Julio César Sánchez / Daimiel
Todos los años desde que se hizo matador de toros, al término de la temporada taurina, nos reunimos con Luis Miguel Vázquez para hacer balance y hablar de lo que ha sido su año profesional. Sin embargo, en esta ocasión hay algunos cambios. Por ejemplo, nos encontramos con un Luis Miguel herido, recién llegado de las curas de su muslo derecho. Ello es debido a la cornada que le infirió un toro de Alcurrucén en Herencia el pasado 26 de septiembre, en lo que iba a ser y fue su último toro de la temporada, de la que hablamos en el salón de su casa familiar. Lo que no ha cambiado es su “costumbre forzada” de torear casi exclusivamente dentro de los límites de nuestra provincia. Este año el número total de paseíllos se quedó en tan sólo media docena.
LANZA: No ha sido un año fácil.
LUIS MIGUEL VÁZQUEZ: En absoluto. Ha sido un año difícil en el que sólo he toreado seis corridas de toros y me he llevado algunos desengaños importantes. En definitiva, ha pasado un año más y sigo sin avanzar todo lo que me gustaría.
L: ¿Y a qué se debe ese relativo estancamiento?
LMV: Todos sabemos que el toreo está muy difícil. Hay muchos intereses y si no estás dentro del sistema, es complicado subir peldaños. El estancamiento se refiere al no conseguir torear con regularidad fuera de la provincia de Ciudad Real, y no haber ido a plazas a las que sí creía que iba a ir este año, como por ejemplo Madrid o Sevilla. También hubo algún momento en el que parecía que podría debutar en Francia, y al final todo se ha quedado en nada. Y la sensación que me queda es que yo he cumplido en la plaza.
L: Aunque estemos analizando la temporada del 2009, echando la vista atrás, no he podido evitar la tentación de mirar tus estadísticas del año 2005, en el que toreaste 19 corridas, y muchas de ellas en carteles buenos. Con la perspectiva que da el tiempo, ¿crees que aprovechaste aquella oportunidad del todo?
LMV: Pues quizás no del todo. Aquel año tuve una lesión en la mano en mitad de temporada que me hizo perder algo de sitio, y hubo tres o cuatro corridas en las que no estuve todo lo bien que debería haber estado. Y aquello quizás me hizo perder algo de crédito. Fui demasiado irregular, y a lo mejor debería haber parado y recuperarme bien.
L: Sin embargo este año, a pesar de hacer tan sólo seis paseíllos, has protagonizado actuaciones a tener muy en cuenta. ¿Fue la de Daimiel tu mejor tarde del 2009?
LMV: Posiblemente. Fue una corrida muy importante para mí, porque en un principio no estaba puesto en la plaza de mi pueblo, y quería demostrar que me merecía ese puesto. Por eso me fui a porta gayola en mi primero. Luego la corrida tuvo mucha clase, y pude torear muy despacio, aunque me hubiera gustado que los toros hubieran tenido algo más de chispa. También disfruté en Torralba con uno de los toros de los hermanos Lozano. Y en Ciudad Real, con un lote complicado, también creo que estuve bastante digno.
L: Ya que has tocado el tema de Ciudad Real, ¿nos equivocamos si afirmamos que el no verte en los carteles de la Virgen del Prado fue el palo más gordo de tu temporada?
LMV: No te equivocas. Fue así. Después de quedar máximo triunfador el año pasado, y en años anteriores, creo que me merecía un puesto en la feria. La razón que puso la empresa para no ponerme fue que ya había toreado en Ciudad Real en la corrida benéfica del 18 de julio. Pero claro, es que yo no podía negarme a torear una corrida en la plaza más importante de la provincia, y además televisada, cuando tampoco me aseguraban que me pusieran en la feria si no la toreaba. Además, era la primera corrida de mi temporada, y no es que me sobren los contratos. Lo que pensé al dar el paso adelante fue salir dispuesto a cortar cuatro orejas para tener más fuerza si cabe y que no me pudieran dejar fuera de Ciudad Real. Pero la corrida no colaboró y no hubo triunfo. Y el resto de la historia ya se sabe.
L: Menos mal que pronto llegó la corrida de Daimiel y volviste a decir “Aquí estoy yo”.
LMV: Sí, pero como te he dicho antes, también hubo algún intento de dejarme fuera de Daimiel. Afortunadamente al final la sangre no llegó al río, toreé con Juli y Cid, y resulté triunfador. Conseguí templar a mi lote de Ana Romero y llevarlos casi a cámara lenta en algunos momentos.
L: Y llegamos a la última corrida del año, en Herencia, y un toro te pega una cornada.
LMV: Es lo que tiene torear, que a veces te pegan cornadas. Pero lo tengo asumido. Soy torero y sé lo que ello conlleva.
L: Aunque se pudo ver en directo y por televisión, ¿cómo fue para ti la cogida?
LMV: Pues el toro no terminaba de colaborar, y en la fase final de la faena le acorté los terrenos. Al intentar un pase de pecho me quedé encima y el toro no tuvo más que alargar un poco el cuello para cogerme. Me dio dos cornadas. Una de ellas me atravesó el muslo, aunque esa fue la menos dolorosa. Simplemente sentí el típico escozor parecido a cuando te cortas con un cuchillo o algo similar. Pero la otra me dolió porque me llegó a fémur y es la que más me molesta.
L: Al menos, y como consuelo, habrá que decir que la cornada se produjo en el último toro de tu temporada.
LMV: Menos mal. Por eso también estoy forzando menos en la recuperación, porque no tengo nada a la vista, y prefiero ir despacio y recuperarme del todo. Además, quiero aprovechar para agradecer a todos los amigos y aficionados las muestras de afecto e interés que han tenido hacia mí. Es bonito que se acuerden de ti cuando estás herido, aunque había momentos en los que estaba muy sedado por los fuertes dolores de la cornada del fémur, y no podía atender a todo el mundo como me hubiera gustado.
L: La temporada del 2010 está ya a la vuelta de la esquina. Habrá que prepararse para ella.
LMV: Sí claro. Me recuperaré bien, haré campo y volveré a intentar que por mí no quede.
L: Pues eso, que por ti no quede. Mucha suerte.
















