Tomelloso cuenta con una de las estaciones meteorológicas más importantes de la provincia

Francisco Navarro Tomelloso
Estación Meteorológica de Tomelloso

Estación Meteorológica de Tomelloso

El observatorio ha registrado la precipitación más alta de Castilla-La Mancha, 35,4 mm. Lanza ha querido conocer una instalación que lleva más de 100 años en la ciudad

La meteorología, como bien sabemos quienes vivimos en el mundo rural, da para muchas conversaciones, es un asunto muy recurrente y especialmente importante. No en vano estamos en una zona agrícola y el cielo siempre ha estado ahí como un factor decisivo para las cosechas y mucho más. En Tomelloso tenemos un observatorio de la AEMET, la Agencia Estatal de Meteorología, uno de los más importantes de la provincia y que lleva en activo desde 1911, nada menos. El de nuestra ciudad es el observatorio de la región que más precipitaciones ha registrado en los primeros días de febrero, es por ello que La Voz de Tomelloso ha querido hablar con Pascual Duran Loren, responsable de la infraestructura y Observador, que lleva 40 años con el tiempo.

Empezamos repasando los datos, “algo relativo”, nos cuenta Pascual. Durante todo el 2017se recogieron 221 m/m en Tomelloso y  desde el 1 de enero hasta el 12 de febrero se llevan registrados 57,8 litros. Es decir, en menos de dos meses ha caído del cielo la cuarta parte de agua que lo hizo el año pasado. Nuestro interlocutor nos asegura que es anecdótico que hayan caído 29 litros en un par de días “la sequía está ahí. A ver si el mes de febrero viniera con más agua y, sobre todo, la primavera”. Y es que la media de precipitaciones de la provincia de Ciudad Real, que son 400 litros, señalaba Durán, “ya llevamos unos años que nos estamos quedando por debajo”. Esa media baja sensiblemente en Tomelloso, nos cuenta nuestro Durán, llegando a los 340 litros/año.

El observatorio de Tomelloso

En Tomelloso se llevan registrando los datos meteorológicos desde 1911 “con la primera estación que ya no existe”. En la antigua Escuela de Capataces “se monta una estación biométrica que comienza a funcionar en 1966”. En el año 1984 es ya completamente automática  “en ella se miden parámetros como precipitación, temperatura máxima y mínima, viento y presión”. En el 2006 se instala la estación meteorológica actual “ya mide insolación, radiación, visibilidad, tiene un sistema que distingue si cae lluvia, nieve o granizo, además de los datos que señalábamos antes”. Los datos recabados en Tomelloso se pueden ver en tiempo real en la web de la AEMET.  Junto con la de Valdepeñas, nos cuenta Pascual Durán, la de Tomelloso es el observatorio más completo de la provincia.

Los datos recabados por la estación “tienen un valor enorme”, cuando una instalación de este tipo tiene al menos treinta años “se puede elaborar una meteorología y ya se pueden empezar a sacar conclusiones sobre el clima de su zona”. Los datos obtenidos son muy importantes de cara a las predicciones, que se obtienen de dos formas, mediante el estado de atmosfera y de “manera determinista” para la que influye la climatología.

Nos asegura que la gente del campo “son grandes meteorólogos” porque tienen “una estadística propia en la que con determinados fenómenos climatológicos, las nubes, la observación de las aves o el viento, saben lo que va a ocurrir en breve”. Pero  para predecir a más tiempo necesitamos algo más científico basado en formulas y en el empirismo. Y es que —señala Pascual— la atmósfera es gas y para saber predecir su evolución necesitamos datos, cuantos más, mejor. Durán  señala que los ordenadores de uso genérico mayores del mundo “los tenemos en meteorología”. En ese sentido, los meteorólogos están tranquilos actualmente con las predicciones, con respecto a las que se hacían hace unas décadas. “Entonces era un arte con mucha intuición”.

Tras hablar con Duran acudimos a las instalaciones del IRIAF, lugar donde está instalada la estación meteorológica de Tomelloso. Allí convive la tecnología más puntera con la más tradicional. Antiguamente, nos cuenta Ángel Burillo, existía un heliógrafo, un aparato que registraba la insolación por medio de una lupa que iba haciendo quemaduras en un rollo de papel circulaba continuamente.