoría de ellos están en proceso de reconversión a cultivos ecológicos.

“Sólo el 30% ha empezado a producir”, indica, una situación que se dimensionará en las campañas de los próximos años 20 y que les permitirá “vender por dos líneas y a mercados exteriores”

Las exportaciones han sido lideradas por Irán (110.000 toneladas) hasta 2010, aunque al día de hoy EEUU se ha adelantado en este comercio con 111.000 toneladas (datos de 2010) por el elevado rendimiento por hectárea y su extensa superficie plantada. Tras China, Sira, Alemania y Turquía, España exporta unas 1.000 t, en su mayor parte procedentes de la manufacturación de las importaciones.

La biblica del pistacea

La consecución de planta barata injertada sobre pies vigorosos de pistacia terebinthus (cornicabra) será fundamental para que este cultivo pueda consolidarse en Castilla-La MAncha y extenderse al resto de España en un corto periodo de tiempo. Así lo concluyen los autores de “El cultivo del pistacho”, una obra de casi 700 páginas que resume las conclusiones de las investigaciones sobre este fruto seco de los últimos 25 años, condensa el trabajo de media docena de científicos y es la biblia para todos los sectores que intervienen en el cultivo.

“Esta obra es la respuesta a las numerosas peticiones de información por parte de agricultores, comercializadores, viveristas, técnicos y estudiantes interesados en conocer este novedoso frutal”, reseñan los autores del volumen, encabezados por José Francisco Couceiro.

Éste y Julián Guerrero, Mari Carmen Gijón, Alfonso Moriana, David Pérez y Marina Rodríguez explican que la base del contenido del libro “se ha cimentado sobre criterios científicos y prácticos, con un lenguaje sencillo y una profusa colección de fotografías que refuerzan la comprensión del texto”.

Los capítulos son didácticos y albergan todo el proceso, desde la historia, la botánica, el clima, el suelo, las zonas de cultivo, su presencia en el mundo, su fenología, hasta los los portainjertos, la plantación, los cultivadores, la polinización, la maduración, recolección y transporte, el procesado, la poda, el riego, la fertilización, la salinidad, las plagas, las enfermedades, los aspectos fisiológicos, el cultivo ecológico, los beneficios para la salud, la comercialización y su empleo en la cocina.

Se trata de “una completa y exhaustiva visión que del pistachero se hace alrededor de todo el planeta, la profunda y detallada descripción de cada fase de cultivo a fin de llevar a buen término una plantación rentable en España, la teórica delimitación de las áreas geográficas más favorables, y un código de buenas prácticas para la obtención de un pistacho de calidad”.