El 19 de enero de 1946 cayó en sábado. Ese día, de hace 80 años, la noticia de la inauguración del Campo de Deportes de Malagón se difundía por la provincia, gracias a Lanza. Para el estreno del nuevo campo se organizó un derbi futbolístico del que el equipo local salió victorioso. El cuadro malagonero de Educación y Descanso se impuso al conjunto llegado desde Daimiel. Los locales vencieron a los visitantes por tres goles a dos. La inauguración resultó un éxito, tanto por la victoria malagonera como por la gran afluencia de público que abarrotó el campo en su estreno.
De todo el acontecimiento dio buena cuenta Lanza. El diario provincial había comenzado sus ediciones casi tres años antes, en mayo de 1943, y aunque en aquella época las noticias que ocupaban la mayor parte del periódico eran de calado internacional: los juicios de Nuremberg, las primeras reuniones de la ONU, las tensiones de Estados Unidos con Italia o Japón en la postguerra, las desavenencias de la Asamblea Francesa con España o los problemas internos de Argentina…, siempre había espacio reservado en sus páginas para la información más cercana.
De este modo, en la portada del periódico aquel frío sábado de 1946, la nevada caída en Ciudad Real capital era una de ellas. Otra de las noticias provinciales más relevantes de la jornada correspondía a Malagón y su Campo de Deportes.
La atención despertada por la inauguración era tal que, incluso, una semana antes, Lanza ya avisaba a sus lectores de la celebración del evento. En la entrega del viernes 11 de enero de 1946, el diario ciudadrealeño anunciaba la próxima inauguración del Campo de Deportes malagonero.
Ilusiones, esperanzas y animación
En una nota breve, escrita en estilo directo y personal por el cronista, se recogía: “Según información de fuente fidedigna podemos asegurar que se ha llegado a un completo acuerdo con un formidable equipo de Daimiel y que el próximo domingo nos visitará para jugar un partido amistoso con el equipo local de Educación y Descanso, inaugurándose el campo que está completamente terminado y en espera de que los jugadores malagonenses pongan todo su ímpetu, a fin de que los buenos aficionados veamos la clase y el estilo de los muchachos que tantas ilusiones y esperanzas nos han hecho concebir”.
El autor del breve hacía referencia a la animación de las peñas deportistas de la localidad con relación al acontecimiento y deseaba que “ese fuego que en ellas se despide” hiciera “entrar en calor a los pocos reacios y pesimistas” que no creían en el resurgimiento del fútbol en Malagón. “Un deporte que tantos admiradores tiene” y que, según auguraba el firmante, iba a proporcionar a los aficionados el “deleite de ver un interesante partido en un magnífico campo”.
Una explanada, rellena con carbonilla y arena, totalmente cercada
Una semana después, Lanza incluía en sus páginas una crónica más extensa y detallada sobre la inauguración. En ella se informaba que para la puesta en marcha del Campo de Deportes, que se encontraba en la salida de la carretera de Daimiel, “en una magnífica explanada totalmente cercada”, se había procedido “al relleno, con carbonilla y arena, de un rectángulo de dimensiones suficientes para el campo de juego que, en el centro del cercado, lucía el rayado de las líneas adornadas por un ribete de valla y dos nuevas porterías pintadas y con redes que daba la impresión de un magnífico estadio”.
Con relación al recinto, el cronista añadía que en uno de los laterales se habían instalado “varias filas de sillas y una magnífica tribuna, desde la cual presenciaron el encuentro las autoridades locales”. También agregaba que “los aficionados de más relieve siguieron con emoción las incidencias del juego”.
La información contaba que el público comenzó a desfilar para el Campo de Deportes, “que pronto quedó totalmente abarrotado”, a las 3.30 de la tarde. A las 4.10 los jugadores del Daimiel salían al campo, siendo “acogidos con aplausos”. Entre vítores, les siguieron los jugadores locales “y después, los capitanes de los equipos con la madrina y la ‘mascota’, que era un precioso niño la mar de simpático, que lucía un bonito traje de jugador: Antolín Bustos, que fue aclamado un largo rato”.
Minuto y resultado del partido
A partir de aquí, el cronista detalla los pormenores del encuentro, arbitrado por “el señor Givica”. Sacan los de Daimiel y, en seguida, comienzan “a apretar y hacerse dueños del campo, dominando a los locales que no se hacían con el juego empleado por los forasteros”. A los 22 minutos de partido los visitantes consiguen su primer tanto. Esto hace reaccionar a los locales que “se emplean a fondo, logrando bonitas jugadas” que ponen en peligro la portería de los visitantes.
A los 10 minutos del final del primer tiempo, “el medio centro, Ernesto, se hace con la pelota y después de pasar a varios contrarios, chuta y da en el larguero. Vuelve a hacerse con la pelota, Ernesto, y repite la misma jugada, logrando esta vez el tanto del empate”. Los forasteros reaccionan y ponen en peligro la puerta de los locales, “formándose una melée” que pone en duda un tanto de los de Daimiel, invalidado por el árbitro.
A continuación, saca el portero local y Ernesto recoge la pelota, “la lleva a la portería contraria, se interponen los forasteros y tiene que cederla al extremo derecha, que en un magnífico chute logra el segundo tanto para los locales”.
La segunda parte comienza con “los forasteros con igual furia”, lo que -según el cronista- da “la impresión de una bonita clase de juego que los locales no pueden cortar”. Los visitantes presionan “y consiguen el tanto del empate, en una falta del medio derecha local cerca de la línea de penalty”.
Los malagoneros no logran terminar “las bonitas jugadas que inician”, deshechas por los medios contrarios que, finalmente, ceden “y a un fallo del defensa izquierda, logra el tercer tanto para su equipo, el veterano jugador Huerta”. El partido termina 3 a 2 a favor de los locales, que obtienen “una magnífica y bien ganada victoria”.
