Fernando Tendero torea este sábado en Las Ventas
Una gran oportunidad
 
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Escrito por J. C. Sánchez

El próximo sábado será la tercera ocasión en la que Fernando Tendero, de Villarta de San Juan, pise vestido de luces el ruedo de la plaza más importante del mundo. Pero sí podría ser la última que lo haga como novillero. Lo hará acompañado del colombiano Serbio Blanco, y del malagueño Jiménez Forte.
Después de una actuación el pasado 26 de julio, en la que pudo salir a hombros de Las Ventas, Tendero persigue un triunfo en el coso que más puede dar a un torero. Y lo hace con una novillada francesa de Virgen María, de procedencia Jandilla, que hace su debut en Madrid. Aquel día le correspondió un buen lote de novillos de Guadaira, pero algo pasó -entre otras cosas que no mató bien- y la tan ansiada puerta grande de Madrid se mantuvo cerrada para nuestro paisano. Aquello no fue impedimento para que Fernando Tendero acabara la temporada como segundo del escalafón de novilleros con picadores, con casi cuarenta paseíllos, aunque, como él mismo reconoce, “un triunfo aquel día no me habría dado muchos más contratos, pero sí que me habría puesto en una situación en la que podría haber entrado en mejores carteles, con ganaderías que a priori ofrecen más garantías para hacer el toreo que a mí me gusta”.
No obstante, el año pasado fue el año pasado y el 2010 se presenta como un año decisivo en la carrera de este novillero, que pretende subir de escalafón en algún momento todavía indeterminado de la presente temporada. Y un punto de apoyo clave para lograr tomar la alternativa con fuerza sería, por supuesto, un triunfo gordo en Las Ventas. Para ello no ha dejado de entrenar Fernando Tendero, y LANZA tuvo ocasión de comprobar en directo esa preparación para una cita tan importante en la carrera de cualquier torero, y más aún en la de un novillero.
El escenario fue, una vez más, la finca Pulido, propiedad del siempre atento ganadero Javier Gallego, un hombre al que se puede calificar, sin riesgo de caer en la coba facilona, de hombre de trato exquisito y amabilidad incuestionable. Allí tentó Tendero -en compañía de Luis Miguel Vázquez- dos eralas. Las dos se dejaron, y ante ellas Tendero demostró tener un oficio bien ganado en sus dos años largos con los del castoreño. A las dos las entendió y cuajó, dándolas tiempo y espacio para que pudieran desarrollar su casta. Ahora “sólo” falta que su lote de utreros franceses embista, y que Tendero los cuaje. Pero puestos a no pedir todo, pidamos que al menos ocurra lo primero, que de lo segundo ya se ocupará el ciudarrealeño.

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