Manuel Blanco, música en estado puro

Noemí Velasco Daimiel

Manuel Blanco vuelve a sus raíces / Clara Manzano

Manuel Blanco toca unas notas en la Plaza de España de Daimiel con una trompeta de fabricación alemana, la misma que usó para el concierto de Alexander Arutiunian, con la Joven Orquesta Nacional de España, y que llevan más de medio millón de visualizaciones en Youtube

El trompetista Manuel Blanco, componente desde hace once años de la Orquesta Nacional de España y ganador de la ARD Music Competition en 2011, vuela a Ciudad Real para hablar a sus paisanos de su primer disco, 'Fearless'. Con una mezcla infalible de esfuerzo y virtuosismo, el daimieleño ha llegado a ser en la actualidad una de las grandes promesas de la música en España y como concertista llena los grandes auditorios

La música “te empapa, entra por todos tus poros; cuando estás en un concierto, te emociona y te hace llorar”. El reproductor empieza a girar, la canción dos es el concierto para trompeta en mi bemol de Joseph Haydn y los altavoces te trasladan al virtuosismo que emana de un daimieleño que ha empezado a escribir historia. Es imposible escuchar una canción sin volver al concierto, al recital, a la palabra de Manuel Blanco, fiel a su sueño de ser concertista, de llegar “a nuevos públicos y a más gente”, en España y en el mundo, en la Sala Filarmónica de Berlín o en el Auditorio Nacional. Hace unos días Manuel Blanco bajó de las alturas de la música internacional para notar el calor de su gente y para acercar su primer disco, ‘Fearless’. La apretada agenda y el aluvión de saludos que provocó el eco de su trompeta, no impidió compartir sus vivencias con Lanza.

Manuel Blanco quedó atrapado en los raíles del pentagrama y no fue por casualidad, pues en su familia la música está en el aire. El daimieleño tiene dos tíos músicos, Juanjo toca el saxofón y Esteban agarra el clarinete, sus primas teclean el piano, y la guitarra y el acordeón han estado siempre presentes.

Sentado en uno de los patios del Hotel Las Tablas de Daimiel, el protagonista cuenta que desde que tenía tres o cuatro años, después de superar el mundo galáctico de “toreros, futbolistas y tenistas”, él quiso ser “trompetista”. En esos años Manuel Blanco nunca hubiera pensado que la trompeta en sus manos dejaría de ser “fuerza” y “guerra” para significar sensibilidad, y que le llegarían acomparar con el trompetista francés Maurice André, uno de los grandes concertistas del siglo XX.

El duro camino del éxito

Manuel Blanco deja su apretada agenda internacional por unos días y llega al encuentro con los suyos / Clara Manzano

Manuel Blanco deja su apretada agenda internacional por unos días y llega al encuentro con los suyos / Clara Manzano

 

Trabajo, constancia y virtuosismo. Llegar a la élite de la música internacional ha sido un camino durísimo y Manuel Blanco, a sus treinta y dos años, es muy consciente. El Conservatorio Profesional Marcos Redondo y la Banda Municipal de Música de Daimiel, a la que todavía pertenece, empezaron a moldear su vida a los siete años.

Antes de entrar al conservatorio tuvo la suerte de asistir a los cursos de lenguaje musical de Consuelo y de tener como director de banda a Evelio Alonso, un músico de la “vieja escuela” que enseñaba muy bien solfeo. Pero el que le sirvió de guía fue otro manchego, Martín Baeza Rubio, que fue solista de la Ópera de Berlín durante quince años y un excelente profesor en sus inicios en Ciudad Real.

Después vinieron los viajes a Madrid y las tareas en el AVE. A medio camino de los estudios profesionales, Manuel Blanco y su familia asumieron cuando tenía trece años que había que dar alas al virtuosismo y empezó a viajar tres veces por semana a la capital española para asistir a clase, “una auténtica locura”, un preludio del intenso ritmo que sigue en la actualidad.

Tras hacer referencia al sacrificio que supuso compaginar la Educación Secundaria con el conservatorio, con tantas horas de viaje y tantas clases, Manuel Blanco confiesa que desde pequeño tuvo grabada la moraleja de “la liebre y la tortuga”: “era tan importante tener talento, como el sacrificio”. Tuvo talento desde pequeño, tenía oído absoluto, la trompeta se le daba muy bien y era su pasión, pero sabe que la mezcla de esos dos ingredientes han sido claves para llegar donde está hoy, “para poder estar disfrutando profesionalmente de mi carrera”.

La Orquesta Nacional de España, once años de formación

El trompetista José María Ortí Soriano, que fue durante cuarenta años solista de la Orquesta Nacional de España, otro de sus maestros, también le marcó. Manuel Blanco recuerda que lo conoció con nueve años y desde entonces su objetivo fue sentarse en su silla. Lo consiguió.

Titulado en estudios superiores a los veinte años, después de una carrera meteórica donde llegó a realizar varios cursos de manera simultánea, Blanco salió a la espinosa escena musical y lo hizo de la mejor manera posible, pues a los veintiún años consiguió la plaza de Ortí Soriano tras su jubilación y desde entonces ha recibido “la mejor formación de orquesta que puede recibir un instrumentista”.

