J. Y. / Ciudad Real
Elvira S. Llopis es la vicepresidenta de la Fundación 1º de Mayo, un centro de estudios vinculado a CCOO que trabaja en el desarrollo de proyectos dirigidos a visualizar, investigar y documentar la aportación de las mujeres en su contribución a la igualdad. Llopis participó recientemente en Ciudad Real en el foto “Género y desarrollo” organizado por la Diputación y habló sobre la incidencia del género en los proyectos de cooperación, desde los frentes más relevantes para la mujer como la salud, la educación, la participación cívico-política y el feminicidio. Autora de diversos materiales formativos en materia de Igualdad de Oportunidades, defiende en esta entrevista las libertades individuales de los ciudadanos y, en especial, de la mujer, todavía sometida a los roles del modelo machista. Las reflexiones de esta doctora en Filosofía y Letras no son políticamente correctas, aunque está avalada por los principios sociales de una democracia plena.
PREGUNTA.- ¿Qué papel tiene la mujer en el impulso y la eficacia de los proyectos de cooperación y desarrollo? RESPUESTA.- Este tipo de proyectos debería ser sensibles y eficaces a la hora de atender las necesidades y la situación específica de las mujeres. Pero según los datos estadísticos, la mayor parte de los proyectos de cooperación provenientes del gasto social de los países en el primer mundo son eficaces para combatir la pobreza, pero no para corregir las desigualdades de género. P.- ¿Y por qué ocurre esto? R.- Podrían serlo, pero pone de manifiesto que hay ausencia de políticas específicas con orientaciones destinadas a erradicar esa discriminación hacia la mujer. P.- Claro, es que habría que cambiar roles culturales y sociales en países con mucho arraigo. R.- No es exactamente así. Ha sido relativamente fácil que todo el mundo tenga un teléfono móvil, incluso en Senegal, cuando han querido y quienes han querido. Pero resulta que, casualmente, el rol de género, es dificilísimo de remover. Es decir, las pautas de consumo se han removido en nada de tiempo, mientras que cuando se trata de temas de mujeres son intocables, y lo son porque interesa que lo sean. Hay que tener en cuenta que los roles de género, entre otras cosas, están permitiendo que la mitad de la población someta a la otra mitad. Y con esta situación se hace más dócil la dominación. P.- Pero, en cambio, muchos proyectos de cooperación van dirigidos a mujeres, como los microcrédtios, porque son consideradas motor de desarrollo en sus respectivas comunidades. R.- Efectivamente. Lo que ocurre es que este tipo de proyectos son pocos en relación a todos los programas generales que se ponen en marcha para el avance de los países del Tercer Mundo. Se ha demostrado que pueden ser muy potentes a la hora de remover desigualdades y se ha demostrado además que es falso que para conseguir este objetivo haya que romper roles, porque si fuera tan difícil esos proyectos seguirían adelante. P.- Y, entonces, ¿qué habría que hacer? Porque hay mucha teoría en este sentido. R.- Debería aplicarse el lema de ’deja de preocuparte y ocúpate’. Los estudios están bien pero al final tienen que acabar en un diagnóstico y tienen que reflejar las causas del problema y una propuesta para corregirlo. Es como cuando vas al médico, que te diagnostica y te medica. No se hace porque no interesa y sólo nos quedamos en la superficie de la cosas. Hay algo que a mí me parece terriblemente sospechoso y es que el discurso de la igualdad entre hombres y mujeres se ha convertido en un discurso políticamente correcto. Y eso significa que no se hará nada. Todo el mundo nombra lo mismo pero, evidentemente, lo que queremos decir unos y otras no es lo mismo, y mucho menos lo que estamos dispuestas a hacer. Hay dos piedras angulares para medir cuando hay una auténtica voluntad de remover la discriminación hacia las mujeres, hacia la mitad de la humanidad. Y son las políticas educativas, por un lado, y las que tienen que ver con la salud reproductiva de las mujeres. Mientras a las mujeres se les impida moral, social, legal, penalmente o a palos ser dueñas de la reproducción, el resto de pautas desiguales se seguirán reproduciendo. Seguiremos siendo más pobres, seguiremos teniendo dificultades para acceder al mercado laboral, cobraremos menos, nos maltratarán, nos mataran y nos dejarán morir (en los partos no asistidos). Esos dos elementos son claves para saber quién está diciendo qué cuando habla de igualdad. P.- En el tema de la reproducción y el aborto hay quien defiende que es responsabilidad de la pareja R.- Habría que preguntarse en qué cuerpo se concibe y quién se juega la salud y el futuro inmediato. En este punto tiene validez el viejo eslogan del feminismo de `nosotras parimos, nosotras decidimos´, con él hay poco más que argumentar. El resto de elaboraciones de los distintos discursos es para que eso no sea así. P.- ¿Qué opina de los feminicidios que ocurren en países del centro y sur de América y Asia, y que quedan impunes? R.- Además de otros ataques que no salen a la luz y que no cuentan y se encubren. No se atienden porque no hay voluntad política. En China no son feminicidios como tal pero son abandonos, para qué molestarse en matarlas y nadie pone el grito en el cielo con los derechos humanos. Se celebran los juegos olímpicos y en la inauguración la comunidad internacional y los estados no lo denuncian. ¿Dónde está la voluntad política real?. P.- ¿Cree que son eficaces las redes de organizaciones de mujeres? R.- Las redes son complicadas, me parecen bien porque pueden ser plataformas para conseguir cosas. Pero son sólo voces, porque a la hora de definir actuaciones las diferencias entre las asociaciones son muchas, y no todas las organizaciones son feministas. Al menos, en cuestiones como los temas de legislación de la interrupción voluntaria del embarazo han funcionado bien. En cuanto a las nuevas tecnologías son una mina, tienen potencialidad pero son excluyentes. La red es otro elemento de analfabetización del que no se habla mucho, pero deja fuera a muchas mujeres. P.- ¿Las mujeres deben cambiar sus modelos muchas veces machistas? R.- En nuestra sociedad se ha intentado diluir la lucha de clase, se han individualizado las relaciones laborales y se habla de la libertad del individuo. Con las mujeres es igual, porqué no vas a elegir estar en tu casa con tus hijos, pero muchas que lo hacen no lo eligen en realidad, sino que imitan un modelo creado dentro de los valores sociales que hemos normalizado. Es igual que la reproducción del modelo de la mujer eternamente joven, que se corresponde con el de la mujer en eterna minoría de edad de principios del siglo XIX. Ahora no se dice eres tontita, sino que se dice que joven estás. P.- Pero se ha avanzado, ¿no? R.- Sí y no. Estadísticamente las muertes de mujeres suben en dos momentos del año: a la vuelta del verano y en Navidad, que es cuando decidimos romper con el pasado y muchas mujeres deciden separarse. Es más de lo mismo. Se ha ampliado el corral, pero sigue teniendo alambres. Para nuestra desgracia hay ejemplos de mujeres, como Fernández de la Vega, independientes y en puestos de decisión, que son puestas como ejemplo de igualdad. No es la realidad y se basan en discursos que intentan romper la lucha contra el machismo.















