Los fantasmas de la guerra

Sobre el cosmopolita Pestaña, escritor de éxito e historiador prestigioso, no planean solo los recelos de su departamento sino también los de su propia familia. La cerrazón ideológica de su padre Germán choca con su rigor, que lo lleva a investigar la guerra de España sin decantarse por uno de los bandos

A la parroquia de Andrés Trapiello se le viene encima un año bien nutrido de novedades, de las que iremos rindiendo cuenta aquí a su debido tiempo. Por lo pronto, están recientes Diligencias y Negocios pendientes, entregas anuales de las series de diarios (Salón de Pasos Perdidos) y artículos (Los Desvanes) del autor; al igual que El Rastro, tratado sobre dicho mercadillo madrileño. Y a primeros de abril, según informa la editorial Destino, se reeditará Las armas y las letras, célebre ensayo sobre literatura y Guerra Civil que cumple veinticinco años. Como precedente de este aluvión de lanzamientos, nada mejor que recordar Ayer no más, penúltima novela de Trapiello. La última, El final de Sancho Panza y otras suertes, se reeditó con Al morir don Quijote en un tomo que merecería una reseña aparte.

Ayer no más (que se publicó en rústica: Destino, 2012; y en bolsillo: Austral, 2013) cuenta cómo una historia de la guerra que parece muerta y enterrada —tal que la propia contienda— resurge y desordena las vidas de los personajes de la novela. El primer hecho clave del relato es el regreso del profesor José Canseco Pestaña a León, su ciudad de origen y a cuyo claustro universitario se incorpora. Esta cuestión, en apariencia irrelevante, hará que se precipiten los acontecimientos. Pestaña, o Pepe, nombres con los que se llama al protagonista a lo largo de la trama, acaba de cambiar su vida por partida doble. Por un lado, acaba de divorciarse de su mujer; por el otro, el cambio de lugar de residencia y trabajo de las Islas Canarias a León le supone un inconveniente. Únicamente lo saca del hastío su compañera Raquel, a la que saca treinta años.

Pero sobre el cosmopolita Pestaña, escritor de éxito e historiador prestigioso, no planean solo los recelos de su departamento sino también los de su propia familia. La cerrazón ideológica de su padre Germán choca con su rigor, que lo lleva a investigar la guerra de España sin decantarse por uno de los bandos. Aun así, no conoce detalles de la participación de su progenitor en el conflicto hasta que un día se encuentran en una plaza y la lluvia los obliga a refugiarse bajo una cornisa. El azar provoca que se cobije entre ellos Graciano, un paseante que reconoce a Germán como uno de los presentes en el asesinato de su padre, hermano del líder de una camarilla comarcal. Tras pedir disculpas Germán, el impacto conduce a los personajes por tres trayectorias que representan los pareceres de la sociedad española acerca del asunto.

Al paseante lo

revuelve el desconocimiento del lugar donde está enterrado su ascendiente; a Germán, la culpabilidad indirecta de haber presenciado el suceso, aun sin ser quien apretó el gatillo; y a Pepe, la incertidumbre en que se halla el paisano por una causa en la que su padre parece tener algo que ver. Con discreción intenta concertar un encuentro entre Graciano y su padre para que calmen sus remordimientos, pero entre medias Graciano —que desconoce el parentesco entre Germán y Pepe— habla con su familia, y su nieta abogada traslada el descubrimiento al departamento universitario de Pestaña. Este se hace el sueco y sigue trabajando en la sombra por una reconciliación; mientras, a José Antonio y Mariví, responsables de la sección, se les antoja aprovechar el filón para levantar un escándalo que los encumbre en el mundillo periodístico y editorial.

Al final, el escenario que al principio podría haber favorecido al afán de restitución de Pepe termina en un juego de especulaciones. Esta es otra metáfora de España, que muestra que la ley de Murphy se alza sobre el civismo. Es casi cinematográfico el momento en que Pepe y Raquel se presentan en Robledo, donde vive Graciano, y se encuentran con el despliegue de un destacamento dispuesto a cualquier cosa con tal de impedir una simple conversación. Los arribistas, los victimistas, los manipuladores, los ignorantes y hasta los que salen corriendo para que no les cale el alud: todos los sectores de entonces (lo mismo da 1936 que 2012) están representados en este libro, que efectuó en su momento un diagnóstico que sigue vigente siete años después. Vista su perspectiva y la genética de los españoles, no pasará mucho tiempo para que se lo considere un clásico de la tercera España. Ya figura en la colección Austral, lo cual es un paso importante en ese sentido.


Ayer no más. Andrés Trapiello. Destino. Barcelona. 2012. 312 páginas. 20 euros.