Los alcaldes escriben la historia

Antonio Bermúdez recupera datos y fotografías de las 38 personalidades que cogieron la vara del consistorio entre 1902 y 2015

Noemí Velasco
Manzanares

 
La historia de los municipios en muchas ocasiones la han escrito grandes hombres y mujeres, médicos, maestros, profesores, sacerdotes, terratenientes, científicos y, cómo no, alcaldes. Acostumbrado a bucear entre papeles del siglo XIX y de primera mitad del siglo XX, el profesor de química e historiador Antonio Bermúdez ofrece en una exposición en la Biblioteca Municipal Lope de Vega un viaje por la Restauración, la Dictadura de Primo de Rivera, la II República, el Franquismo y la Democracia a través de los treinta y ocho hombres que controlaron la vara de mando del Consistorio de Manzanares y que en muchas ocasiones determinaron el devenir futuro de la ciudad. Fotografías y datos sobre su militancia política, el año de su defunción o el número de hijos que tuvieron describen un recorrido en el que la intrahistoria refleja algunos de los pilares que sostienen hoy a la población.
La Revolución de 1868, con el derrocamiento de Isabel II, marca el comienzo de la investigación, determinada en gran parte por las limitaciones de la documentación histórica. El libro ‘Grandes hombres de mi patria chica’, de Francisco Rivas Moreno, editado por la Diputación provincial de Ciudad Real a principios del siglo XX, es la base de Antonio Bermúdez, por la relación de alcaldes y secretarios que recoge de 1850 a 1925. El historiador, que cuenta con cinco libros y alrededor de 100 artículos publicados en revistas y programas de festejos, comenta que hasta llegar al siglo XX no encuentra documentos relacionados en el archivo de Manzanares, porque tras la Guerra Civil el aislamiento internacional produjo que España se quedara sin celulosa y quedó en manos de la “sensibilidad” de los alcaldes la conservación de estos informes ante la autorización del reciclaje de papeles oficiales por parte de la Dictadura. Las referencias a concejales en periódicos provinciales y locales también escasean a finales del siglo XIX, por el “gran descredito” que tenía la política en aquella época; y también las fotografías, por eso la exposición se reduce al periodo comprendido entre 1902 y 2015, pese a que la investigación abarca también parte del siglo XIX. Desde principios del siglo XX, el Registro Civil, que está “muy cuidado”, y el Archivo Parroquial son fundamentales en la bibliografía del estudio.

Figuras destacadas

Las figuras de Antonio Rubio o de José Calero pronto salen a la palestra, como alcaldes cuyas políticas fueron “más determinantes para la población”. El historiador cuenta que Rubio llegó a la Alcaldía a principios del siglo XX, “era del Partido Liberal” y durante su gobierno hubo una auténtica “revolución de la Educación Primaria” en Manzanares. “Creó dos colegios nuevos, reformó otro, construyó el Gran Teatro y dispuso un cementerio municipal, al margen del parroquial, donde ponían muchas trabas para enterrar a los no creyentes”, señala el historiador. Los ambiciosos proyectos de este alcalde se toparon hasta con la Iglesia y los sectores clericales, que llegaron a intentar “sobornar” a los concejales, en parte por construir el Gran Teatro en la zona en la que está el actual y que ocupó antes un cementerio cristiano, porque “un terreno sagrado no podía utilizarse para la diversión y el ocio”.
A pesar de ser un afín al régimen franquista, la trayectoria de José Calero también sobresale, tras la guerra, con “un pueblo destrozado, templos quemados, casas de ricos ocupadas y destruidas, y colegios que habían ocupado refugiados”. Compañero de promoción del mismísimo Ramón Serrano Suñer, el cuñado de Franco, Calero llegó a conseguir muchos créditos para la reconstrucción de la ciudad. Entre los autoritarios, Antonio Bermúdez también destaca antes de la República a Enrique Ochoa de Quesada, que puso en marcha la Casa de Socorro, el albergue de transeúntes y hasta una báscula municipal, “para evitar el engaño en el peso de la uva por parte de las bodegas”, todo un avance para los agricultores. Entre los franquistas, Bermúdez además apunta a uno de los alcaldes más inútiles, justo el primero tras el fin de la guerra, “que se dedicó a hacer celebraciones y actos de exaltación de la victoria”, y que incluso obviaba pedir créditos para las regiones devastadas.
En la relación de alcaldes, el profesor manzanareño no puede pasar por alto a los de la II República, a Eugenio Cobos, que murió de una parada cardiaca a costa del “sufrimiento de la guerra” y de todo “el estrés que le produjo el proceso revolucionario” -fue incluso destituido en 1936 por simpatizar con la Revolución de Asturias y posteriormente readmitido en el cargo-, y a otros, Francisco Fernández de Simón León o Antonio Sánchez de Pablos Córdoba, fusilados por sus ideas políticas republicanas y socialistas.
Abogados y propietarios agrícolas, “los mayores contribuyentes en las arcas del Consistorio” y, por lo tanto, siempre procedentes de las élites locales más pudientes, eran los que ocuparon a finales del siglo XIX y principios del siglo XX la Alcaldía. Antonio Bermúdez además aclara que antes de 1885 “no cobraba nadie” y ocupar la Alcaldía solía ser un cargo “honorífico” y “obligatorio”. Aunque en la I República “se abre un poco el melón”, el historiador señala que es a partir del Gobierno de Maura cuando empiezan a introducirse otros sectores, como “la burguesía bodeguera”, eso sí, “siempre dependientes de caciques provinciales” como el conocido ‘Talito’, Antonio Criado Carrión-Vega. Como cabía esperar, la II República supuso un vuelco total y ascendieron personas de todo tipo cuya principal característica era que eran “líderes populares”; algo muy diferente que en el Franquismo, donde daba igual si tuvieran carrera o no, mientras que fueran “adictos al Régimen”.
Las legislaturas más largas fueron en los periodos de estabilidad política, en el turnismo de partidos del reinado de Alfonso XIII, en el Franquismo y también en la Democracia, donde Antonio Bermúdez encuentra al alcalde más longevo en la dirección del Ayuntamiento: Miguel Ángel Pozas, después de 28 años al frente del Consistorio. La mitad de los alcaldes duraron poco más de un año y hubo otros que pasaron “sin pena ni gloria” por el cargo, que incluso algunos desempeñaron sólo un mes. La legislatura de Pozas también destaca en la historia local, pues vivió el cambio trascendental que supuso en los años 80 que los Ayuntamientos empezaran a tener financiación propia, al margen de los proyectos que podían autorizar los Ministerios.
Bermúdez admite que “aún hoy en día las huellas de Miguel Ángel Pozas se dejan notar en la localidad, fueron unos años boyantes, donde se pudieron impulsar muchas infraestructuras”. El historiador admite que, “sin duda, otros alcaldes podrían haber hecho mucho más” si la llegada de dinero no hubiera dependido del Gobierno Central, aunque fueron representantes políticos de finales del siglo XIX y principios del XX los que impulsaron importantes reformas como el servicio de agua potable, el alumbrado público o los antecedentes del actual hospital.