Noemí Velasco/ Puertollano
Con las pilas cargadas de la ilusión aventurera que le ha llevado a recorrer a pie más de media España llevando una mochila de dieciséis kilos de peso y un bastón con una concha, salió el 30 de abril de la Virgen de Gracia de Puertollano con un mes por delante para llegar a la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela por el para muchos desconocido Camino de la Mancha.
Caminatas ligeras en jornadas de diez a doce horas que comenzaban a las cinco de la mañana y acababan de cuatro a seis de la tarde formaron parte de los escasos veinticuatro días que el puertollanense Felipe Rodrigo Aragón empleó para llegar a su lejana meta con el orgullo de haber sido uno de los pocos manchegos que han llegado a la capital de los peregrinos desde la provincia de Ciudad Real.
Después de recorrer con experiencias inolvidables el camino peregrino que parte de Astorga en León en 2009 y el Camino de Santiago Francés que parte de Saint Jean Pied de Port y pasa por el mítico Roncesvalles y la Puerta de España en 2010, además del Camino Primitivo que surca el Pirineo y los montes asturianos en 2011, Felipe Rodrigo decidió marcharse a la aventura por un camino formado por treinta y dos etapas, 938 kilómetros, apenas utilizado y en el que, según explica, “no sabía lo que me iba a encontrar”.
Emocionado con la idea de salir desde la puerta de su casa para seguir unas conchas y unas flechas amarillas que parten desde la ciudad minera, Felipe Rodrigo salió de su catedral para hacer frente a un largo camino que comenzó con lluvia y en el que no iba a tener las facilidades de hospedaje que tienen los peregrinos de las rutas más famosas.
La escasa señalización del camino en la zona de Castilla-La Mancha y la desaparición de ciertos tramos de la sierra toledana ante el avance del bosque fueron algunos de los problemas con los que lidió este viajero que consiguió no perderse en la Sierra de Los Yébenes y que, a pesar de la ausencia de albergues para peregrinos en la región, consiguió que ayuntamientos, iglesias y casas de acogida de Cáritas le dejaran un lugar para dormir.
Felipe Rodrigo recuerda “el asombro de la gente cuando me veía con la mochila y la concha por tierras manchegas”, a la vez que subraya que, “como castellano-manchegos, deberíamos difundir y promocionar el Camino de la Mancha y mejorar la señalización para que la gente se anime a realizarlo”.
El 'ambiente peregrino' y la reflexión personal fueron siempre las principales motivaciones para este puertollanense que se maravilló con el Monasterio de Oseira o con la ciudad de Ourense, y que vivió sus rutas más complicadas debajo de la lluvia entre caminos embarrados, aparte de la última jornada en la que tuvo que andar con temperaturas superiores a los treinta grados.
Ahora, después de llegar hace apenas unos días de su fabuloso viaje, Felipe Rodrigo destaca la dureza psicológica del Camino de la Mancha debido a la soledad de esta ruta casi sin trasiego, a la vez que recomienda sin lugar a dudas la experiencia mientras que piensa en un nuevo camino por descubrir para el próximo año. o
















