O. C. R. / Ciudad Real
El entorno de crisis financiera y económica ayudado por la oportunidad política está alimentando aún más los viejos estereotipos que parecían olvidados dirigidos al colectivo inmigrante. Comentarios como que son los extranjeros los que más utilizan los recursos sanitarios, o de que son una amenaza para la población autóctona por el mero hecho de ser diferentes, o que reciben más subvenciones que los de aquí, que quitan los puestos de trabajo... y un sinfín de falsedades más convierten a esta población, que suma ya casi 50.000 personas entre un total de 527.000 en la provincia de Ciudad Real, en objetivo número uno de los ataques xenófobos y racistas de los españoles. El coordinador del centro de Ciudad Real de la fundación Cepaim, Adolfo Patón, advierte de una etapa similar a la previa a la II Guerra Mundial, “salvando todas las distancias y sin alarmismos”. Para los inmigrantes, aquellos que viven en situación de exclusión social, dijo el coordinador de la ONG, la crisis les ha golpeado más fuerte, de forma más angustiosa, convirtiéndose ya en una situación psicológica. Patón explicó que en un marco de crisis se difunde la idea, de forma machacona, de que la tarta es más pequeña y hay más para repartir entre todos cuando lo cierto es que prestigiosos informes de la universidad, de la Fundación Ramón Areces o del propio Ministerio de Trabajo indican lo contrario, desmintiendo que las personas inmigrantes sean las que más utilizan los recursos sanitarios “son las más sanas, tienen otro concepto de salud y además evitan ir al médico porque consideran que si no trabajan, no cobran”, observó el mediador. Patón señaló que en España no se ha pasado de una política de fronteras, donde el inmigrante es considerado un trabajador para el desarrollo de un país, pero no se ha tenido en cuenta la segunda fase, más importante, que es la integración, la sensibilización y la convivencia social ejercida desde la propia ciudadanía y entre las Administraciones Públicas. Castilla-La Mancha y Ciudad Real está consiguiendo en parte romper esta tendencia y ya se preparan encuentros entre diversas consejerías con las entidades intermediarias conocidas como del tercer sector. Además, lo importante también es crear foros donde se escuche la opinión del propio inmigrante, sin intermediarios. Además, pidió madurez a los políticos para que en las próximas elecciones no movilicen a votantes autóctonos contra el diferente. Actualmente, las entidades colaboradoras de Cepaim reciben situaciones límites de extranjeros autónomos o empresarios que han echado el cierre, han acabado sus prestaciones sociales y deben decidir si reflotar el negocio o volver a su país. Lo que está sucediendo es que acaban marchándose, informa Patón, “perdiendo un gran capital de emprendedores que llevan la iniciativa empresarial en su código genético”. El personal cualificado de Cepaim intenta ayudarles a decidir, pero no desde una postura paternalista, indica Patón, sino facilitándoles las herramientas necesarias para que, decidan lo que decidan él o ella, sea en las mejores condiciones. El coordinador de Cepaim explica que este retorno, que está siendo mayor que el establecimiento, no es nada fácil, pues supone un segundo proyecto migratorio, a veces de familias enteras, y un doble desarraigo. Hasta tal punto llega la exclusión y vulnerabilidad que la ONG se está encontrando con situaciones bastante duras como la de alguna persona que tuvo que dormir dos meses en un banco, porque pese a que la red de servicios es muy potente y amplia, en los casos de urgencia “no está funcionando”. Otro caso muy frecuente es el hecho de encontrarse sin recursos económicos después de haber contratado una hipoteca para adquirir una casa. A este respecto, explicó que los españoles pueden afrontar la situación con más garantías, sin embargo una familia inmigrante sólo tiene las prestaciones y los ahorros “y nada más porque el 99% envía dinero a sus familias en sus países de origen, no al revés”.
















