Belén Rodríguez
CIUDAD REAL
Sólo por hoy no voy a consumir”. El teléfono móvil de Javier, un joven de 24 años, alto y guapo, lo despierta cada mañana con ese mensaje. Si alguien lo ve por la calle pasa por uno más, del que no recelarías. Sin embargo Javi no tiene ese mensaje en su telefóno porque sí, el sms es su manera de afrontar la enfermedad que padece: alcoholismo, que ha alejado su vida de lo común.
A los 14 años, la edad en la que los jóvenes españoles se inician en las borracheras y las drogas ‘blandas’, empezó a consumir de lo uno y lo otro. Normal. Sólo que en su caso entró en una espiral de conducta compulsiva que le llevó a beber más, y más, y más. Dejó de ser “el gracioso” y se convirtió en “el pesaó” del grupo. Lo perdió todo: amigos, familia, coche, trabajo, dinero.
Comenzó a delinquir y a maltratar a los más cercanos. Con sólo 18 años fue a su primera reunión de Alcohólicos Anónimos para intentar curarse. A los pocos meses lo dejó. Más sufrimiento, más pérdidas. Javier terminó malviviendo en un poblado gitano pintando chabolas a cambio de una dosis de lo que fuera. Ahí tocó fondo. Sucio, harapiento, despeinado acudió por enésima vez a su madre que esta vez sí consiguió ingresarlo en un centro. Alcohólicos Anónimos, que este domingo cumple 77 años, fue su siguiente parada. Ahora Javier lleva dos años asistiendo con regularidad a uno de los cinco grupos de apoyo que está singular asociación mantiene en la provincia, el Larache de la capital al que también pertenecen Carlos, Rafa, y Enrique, cuatro alcohólicos anónimos que aprovechan el día mundial de la asociación para romper ese anonimato y relatar una y otra vez su experiencia. Es su manera de sanarse y también de animar a otros a dar el paso, cada vez más difícil en una sociedad que ha desarrollado una extraordinaria tolerancia a la droga más destructiva y al alcance de cualquiera.
A los “principiantes”, como llaman a las personas que llegan al grupo no se les pregunta nada, ni su nombre, ni su edad... todo eso carece de importancia, lo único que se les pide es el deseo de dejar la bebida.
De esas charlas y reuniones con sus compañeros (tres o dos a la semana) estos cuatro alcohólicos han obtenido la fuerza para enfrentarse a su reto diario: no beber, si les falta eso lo volverían a tener difícil.“En Alcohólicos Anónimos no hay altas. Hay que gente que de ja de venir; respetable, pero uno nunca se cura del alcoholismo, esto sólo se puede parar”, reflexionan. Enrique lleva 14 años sin beber. Ahora dice que no cambia mil días buenos de los de antes por un buen día de los de ahora. Las reuniones de AA lo mantienen sereno, “ni cuando me voy de vacaciones o salgo a otra ciudad por un tiempo dejo de asistir a las reuniones. Busco grupos [en todas las comunidades y países los hay] y acudo”.
Carlos tiene 36 años se ha convencido de que es alcohólico. Su caso es otro de los que más se dan en las últimas décadas: joven bebedor “de fines de semana”, consumidor de alcohol y esporádicamente de otras drogas.
Escucharle estremece: “tenía un trabajo cómodo en una empresa familiar en la que no me pedían muchas explicaciones. Fracasé al pasar de la adolescencia a la madurez. De beber los fines de semana empecé a hacerlo a diario. Me aislé”. A los 28 años ingresó por primera vez en un centro de deshabituación y reconoce que lleva los cuatro últimos “yendo y viniendo”. Carlos no puede evitar acongojarse cuando recuerda las “cosas terribles” que le ha obligado a hacer el alcohol. “Mi vida era horrible”, le dice abiertamente al público que pudo escucharlo el viernes en el centro social de la asociación de vecinos Fuensanta. En una de sus recaídas tuvo que ver la muerte de su padre y su incapacidad para afrontar la vida real. Alcohólicos Anónimos y la experiencia de otros compañeros le está ayudando al menos a reconocer el problema. “Si me muero mi familia sois vosotros”, llega a decir, opinión que comparten sus compañeros que hablan de AA como su nueva familia.
Muchos han dado el paso de acudir a las reuniones, “más efectivas que cualquier otra cosa”, por su familia, pero Enrique aporta la idea de que recuperarse por ellos no debe ser el objetivo, “hay que hacerlo por uno mismo, no por los demás”.
No obstante Alcohólicos Anónimos que funciona en todo el mundo dispone de grupos específicos formado por los familiares de los alcohólicos e incluso sólo de hijos de alcohólicos.
El número del área de Alcohólicos Anónimos para contactar es 91 3418282. Y uno de los móviles del grupo Larache de Ciudad Real capital 659617900.



















