El aforo del teatro Ayala quedó pequeño este viernes para acoger el pregón inaugural de la Feria 2010 del joven trompetista Manuel Blanco Gómez-Limón y la entrega de la Medalla de Honor ‘Ciudad de Daimiel’ cuyo reconocimiento recayó en la Asociación Cultural Bolote. Los protagonistas de la velada combinaron el ejercicio de la palabra con el de la música, acompañado del elemento sorpresa, en ambas partes de la noche.
El alcalde, José Díaz del Campo, que saludó a los presentes, impuso la Medalla a los dos cabezas visibles de Bolote, Pepe Sierra y Rosa Fernández-Espartero, mientras que de fondo manaba el sonido folk que proporcionan las tradicionales meloneras de Daimiel.
Los galardonados agradecieron este reconocimiento para una entidad que lleva 32 años trabajando por mantener vivas las tradiciones populares de la localidad. Se acordaron de todos los que les han acompañado, al tiempo que manifestaron el gran “respeto hacia un Daimiel que tiene memoria, lleno de gente sencilla, trabajadora y colaborada que ha cooperado en sacar la herencia de nuestros antepasados” y de todos aquellos que han integrado la asociación en cada una de sus diferentes etapas, la cual, argumentaron, “se ha convertido en una forma de entender la vida”.
En este sentido, Díaz del Campo elogió previamente tanto a los integrantes de Bolote como al pregonero, de quienes subrayó su “carrera, arduo trabajo y tesón”. El primer edil aprovechó la ocasión para desear a los presentes unas felices fiestas en un año, dijo, “cargado de grandes contrastes”.
“Luces y sombras donde han coexistido el binomio del progreso y avance de la localidad, que aunque lento, ha seguido su línea ascendente, con el beneplácito de unas lluvias que contribuyeron a dar un vuelco al Parque Nacional Tablas de Daimiel, pasando del caos de 2009 a las perspectivas que se atisban de esperanza y futuro”.
En este sentido, recalcó que “el horizonte se amplía gracias a este hecho” ya que, añadió, “continuando con el trabajo permanente de hasta ahora, se abre una nueva brecha laboral ligada a la cultura del turismo que proporciona nuestro humedal”. No en vano, concluyó, “el trabajo también requiere de paréntesis para compartir con amigos, caso de esta Feria –que confió- se tercie fraternal y divertida”.
Pregón musical
Una vez hecha la entrega de la Medalla y tras varios llamamientos apareció el trompetista Manuel Blanco Gómez-Limón, quien surgió de entre el ágora de las butacas del Ayala flanqueado por sus compañeros del quinteto de viento metal Mediterranean Chamber Brass interpretando un blues de cuya elegancia se pasó, una vez en el escenario, con fanfarrias.
Justo en ese instante, el titular solista de la Orquesta Nacional de España, que a la postre recibiría una placa conmemorativa de manos de Díaz del Campo, recorrió su carrera profesional cuya formación inició en la Banda Municipal de Música. Recién aterrizado de su gira por Corea del Sur y países bálticos, el precoz músico se acordó de compañeros con los que ha compartido “instantes maravillosos” en sus 14 años de carrera, en su caso reducida en dos años menos.
Blanco logró captar permanentemente y durante su alocución la atención de las más de 400 personas que se acercaron al Ayala. Una hora y media en la que combinó actuaciones con sus compañeros en el quintento (Javier Castaño, Jordi Navarro, Adán Delgado y Carlos Maroma) con el repaso de su carrera en “este gran día”. Palabras, no exentas de buen humor pero también llenas de reflexión. Se presentó “humilde, de una familia donde prima la cultura del esfuerzo y el trabajo”. También alentó a los jóvenes, “el futuro está en sus metas, en sonreír y trabajar duro por conseguirlas”, comentó. Precisamente se acordó del apoyo de cada uno de sus amigos, compañeros y familiares y lo que han significado en su ascendencia profesional. Pero también, dijo, “me encanta llevar el nombre de Daimiel por donde voy”.
El joven trompetista consideró a todos, expertos o profanos en la música, porque “sin público no se concibe este arte”. Aprovechó para indicar que “no hay Feria y Fiestas sin música (en los toros, en comparsas, en la banda de música con su toque de diana, en la procesión en honor a la Virgen y hasta en las atracciones de feria). Sus últimas palabras fueron para su hermana, sus padres y su novia, a quienes les dedicó el mérito de su logro profesional. La noche estuvo intercalada con piezas instrumentales relacionadas con el discurso, caso del himno a la Virgen de las Cruces, el himno litúrgico Amazing Grace, María (dedicada a su novia) y los pasodobles Abuelo y Gallito.
Blanco se animó a lanzar un “¡Viva la Virgen de las Cruces¡” y a divulgar que la Feria y Fiestas 2010 quedaban oficialmente inauguradas, a la espera del chupinazo del 31 de agosto, lo cual le valió el aplauso de un público que se levantó al unísono para ovacionar al pregonero.
















