Hay que ser muy “valiente” –quítenle las comillas si lo prefieren- para decidir formar una ganadería de reses de lidia corriendo los tiempos que corren. Como bien decía el pasado sábado en Miguelturra Juan Gómez Castañeda, a los que gustamos de la Fiesta de los toros nos atacan por varios flancos, y no solamente en base a una falsa y en mi opinión hipócrita moral, sino también por el lado económico, aspecto éste que no es baladí. Por eso decimos que hay que ser valiente para echar mano de billetera y poner a funcionar y mantener una explotación que, en contra de lo que muchos creen equivocadamente, no se crea para ganar dinero. Antes al contrario.



El pasado mes de diciembre, la ganadería de Hermanos Collado Ruiz recibía en Puertollano, de manos de su Club Taurino, el galardón que les distinguía como la vacada a la que perteneció el Mejor Toro lidiado en la ciudad minera el año pasado. Fue el uno de mayo. A los toros jiennenses se enfrentaron Enrique Ponce, Víctor Puerto y un Cayetano al que le cayó en suerte el toro premiado.
Según reconocería más tarde el propio Cayetano, aquél fue un toro que le devolvió una moral un tanto maltrecha, y que le ayudó a reencontrarse con el toreo que él siente. Y en verdad que fue una buena faena, propiciada por la excelente clase y bravura del toro de Collado Ruiz, ganadería que ocupa hoy las páginas taurinas de los miércoles de LANZA.

Desgraciadamente, la temporada taurina 2011 -y nos tememos que también la de 2012- estuvo marcada por una palabra: crisis. Este año se ha producido un drástico descenso en el número de festejos taurinos no populares celebrados en España, al que hay que sumar el que ya también se produjo en 2010. Por tanto, llueve sobre mojado. La cifra exacta con respecto a 2010 es de 181 festejos menos, mientras que si la comparamos con respecto a 2007, el número sube hasta los 998. Demoledor. Si bien también es conveniente señalar que la cifra de 2007 (2.176 festejos) tampoco era real y estaba sobredimensionada perjudicialmente.


Unas 150 personas abarrotaron el salón de actos de la Biblioteca, entre toreros como Aníbal Ruiz o Eugenio de Mora y ganaderos como Bernardino Galán, en la presentación del libro
Una gran mayoría de las ganaderías punteras de España en la actualidad utilizan las fundas, una especie de protección antiestética pero sumamente práctica que recubre la parte final de las astas de los toros y, en algún caso, de los novillos de saca, es decir, de los que se van a lidiar en la temporada.








El despertar de mi afición taurina coincide con los albores de la profesión torera de Antonio Chenel. Se ligan mis primeros años de espectador, casi infantil (1954), con los iniciales suyos de joven actor (alternativa en 1953).



Dentro del mundo del toro de lidia también hay “modas”, y el momento actual no cabe duda que está claramente marcado por la casi omnipresente marca “Domecq”, igual que en otros tiempos fueron otras procedencias las que contaron con la preferencia de los toreros o públicos.

En esta segunda entrega dedicada al encaste Domecq nos vamos a centrar en el prototipo morfológico de este animal, al igual que en su comportamiento en el ruedo, si bien nos gustaría dejar claro que lo que a continuación se cita está sujeto a variaciones y excepciones, puesto que, por suerte o por desgracia, la cría y lidia del toro bravo dista mucho de la exactitud de las matemáticas.

Muchos son los toreros que ocupan posiciones menos importantes de lo que su mérito taurino podría llevarnos a pensar. Ahí van unos cuantos nombres, según el criterio del arriba firmante: Diego Urdiales, Uceda Leal, Sergio Aguilar, y como licencia personal, añado a Antonio Sánchez Puerto. Y nos hemos dejado más, pero uno en especial ; precisamente el protagonista de nuestro reportaje: José Luis Moreno.

En marzo de 2007, el día 14 concretamente, a las páginas taurinas de LANZA se asomaba la ganadería jiennense de Orellana Perdiz, denominación que esta vacada hereda del complejo hostelero del mismo nombre que encontramos muy cerca de Despeñaperros, en La Carolina.
En aquella ocasión era Andrés Orellana, patriarca del clan, quien nos recibía y nos contaba la historia y trayectoria de esta ganadería.
Sin embargo, en enero de 2009 Andrés Orellana falleció, y a algunos aficionados se nos vino a la mente la pregunta de si sus hijos desistirían o intentarían continuar la obra ganadera de su padre.


