El orgullo que supone para Manuel Blanco haber formado parte durante once temporadas de la Orquesta Nacional de España, “mi orquesta”, está muy presente en sus palabras. El daimieleño explica que es como “la Selección Española de la música” y destaca que es impresionante cómo “en España cada vez se hace mejor música” y cómo la ONE ha llegado a ser “una de las orquestas más prestigiosas a nivel europeo”, pese a que “la educación musical de base a fallado en este país”.

“La pasión por la música te llena cuando coges un instrumento, cuando ensayas en una banda, como puede ocurrir en Alemania o en Estados Unidos, y no con una flauta mientras que aprendes de memoria la vida de Ludwig van Beethoven”, apostilla.

El salto internacional llega y después ‘Fearless’

El trompetista daimieleño dispara su primer disco al mundo, 'Fearless' / Clara Manzano

El trompetista daimieleño dispara su primer disco al mundo, 'Fearless' / Clara Manzano

El salto internacional llegó con la prestigiosa ARD Music Competition (Munich 2011), donde fue el segundo trompetista en conseguir el primer premio en sus sesenta y dos ediciones, después de Maurice André en 1963. Manuel Blanco compitió con músicos de la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena o la London Symphony, y consiguió la calificación más alta de la historia de la competición.

La comodidad que consiguió con la plaza en la Orquesta Nacional de España no sació su sed de experimentación y el primero en notarlo fue el concertista Reinhold Friedrich, para el que tocó poco después. El músico confesó estar “muy impresionado” por la interpretación de Manuel Blanco, al que sin embargo notó un tanto “aburrido” al seguir los programas de orquesta, quizá con esos que tienen que ver poco con las sinfonías de Gustav Mahler o Johann Strauss en las que la trompeta tiene mucho protagonismo.

El sueño de Manuel Blanco fue siempre centrarse en su carrera como concertista, pisar como solista los grandes auditorios del mundo, demostrar la sensibilidad exquisita de la trompeta en sus manos, delante del público y arropado por una orquesta: ha empezado a rozarlo. Su primer disco, ‘Fearless’, es su “declaración de intenciones”. El concierto para trompeta ‘Nobody knows de trouble I see’ de Bernd Alois Zimmermann aparece en la primera pista, una obra con la que “casi nadie se ha atrevido, una joya, una obra de arte”.

El daimieleño es versátil con todo tipo de repertorios, disfruta con la música barroca y con la moderna, por eso pasa de una pieza de Federico Nathan de 1986, que tiene toques de funky, a otra de Franz Joseph Hayden, de interpretación propia a partir del manuscrito.

Un estilo propio como concertista

La prensa internacional ha llegado a encumbrar a Manuel Blanco como el sucesor de Maurice André, al que siempre ha admirado y con el que pasó un día “mágico” en su casa de San Juan de Luz meses antes de morir, sin embargo, el daimieleño asegura que él mismo tendrá que configurar su propia identidad. A Manuel Blanco le gusta investigar a los autores que interpreta con su más de treinta trompetas, cuando no está dedicado a sus clases como profesor en la Universidad Alfonso X el Sabio en Madrid o a su academia privada para veinte talentos “muy especiales”.

Además, Blanco empieza este 2018 como tutor de la Joven Orquesta Gustav Mahler, que está formada por 130 jóvenes intérpretes, y que realizará sus próximos encuentros en Dresde (Alemania); y avanza que el próximo curso 2018/2019 inaugurará cátedra en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, donde será la primera vez que habrá una asignatura dedicada a la trompeta. En todo este ajetreo, Manuel Blanco, que ha recibido ofertas en los últimos años de varias orquestas europeas, algunas con “muy buenas opciones”, no tiene claro si en la Orquesta Nacional de España continuará por mucho tiempo más.

El daimieleño ya ha empezado a llenar auditorios como solista y a poner en pie al público, como ocurrió el pasado mes de diciembre en el Teatro Real, durante la entrega de los premios de pintura de BMW, acompañado de la Orquesta Barroca de Sevilla, y al que asistió la Reina Sofía. El pasado 13 de diciembre, Manuel Blanco volvió a presenciar la misma escena, en la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música, acompañado con órgano y con un formato muy cercano, para el que dos meses antes ya estaban las entradas agotadas.

En Castilla-La Mancha, donde todavía no ha tocado nunca como concertista, Manuel Blanco tiene también previsto presentar ‘Fearless’, en un recital que, según avanza en primicia a Lanza, “será en Casa Pepe, en Carrión de Calatrava, en enero o en febrero”. Por si esto fuera poco, Manuel Blanco tiene previsto presentar en 2018 el disco en la Sala Filarmónica de Berlín y prepara un concierto con la Sinfónica de Chicago y el director italiano Ricardo Mutti, que dirigió el famoso Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. ‘Fearless’ ha tenido miles de visitas en las plataformas virtuales y una gran repercusión, por eso Manuel Blanco también tiene sobre la mesa tres planteamientos diferentes para una nueva carta biográfica que lanzar al mundo.