Una gran mayoría de las ganaderías punteras de España en la actualidad utilizan las fundas, una especie de protección antiestética pero sumamente práctica que recubre la parte final de las astas de los toros y, en algún caso, de los novillos de saca, es decir, de los que se van a lidiar en la temporada.
El ideólogo de esta nueva técnica fue, según dicen, el mayoral de fuente Ymbro hace casi una década. Desde entonces, poco a poco, raro es el ganadero que no ha decidido colocar fundas a sus toros.
La motivación obedece básicamente a dos circunstancias. La primera de ellas, minimizar en la medida de lo posible las bajas que se producen en las camadas por las tan frecuentes peleas en el ganado de lidia. Y el segundo, evitar el desgaste de los pitones que se produce cuando los toros se rascan contra el suelo, piedras o cualquier otro elemento que es susceptible de erosionar el pitón.
A favor y en contra
Es cierto que el desgaste del pitón se atenúa o erradica casi en su totalidad al evitarse el contacto directo entre el cuerno y cualquier otra superficie. Sin embargo las bajas por peleas siguen produciendo víctimas ya que las disputas violentas continúan teniendo lugar. No obstante las heridas ahora no se causan por incisión, al no tener punta el pitón y resultar más difícil su penetración, pero sí hay lesiones óseas o internas producidas por el cuerno enfundado.
Abundan las versiones a favor y en contra de esta técnica. Entre los defensores los argumentos aducidos son los anteriormente expuestos, mientras que los detractores estiman que el hecho de meter al mueco –o cajón de curas- a los toros tanto para ponerles como para quitarles las fundas supone un estrés y un “manoseo” nada beneficioso para un ganado tan particular como éste. Nosotros, en lo que a nivel estético se refiere, encontramos un toro con fundas mucho menos elegante que uno sin ellas, aunque también es cierto que no somos nosotros quienes sufrimos las pérdidas, tanto económicas como emocionales, cuando un toro se estropea o es herido o muerto por los compañeros de camada. En este sentido hacemos notar la negativa de algunos fotógrafos a tomar instantáneas de toros con fundas por su carácter antiestético. Ahí está el caso de André Viard, quien edita la maravillosa serie Cuadernos de Tauromaquia.
De entre los ganaderos que no las utilizan destacan nombres como los de Victorino Martín, Cuadri o Miura. Del resto, la práctica totalidad hoy día pone fundas.
Colocación
Y para observar en directo la colocación de esta protección, nos desplazamos hasta El Cortijillo, cuartel general de las ganaderías de Alcurrucén, Lozano Hermanos y El Cortijillo, propiedad de José Luis, Pablo y Eduardo Lozano. Allí su mayoral Teo nos enseñó la técnica que siguen a la hora de colocar las fundas.
En primer lugar se inmoviliza al toro en el cajón con el fin de poder trabajar con comodidad y seguridad y, al mismo tiempo, impedir que el toro se dañe. Se limpia la pala del pitón para que agarren mejor las vendas que se ponen en primer lugar. Después se coloca encajado a presión un cilindro metálico en la punta misma del pitón. Para ello se utiliza un pequeño martillo de goma que no entra en contacto con el cuerno. El cilindro queda, generalmente, abierto por la punta. Más tarde se venda el cuerno desde aproximadamente la mitad de su longitud total. Esto puede llevarse a cabo utilizando fibra de vidrio o venda de escayolar. En el caso de El Cortijillo prefieren las vendas de escayolar; las mismas que se utilizan en hospitales para inmovilizar fracturas.
Retirada
En cuanto al momento elegido para la retirada de las fundas, algunos ganaderos lo hacen alrededor de dos semanas antes de que los toros o novillos sean lidiados. No obstante, de este modo se corre el riesgo de que en este relativamente corto periodo de tiempo los animales se dañen al sentirse en plenitud en cuanto a sus defensas. De hecho en El Cortijillo antes se hacía así. Sin embargo, después de comprobar cómo los toros sentían la integridad absoluta de sus pitones y cómo “se buscaban como perros”, según ilustrativa expresión literal del mayoral Teo Sánchez, decidieron quitar las fundas el mismo día del embarque para la plaza, aprovechando el hecho de que los toros tienen que pasar por el estrés que supone el embarque, matando así dos pájaros de un tiro, siguiendo la expresión popular.
A la hora de retirar estas protecciones, hay vacadas en las que inyectan a sus toros una sustancia tranquilizante de fácil asimilación para evitar reacciones demasiado violentas de los toros al meterlos en el cajón.
Por supuesto, a la hora de la retirada de las fundas habrá quien aproveche el hecho de tener al toro inmóvil en el mueco para, como algunos lo llaman, “humanizar” la Fiesta; es decir, restar agudeza al pitón. Allá quien lo haga. En cualquier caso, en nuestra buena fe, no creemos que esta circunstancia sea el principal valor añadido de esta novedosa técnica del enfundado de los pitones. Técnica que, utilizada sin fraude, puede facilitar –y de hecho facilita- la posibilidad de ver toros más astifinos en nuestras plazas.
















