Belén Rodríguez
CIUDAD REAL
El programa veraniego de español que mantiene en Ciudad Real la universidad estadounidense de Indiana cumple quince años en plena forma. En seis semanas el curso promete excelentes progresos con el español a alumnos de lo que aquí serían los últimos cursos de bachillerato (entre 16 y 17 años), lengua que estudian en sus diferentes escuelas y que según las cuatro profesoras que les acompañan, Melissa Miller, Luisa Garrido, Silvina Bongiovanni y Kaitlin Guidarelli, al final consiguen hablar bien.
Pero el dominio de la lengua es sólo una parte. La consigna es “prohibido hablar inglés” y estar dispuesto a sumergirse en la cultura, las costumbres y el estilo de vida del país, además de en la gramática y la literatura. Los 33 adolescentes que participan firman una especia de contrato en el que se comprometen a no usar ni entre ellos el inglés, “y como son americanos lo llevan a rajatabla”, apostilla una de las monitoras. Durante las seis semanas se las tienen que apañar con familias previamente seleccionadas y que les convierten en un miembro más.
El choque es “importante”, explican, pero para bien. Tanto que pese a lo apretado del programa (de lunes a viernes asisten de nueve y media de la mañana a cuatro de la tarde a clase, y también dan canto y teatro algunas tardes), están encantados con la experiencia, para la mayoría su primer viaje a la vieja Europa. Y todo ello aderezado con excursiones a lugares como Toledo, Córdoba o Granada (aparte de las que hacen con sus familias). Este año además irán a ver una obra del teatro clásico español, ‘La vida es sueño’, al Festival de Almagro y es posible que los que quieran puedan presenciar una corrida de toros. A lo que además hay sumar el fútbol. Incompresible para muchos de ellos antes de venir -aunque las chicas insisten, “nos encantan los jugadores”-, han aprendido a vibrar con los éxitos de la selección española en esta Eurocopa. “En Estados Unidos no hay nada parecido. La gente sigue un club deportivo pero no a la selección del país”, aclara Luisa Garrido, granadina y profesora de español en la Universidad de Indiana a la que llegó por casualidad y de la que se ha enamorado. “La educación allí es muchísimo mejor que la nuestra. Hay más oportunidades, creo que no voy a volver”, afirma rotunda.
Lo que no quita para que la experiencia ciudarrealeña de este año esté siendo buenísima.
A poco que preguntes lo que más te dicen los chicos en un más que correcto castellano es: “No quiero volver a Indiana”, señalan desde su cuartel general -instalaciones alquiladas en el colegio Hermano Gárate-. También es difícil sacarles un pero sobre el país o algo que no les guste, bueno, “los calamares”, dice una de las chicas, pero incluso eso, la comida, se lo toman con humor. Lo demás les estusiasma, sobre todo la siesta. “Al final se van llorando”, apunta Melissa Miller. Lo sabe bien. Es su segunda vez de profesora y antes vino como alumna.
Pilar, madre de 'Emily'
Pilar Piñero ha acogido en su casa formada por su marido y dos hijos de corta edad a Emily, una joven ‘hoosier’ que solicitó alojarse con una familia con niños. Para ellos la adaptación a su invitada, a la que tratan como padres, imponiéndole normas y horarios, está siendo “una experiencia enriquecedora”.
Piñero vivió en Inglaterra y había pensado que acoger a una adolescente norteamericana le vendría bien para mejorar su inglés, “pero con ellos sólo podemos hablar en español”, dice. No obstante Pilar es el eslabón que une a Emily con su verdadera familia en Indiana, “ellos sólo pueden comunicarse una vez a la semana con sus padres. A través de las redes sociales charlo con la madre y nos ponemos al día12. Lleva desde el día 9 y ya es una más de la familia”, dice.
















