El final de 2009 nos trajo la noticia de la ruptura entre David Parra, matador de toros, ganadero y empresario, y el novillero Emilio Huertas. No fueron momentos fáciles para Parra. Sin embargo, 2010 ha comenzado con un soplo de ilusión para el polifacético ciudarrealeño en la persona de José Calvo, un magnífico torero valenciano a quien pudimos en el 2007 en la plaza del santuario de Las Virtudes y que supone la personificación de otro flagrante ejemplo de injusticia dentro del escalafón de matadores de toros.
El caso de José Calvo es otro de tantos. Un muy buen torero, que ejecuta el toreo de clase, hondura y elegancia, pero que apenas logra ponerse delante de un pitón, ni siquiera en un tentadero. Y como muestra un botón; después de triunfar el pasado año en la plaza de toros de Valencia (1ª categoría), concretamente el 26 de julio, con una corrida de Adolfo Martín, a la que cortó dos orejas (1+1), no se había vuelto a poner delante de una vaca –y no hablemos ya de un toro o novillo- hasta el pasado 20 de febrero, fecha en la que se vino a vivir a la casa de los Parra en Puebla del Príncipe una vez que se hubo sellado el acuerdo de apoderamiento con David Parra. Casi increíble, pero cierto.
Y como Calvo ha demostrado la clase de torero que es, Parra anda ilusionado de nuevo. Y puede estarlo, no sólo por la “buena fama” que precede al torero que ahora apodera, sino por lo que él mismo ha podido observar en directo en su finca de Jarales en las últimas fechas, en las que Calvo ha tentado varias vacas y algún novillo, como ocurrió el pasado domingo.
Y para disfrutar y apreciar su toreo, además de para poder dar cuenta a los lectores de LANZA, nos dirigimos a Puebla del Príncipe, a la citada finca Jarales, donde se tentaron dos vacas y un novillo. Y ante las tres reses José Calvo evidenció un saber hacer no al alcance de todos. Y es que hay matadores más o menos consagrados, que no logran torear de la manera que Calvo toreó al exigente utrero ni en los tentaderos de hembras. Y no es exagerado, por desgracia.
Toda su labor fue maciza, llena de plasticidad y elasticidad, con circulares que pusieron a prueba su cintura, y muletazos por los dos pitones enroscándose las embestidas, llevando a los animales muy atrás, y con el añadido de saber pulsear y afianzar a las vacas, a las que no les sobraron las fuerzas, y domeñar el genio del novillo que, aunque brusco, fue “obediente” a los toques de mando del torero valenciano.
En suma, una muy agradable jornada de toreo en el campo, en el que se pudimos apreciar y confirmar la calidad del torero objeto de este reportaje, José Calvo, y que afianzó nuestro deseo de que este nuevo proyecto de un ciudarrealeño, David Parra, cuaje. Hay mimbres para ello. Ojalá la suerte les acompañe el próximo 12 de marzo, fecha en la que Calvo vuelve a estar anunciado en Valencia con una corrida de Adolfo Martín.
Toreros de primera en segunda fila
José Calvo, un caso más de injusticia torera


















