Ya puedes escuchar lo nuevo de Los Madison

 
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Chema Doménech

Después de más de un año de trabajo intenso y minucioso en el estudio, Los Madison están convencidos de haber alumbrado el mejor disco posible, su tercer trabajo de estudio, 'Compás de espera'. Un álbum que ellos consideran el mejor de su carrera y en el que han depositado grandes expectativas. Cada uno de ellos ha puesto lo mejor de su talento al servicio de una colección de trece canciones nacidas de la sensibilidad de Txetxu Altube, a excepción de Lo que queda, joya concebida por ese otro artesano de la música que es César Pop y que en manos de los cuatro madison -Txetxu y Carlos Altube, José Luis Martín y Alfonso Adánez- brilla en su esencia más rockera.

Compás de espera, como los dos discos anteriores (Días de vértigo y Vendaval), ha vuelto a registrarse en La Cabaña Sonora, los dominios del druida José Nortes, quien una vez más asume el mando en la producción para despachar magistralmente un álbum repleto de color en sonidos, que consigue concentrar el brío y la energía que la banda desprende en sus arrolladores directos y que sorprenderá a muchos. De hecho, escuchar el disco de un tirón provoca continuas sacudidas de asombro y admiración ante el nivel alcanzado por estos cuatro músicos que crecieron juntos enganchados a sus instrumentos en el madrileño barrio del Parque de las Avenidas que, por cierto, coincide con las iniciales de Asbury Park.

En cuanto a las canciones, son temas de rock épico y poderoso genuinamente Madison, seguramente con una mayor concesión al sentimiento que en trabajos anteriores y con un Txetxu Altube inspiradísimo, escribiendo, cantando y respirando por viejas heridas como si los mayas tuvieran razón y efectivamente fuera a acabarse el mundo mañana. Compás de espera, Skyline, Casi siempre o Juego sucio son ejemplo de esas canciones con fuerte carga sentimental que emocionalmente tienen los efectos de un choque frontal.

Compás de espera puede significar el salto cuantitativo para un grupo que, además de un talento innato, conserva los valores de la capacidad de sacrificio y de la humildad. Soñadores que no han perdido la inocencia y que, sin darse la menor importancia, sin aspavientos, regalan al mundo una jodida maravilla como Compás de espera. Desde ya, uno de los discos de 2012. Gracias por el esfuerzo. Ha merecido la pena.

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