Es el hijo más internacional de Piedrabuena
El inventor y científico Mónico Sánchez seduce al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología
 
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07/08/2010 - 21:39

Noemí Velasco/ Ciudad Real

Inventor del primer aparato móvil de rayos X y corrientes de alta frecuencia y dedicado en vida a la experimentación y a la creación de ingeniosos artilugios orientados a la industria y a la enseñanza. El tesoro científico de Mónico Sánchez, el hijo más internacional de Piedrabuena tiene reservado un espacio de honor en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.
La inmensa, a la vez que única, colección de tubos de rayos, generadores de electricidad y documentos especializados, conservada por la nieta del ingeniero durante más de cincuenta años, es el centro de la exposición El Escaparate de la Ciencia en España, que abrirá la nueva sede del museo en La Coruña en una fecha aún por determinar.

Unos cinco años hace desde el primer contacto de la institución con la familia del científico, que fue gracias a la visita de un piedrabuenero a la sala de exposiciones compartida con el Museo del Ferrocarril. Fernando Lage, marido de la nieta de Mónico Sánchez, cuenta que la sala tenía uno de los aparatos inventados y que “el chico hizo referencia a que el creador era de su pueblo”.
Entonces surge el contacto entre el museo, el Ayuntamiento de Piedrabuena y los descendientes del innovador, capitaneada por la técnico del Nacional de Ciencia y Tecnología, Rosa María Martín. Con las primeras comunicaciones se tiene constancia de la existencia de “una colección única en España tanto por su valor científico y estético, como por su tamaño y perfecta conservación”.
Con una negativa firme hacia una posible venta del conjunto, la familia del investigador decidió la cesión temporal de toda la colección, compuesta por los tubos de rayos X y uno de los primeros aparatos fabricados por el inventor, que todavía puede ser puesto en funcionamiento. Esta donación transitoria vislumbra un lejano horizonte porque el objetivo “es dar utilidad científica a aquello que ha estado guardado muchos años”.

Durante esta semana, Rosa María Martín junto con sus ayudantes han procedido al embalaje de todo el material científico, que será en los próximos meses catalogado, seleccionado, fotografiado y sobre todo, estudiado. La responsable explica que todavía no son “conscientes de todo el material al servicio de la ciencia que se puede descubrir”.
Esta colección, según la técnico, “destaca no por su valor económico, ya que cada aparato en un anticuario puede girar en torno a los 3.000 o 4.000 euros de precio; pero es relevante por su valor histórico y sentimental de todo tipo”.

Además será la única serie de piezas completa de un museo compuesto en su mayor parte por objetivos independientes pedidos en el resto de Europa, entre las más curiosas, la cabeza del avión Jumbo que trajo a España el Guernica.

Inaugurada la exposición El Escaparate de la Ciencia en La Coruña, la idea del museo nacional es realizar itinerarios con sus muestras por toda España, por lo que podrán contemplarse en diversas ciudades en el futuro, con el fin de establecer un contacto dinámico con la ciencia y la tecnología.
Finalizada esta exposición temporal, su contenido pasará al archivo general del museo, al igual que aquellas piezas que no sean expuestas. Rosa María Martín explica que “la idea no es mostrar la colección en su conjunto, sino exponer los diversos tipos de tubos, entre ellos tubos de gissher, crookes o diversos de curiosas formas, junto con los aparatos”.

Impulsor en medicina
Conocidas dentro del ámbito de la investigación, existen cajas móviles de rayos X por todo el mundo. En 1903 Mónico Sánchez viajó a Nueva York para estudiar en el Instituto de Ingenieros Electricistas y durante la Primera Guerra Mundial Francia dotó a setenta de sus ambulancias de este invento.

Una utilización industrial dirigida a la creación de electricidad y a la medicina preferentemente, y otra orientada a la aplicación física en la enseñanza. La caja móvil junto con los tubos de gas generaron electricidad fácilmente, lo que permitió acercar la luz a un pueblo rural, explicar de forma sencilla el proceso y realizar avances médicos a través por ejemplo de las radiografías que hacía el aparato.

A lo largo del siglo XIX empezaron a utilizarse este tipo de artefactos primitivos. El físico y químico británico William Croockes fue el primero que investigó el comportamiento de ciertos gases al aplicarles descargas de energía en esta clase de tubos de rayos X en torno al año 1875.
Patentado en todo el mundo, el método de diagnóstico del aparato, como indica su nieta, Isabel Estébanez, “permitió impulsar la medicina rural a comienzos del siglo XX gracias a sus pequeñas dimensiones y a su bajo precio”.

Su importancia en el ámbito de la enseñanza produjo que el invento se extendiera por todo tipo de escuelas e institutos. De hecho, la Facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid tiene expuesto uno, y la Facultad de Informática de Ciudad Real posee otro gracias al interés mostrado por el profesor Juan Pablo Rozas, que fue el primero en escribir una biografía sobre Mónico Sánchez.

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