De tentadero en Víctor y Marín
Arte y responsabilidad en Curro Díaz

Hace pocas jornadas estuvimos de tentadero. En Pinos Bajos. En “lo” de Víctor y Marín. No son fechas para andar de tentadero, pero las circunstancias de este año han sido especiales. Mucha lluvia, y por tanto, mucho retraso en las labores camperas de bastantes ganaderías. Y disfrutamos. Disfrutamos con un torero de arte, de los que “dicen” algo, de los que no son uno más. Curro Díaz.
No es la primera vez que el jienense aparece en las páginas taurinas de LANZA como protagonista único de un reportaje. Ya lo fue el 20 de febrero de 2008, en un tentadero al que acudimos en la ganadería de La Quinta. Pero aquello ya pasó.
El Curro Díaz de hoy es uno de los pocos –poquísimos- toreros que ha cortado algún trofeo en la recién terminada feria de San Isidro. Y esa oreja, cortada el 6 de mayo, le sirvió para sustituir a José María Manzanares en uno de los carteles estrella del abono madrileño. Sin embargo aquella segunda tarde, la del 19 de mayo, Curro no anduvo al nivel esperado, y salió a “revientacalderas” en su última tarde, con la corrida de Vellisino, ya en la llamada Feria del Aniversario. Ahí sí volvió a convencer, aún sin cortar trofeos. Y todos estos triunfos, de mayor o menor envergadura, le han servido para irse forjando una temporada “fácil”, con participación en las ferias de mayor relevancia del calendario taurino español y francés, lo cual no es poco en un año tan difícil como está siendo y será el 2010.
Tentadero
Y como los ganaderos de Víctor y Marín, José Luis Víctor y Felipe Lasanta, mantienen una muy buena relación con Curro Díaz, le reservaron tres vacas hasta el día que las agendas cuadraran y Curro pudiera venir por Ciudad Real. Y esa fecha fue la ya citada del viernes 11 de junio.
¿Y cómo estuvo Curro Díaz con las serias vacas fernanducas? Pues básicamente importante. Importante porque ninguna de las vacas que tentó fue fácil, y sobre todo porque la tercera, que lucía un astifinísimo pitón izquierdo, le hizo ponerse en el sitio y aguantar las dudas que planteaba su embestida. Se podría haber aliviado y quitársela de en medio si hubiera pensado en una posible e inoportuna cornada en un tentadero, pero su responsabilidad de torero le obligó a quedarse en el sitio, y mostrar las cualidades de la vaca a sus ganaderos, pues ése era el fin principal de la jornada, tentar y mostrar las características de comportamiento y embestida de las reses a sus criadores. Y al final se hizo con ella, y llegó a pegarle naturales y derechazos de los que Curro Díaz acostumbra. Que no son cualquier cosa. Y todos contentos. Nosotros al menos.

















