Todos los años, al final de cada temporada, los cambios de apoderamiento son una constante. Es la vida. Relaciones que terminan, y que empiezan. Y una de las más estables de los últimos años era la formada por el magnífico torero Ignacio Uceda Leal y su apoderado hasta finales de 2009, Lázaro Carmona. Sin embargo el torero decidió cambiar de aires, y Lázaro, matador de toros y apoderado independiente puro y duro, decidió volver a ilusionarse con un torero; y lo hizo, con Eduardo Gallo, un salmantino que hace no mucho ocupaba la cabeza del pelotón taurino y que era considerado algo así como un nuevo Juli, pues de él se venía oyendo hablar desde su deslumbrante etapa como novillero sin picadores.
No obstante, después de un par de temporadas rindiendo a un nivel aceptable y entrando en todas las ferias, Eduardo no rompió con la fuerza que de él se esperaba, y, como no podía ser de otra forma, la corriente le arrastró. Por mala suerte, o por falta de motivación y esfuerzo personal. Vaya usted a saber. El caso es que el nombre de Eduardo Gallo quedó ligeramente aparcado. Mas en el 2009, su nombre volvió a ser parte de la “comidilla” de los influyentes comentarios en el taurineo. Tras una temporada que transcurría en plazas de escasa relevancia, en septiembre llegó la feria de su tierra, Salamanca, y ratificó los comentarios de recuperación que pululaban por los mentideros y teléfonos móviles taurinos. Eduardo Gallo era “recuperable”.
Si no hubiera sido así, estoy seguro que alguien como Lázaro Carmona, quien conoce y se preocupa por conocer más aún el mundo del toro, no se habría decidido a apoderarle. Pero para observar in situ el momento actual de Eduardo Gallo, nos desplazamos hasta la finca de Juan Pablo Jiménez Pasquau, muy cerca de Linares, donde varios matadores tentaron nueve machos del ganadero jiennense.
Uno de ellos fue Gallo, a quien acompañó su flamante apoderado. Y ya se pudieron apreciar ciertos cambios. Por ejemplo, una intención más artística, más estética. El matador salmantino destacó desde sus comienzos por su firmeza, pero no por imprimir una plasticidad especial a su toreo. Sin embargo durante el tentadero, al que salieron cuatreños con cuajo, atisbamos un empaque distinto, una manera de meter los riñones y alargar la embestida con gracia que no era tan evidente antes. Puede que la mano de Lázaro Carmona tenga algo que ver. De lo que no cabe duda es de que a este apoderado le gusta el toreo bueno, el que aúna poder y elegancia delante del toro; no una cosa u otra, sino las dos, conjuntadas en una tauromaquia de calidad.
Lo que no ha cambiado en Gallo es su afán por llegar cerca del toro. Se encuentra a gusto ahí, y aunque bien se podría haber “aliviado” puesto que simplemente era un tentadero, Gallo no perdió la oportunidad de colocarse entre los pitones cuando sus toros se vinieron abajo en la fase final de los trasteos. Y es que hay quien piensa que en el campo hay que dar ciertas licencias que minimicen el riesgo, mientras que otros creen que si “te quitas” en un tentadero, el impulso primario será tendente a hacer lo mismo en la plaza con público. Por tanto, ni una concesión.
Ojalá este salmantino –y tanto otros con posibilidades- tenga una segunda oportunidad y “sorprenda”, solventando la probable falta de madurez con la que llegó a la alternativa y a las ferias. A buen seguro aquellas carencias lógicas de la edad se vean ahora reemplazadas por el aplomo y el poso que dan los años. Nos quedan unos meses por delante para apreciar ese cambio, esa evolución. Suerte.
Reportaje de campo con Eduardo Gallo
Una de las posibles “sorpresas” del 2010


















