No es la primera vez que hemos tenido la fortuna de disfrutar de una jornada de tentadero con Frascuelo, aquel torero que tomara la alternativa en Barcelona el mismo día que lo hiciera nuestro paisano -y actual apoderado de Luis Miguconel Vázquez- Paco Alcalde, en el no tan cercano 1974. Recuerdo, hace seis años, una tienta en la ganadería de Baltasar Ibán con El Fundi, Jesús Millán y el propio Frascuelo, y sobre la que dimos cuenta en las páginas taurinas de LANZA que ya por aquel entonces se publicaban casi semanalmente. Aquella mañana los citados matadores probaron la bravura de varias eralas de la vacada madrileña. Los tres anduvieron realmente correctos, pero me llamó la atención la serenidad, la agradable parsimonia y la seguridad del veterano torero de nombre antiguo. Y me volvió a impresionar reencontrarme con su despaciosidad hace pocos días, en un tentadero celebrado en la finca del amable Javier Gallego, muy cerca de Brazatortas.
Frascuelo habla con calma, y torea de igual modo. Sin violentar a las vacas nada más que cuando es necesario -que alguna vez lo es-, bien para desperezarla, o para desperezarse uno mismo. Y por supuesto, nada de vaqueros ni deportivas. Calzona negra, botos, y chaquetilla de cuero para combatir el frío. Y suavidad, mucha suavidad. Su primera becerra era lo que pedía, ya que no le sobraban las fuerzas, y con su segunda, más encastada, el mismo temple, pero añadiendo ahora mando y una torería que se podía expresar con más contundencia y estética al poder bajar más la mano.
Durante el tentadero, que compartió con su pupilo Mario Alcalde, prometedor novillero que está a punto de debutar con caballos, se pudo respirar la torería que otorgan, sobre todo, los años; apreciamos esa manera de andar con las vacas, en la cara y fuera de ella, natural, sentida y elegante, de torero de otra época, como es el que caso que nos ocupa, o el tantas veces comentado en estas páginas de Antonio Sánchez Puerto, con quien Frascuelo comparte una entrañable amistad.
Se trata de hombres que rondan o superan las sesenta primaveras y que, a pesar del implacable peso y paso de los años, su afición y amor al toreo les empuja a mantenerse en forma y a punto para ponerse delante de un toro, cuando lo más lógico hubiera sido olvidarse del toreo activo. Sin embargo el toreo, cuando cala, es un sentimiento demasiado intenso como para dejarlo de lado, y más si no has logrado las metas que en un principio te planteaste, como es el caso que nos ocupa. La búsqueda continúa. Frascuelo, en el 2010 al menos, también.
De tentadero con Frascuelo
Las prisas, para los malos toreros


















