Belén Rodríguez
CIUDAD REAL
Las vacaciones de Joaquín Espinosa son desde hace tres años poco convencionales. Este abogado ciudarrealeño aparca la toga en agosto y emprende viaje hasta el otro extremo del mundo, Camboya, para colaborar en los campamentos infantiles de la ONG francesa Por la Sonrisa de un Niño que ya ha hecho famosa en Ciudad Real.
Allí deja de ser un hombre serio y encorbatado y se convierte en otro, ‘Joaquín’, coordinador de las actividades veraniegas de unos cuarenta niños discapacitados del campamento. Estos chicos pasan casi todo el curso en el centro, muchos no pueden andar y los voluntarios les ofrecen durante las vacaciones escolares, en agosto, la posibilidad de hacer actividades lúdicas: ir a un cine, a una piscina, o al zoo.
A Espinosa le llena tanto la experiencia que lo que empezó siendo una colaboración económica hace cinco años ha ido yendo a más al tiempo que su implicación en la causa de la educación de los niños de Camboya, un país devastado por la guerra y el inhumano régimen de los Jemeres Rojos.
El viaje de Espinosa empezó este sábado (los monitores y coordinadores van antes para preparar las actividades con los niños a partir del 1 de agosto) y terminará el 3 de septiembre. Esas serán sus vacaciones que celebra como si fuera a las Maldivas a tenderse al sol. “Es mejor que eso”, dice. “Yo voy porque creo que es lo debo hacer y aparte me lo paso muy bien haciendo lo que hago. Cuando estas allí los problemas de aquí te parecen nímios. Tenemos niños que se quejan porque no les compra el último juego de la ‘play’ cuando los de allí son absolutamente pobres. Yo he estado en sus casas y no tienen más que más que una esterilla para dormir, un cacharro para las manos, un hornillo para comer y una percha destartalada para colgar sus ropa.”
Por la Sonrisa de un Niño se financia sólo de las aportaciones de socios y colectas públicas, es apolítica, no tiene confesión religiosa, y trabaja sólo con niños de Camboya a los que da educación básica e incluso universitaria, sacándolos de su duro destino: el trabajo en los enormes vertederos de basura de las principales ciudades del país, o de la prostitución, muy extendida.
Espinosa y los cooperantes españoles y del resto del mundo que van ven verano se encargan de que los chicos estén divertidos y atendidos (comida, aseo, etc) durante las vacaciones escolares, en agosto. De lo contrario volverían a trabajar al basurero.
A los padres se les compensa con arroz para comer a cambio de que envíen a los niños a la escuela mañana y tarde.
Este año Espinosa viaja con quince sillas de ruedas que ha logrado financiar con aportaciones de Ciudad Real.
Educación
“Formar y acoger a niños pobres para sacarlos de la miseria”, ese es su único y enorme objetivo de la ONG Por la Sonrisa de un Niño, formada hace unos 25 años por un matrimonio francés impactado con la situación de Camboya, un pais que no está entre las prioridades de la solidaridad española, pese a ser uno de los más empobrecidos y corruptos del mundo, que intenta salir adelante de años de guerras, el régimen de los Jemeres Rojos, una de las dictaturas más crueles y sanguinarias de la historia, y la posterior ocupación por Vietnam.



















