O. C. / Ciudad -Real
La integración de la comunidad rumana entre la ciudadanía manchega es “sorprendente, mejor de lo que esperábamos”, confiesa Daniel Comanita, presidente de la Asociación Hispano-Rumana de Ciudad Real. Desde hace más de una década, la comunidad rumana se ha instalado sin problemas entre los españoles y está soportando los vaivenes, unos mejor que otros, de la aguda crisis económica.
Al contrario de lo que pudiera parecer, los ciudadanos rumanos instalados en Ciudad Real no están volviendo a su país, “algunos sí, pero los menos; existe un tímido regreso”, indicó el responsable del colectivo. Es más, aún emigran a España, aunque de forma mucho más prudente que hace unos años.
La semejanza cultural y la buena imagen que tienen los rumanos del pueblo español ha podido influir en dicha integración, apunta Comanita, que explica que la emigración de sus paisanos es algo peculiar y “cómplice”, al desplazarse primero el cabeza de familia y luego el resto de la familia. En la provincia existen muchos desplazados del distrito de Vistrita.
La radiografía de estos extranjeros comunitarios, que no inmigrantes, recalca la directora de la asociación, Mercedes Fernández Lietor, es muy diversa y variada, y están más presentes en los municipios que en la propia capital, como puede ser Tomelloso, Criptana, Villarrubia, Herencia, Pedro Muñoz... En éste último suponen el 18% sobre la población total. En la provincia viven un total de 23.113 ciudadanos rumanos, según el último padrón del INE, y en Castilla-La Mancha 94.284.
Pérdida de empleo
Si la integración vecinal o más cercana es buena, no lo es tanto a nivel laboral; es más, va a peor. En la actualidad, y con la que está cayendo, los procedentes de Rumanía pierden más rápido el puesto de trabajo que los nacionales, “es preocupante el aumento del desempleo, sobre todo en la construcción”. En este sentido, Comanita asegura que los empleadores nacionales siguen teniendo preferencias “y contratan antes al del pueblo” que al extranjero. En los planes de empleo municipales, indica Comanita, se tiene constancia, “no con datos pero sí con testimonios”, de que el nivel de ocupación es más bajo en la comunidad rumana que entre los originarios del lugar.
El hombre o mujer rumanos residentes en la provincia poseen, en un 40-50%, estudios universitarios y medios, aunque en la mayoría de los casos no trabajan en su especialidad. Sin embargo, son muy emprendedores “ya sólo por el mero hecho de salir de su país se merecen ese calificativo”, dijo el responsable de la asociación. El 70-80% vienen con dinero prestado de su país.
La mayoría de los ciudadanos consultados prefiere quedarse en España y aseguran que la situación es peor allí. Y es que si la emigración es un trauma para las familias, explica la directora de la Asociación Hispano-Rumana, el retorno supone el doble de problemas y dificultades. Preguntados por actitudes racistas o xenófobas, la mayoría niega haber vivido ningún caso y todos comentan, casi al unísono, que hay gente buena y gente mala pero que, en general, están satisfechos de la acogida de sus vecinos, amigos y compañeros.
Uno de los proyectos estrella de la asociación hispano-rumana ha sido el consulado con sede en Ciudad Real, un objetivo estratégico del que Comanita se siente orgulloso pues se respalda a la comunidad con una representación institucional, “es un proyecto de locos que, gracias a Dios, hemos logrado”, confesó.
Otro de los importantes pilares de colaboración hispano-rumana es el acuerdo de la Universidad de Castilla-La Mancha con la de Balaquia en 2004. Para Comanita, será una gran oportunidad laboral teniendo en cuenta las perspectivas económicas. En la actualidad estudian 20 jóvenes rumanos en la UCLM.
















