“El toro bravo es ardiente, su mentalidad es el ataque y coger lo que se encuentra, de tal manera que va detrás de una muleta, de un caballo o un hombre porque lo quiere coger”, aseguró ayer el rejoneador y ganadero Álvaro Domecq, para quien este “auge y embestida” le ha hecho morir en la plaza, si no lo hubiera hecho “años antes y en un matadero con olor a sangre”.
Domecq, que habló de ‘El arte del rejoneo: Técnica y suertes’ en las XVIII Jornadas de la Asociación de Veterinarios Especialistas Taurinos (Avet), resaltó que el toro, dentro de los animales de carne, no se deja guiar por su carácter y bravura, sino que “se arranca, da dificultad y hay que tener mucha pericia para ir recogiéndolo”. Esa pericia “se convirtió en arte, primero en el campo, vino a la plaza del pueblo y de ahí a la de toros, y hoy es una fiesta y tenemos un animal que embiste y es muy difícil de manejar”, expuso Domecq, que, en referencia a la polémica sobre su prohibición en Cataluña, argumentó que “todos los animales tienen que dar de comer a otros animales, incluso al hombre, y el toro vive además más años en un buen sitio”. A su juicio, “no le puedes llevar como cualquier otro al matadero” y su auge y embestida, junto a lo “bonito” y “típico” de la técnica del toreo, le ha conducido a la plaza de toros.
Sobre las diferentes épocas que ha conocido, los caballos que ha tenido y cómo ha ido evolucionando la lidia disertó Domecq, para quien el caballo español es un animal “noble, fuerte, con buenos movimientos, y muy bello, lo que le hace distinto a los demás”. Aludió a la cita de que es “el mejor caballo para montar un rey un día de triunfo” y aseguró que, para domar hay que tener “buena sabiduría y paciencia, hay que hablarle, saberle enseñar”. Eso sí, resaltó, “dicen que el que no se domina a sí mismo no es capaz de domar a su caballo, primero hay que dominarse uno para poder comprender cómo se debe domar”.
















