Cuando, en Ciudad Real, se reflexionaba sobre el nuevo campus de la Universidad de Castilla-La Mancha, una vez abandonada la idea del especio paralelo a la carretera de Carrión detrás del polígono industrial surgía la propuesta de Antonio Fernández Alba como arquitecto para el conjunto.
Antonio Fernández Alba terminó su carrera de arquitectura en 1957, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, y se doctoró en 1963 siendo profesor en la misma durante cerca de 40 años en la cátedra de Elementos de Composición.
Fernández Alba ha compaginado la actividad docente con su labor al frente del Instituto de Restauraciones del Patrimonio Histórico Español del que fue director entre 1984 y 1987 o del Patronato del Museo de Arte Contemporáneo del que fue presidente entre 1987 y 1990. En 1989 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ha recibido numerosos premios desde su etapa como estudiante (Premio del Museo de Arte Contemporáneo, 1953) hasta su madurez (Premio Olaguibel, 1979). Su obra es reconocida con el Premio Nacional de Arquitectura en 1963 y la Medalla de Oro de la Arquitectura en 2002. El año 2004, fue elegido para ocupar el sillón “O” en la Real Academia Española. En marzo de 2005 le fue concedido el Premio Nacional de Arquitectura al conjunto de su obra. El año 2006 ingresó en la Real Academia Española, el primer arquitecto que ingresaba en dicha institución.
Teoría y vanguardia (1950-1960)
Antonio ha acompañado su obra construida de una reflexión sobre el trabajo del arquitecto recogido en diferentes publicaciones. Su arquitectura quiere ser un lenguaje vivo que ejemplifique y oriente la convivencia. Además, la expresión arquitectónica tiene que entrañar un lenguaje seguro, capaz de corresponderse con el medio, y capaz de traducir el contexto de los procesos culturales, conformadores del medio ambiente, del entorno vital. Ello unido a su experiencia docente y a un trabajo de equipo en su catedra en la Escuela de Madrid hacen que su obra sea una referencia esencial en la arquitectura española de la segunda mitad del siglo XX.
En la primera década de su trabajo construye alguno de sus proyectos más sugerentes como el convento del Monasterio de la Purísima Concepción, Convento del Rollo en Salamanca (1958-1962) y el Colegio Nuestra Señora Santa María en Madrid (1959-1961). Obras de especial interés en las que están presentes ya sus concepciones del espacio y un uso cuidadoso de los materiales y sistemas constructivos.
Racionalización de la forma (1960-1967)
El Colegio Montfort (1964-65) descansa en una pequeña colina frente al pueblo de Loeches, en Madrid. El predominio de la horizontal, las cubiertas a dos aguas con poca inclinación, las estancias semi hexagonales, la sucesión de ventanas constituyendo una única franja horizontal y el apoyar el edificio sobre un importante basamento, son claras influencias de Wright. Por esa misma época, empieza a utilizar los techos con forma de bóveda de medio cañón (que será una constante en muchas de sus obras) y las formas limpias, curvas y planas. Fernández Alba maneja tanto las formas redondeadas como las aristas vivas. A finales de esta década construirá en 1969-1970 el Colegio Mayor Hernán Cortés en Salamanca (1969-1970) en ese diálogo de la arquitectura contemporánea con la ciudad histórica.
En la década de los setenta (1972-1974) proyectos como los de las Centrales telefónicas de Burgo de Osma (Soria), Cantalejo (Segovia), Navalcarnero (Madrid) y Villaviciosa de Odón (Madrid) y en 1974-1979 la Escuela de Arquitectura de Valladolid.
Sus proyectos de restauración se desarrollan con obras singulares en Madrid: entre 1976 y 1978 el Observatorio Astronómico en el Cerro de San Blas, entre 1980-1981 la remodelación del Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, y entre 1980 y 1986 la Restauración del Hospital General para transformarlo en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Ya entre 1996 y el 2001 realizará la restauración del Palacio Ducal de Pastrana. Proyectos que dejan una documentación gráfica elaborada de especial calidad como explicación del proyecto y de las actuaciones realizadas.
El campus universitario de Ciudad Real
Antonio Fernández Alba diseña la estructura general del campus universitario de Ciudad Real en un espacio lineal en el que inserta los diferentes edificios programados en ese momento. El primer edificio que se comienza a construir es el de la Facultad de Químicas en 1991. Un edificio que tiene todos los elementos de la forma de hacer de Fernández Alba en este momento. La estructura cobra una importancia singular y e hace patente en el exterior del edificio con la presencia de los pilares y las formas curvadas de voladizos y prolongaciones de espacios interiores. Un edificio con cuatro fachadas diferentes que generan una forma compleja y llena de detalles que tratan de expresar el contenido interior de su planta. Allí, un espacio interior revestido de mármol blanco con una doble escalera que conduce a la planta superior donde se ubicaban espacios singulares como la Biblioteca del centro. A continuación, 1992-1993, llegarán los edificio del Aulario y la Biblioteca que tienen su forma externa definida por la presencia de la estructura de los grandes pilares circulares que marcan los ritmos generales exteriores entre los que se insertan las ventanas de iluminación de cada espacio interior.
En el conjunto, la Diputación Provincial, apoyando el proyecto universitario, realizó una obra de gran envergadura para urbanizar el conjunto y dotar al espacio de los servicios básicos necesarios, creando un entorno accesible, dotado de vegetación y construyendo el edificio del CEJE. En 1994 Antonio proyectó el edificio del CICAT, un centro de investigación con una concepción diferente de los anteriores. Una geometría básica sugerente con un volumen de planta cuadrada y otro triangular que se relacionan entre sí y una utilización del ladrillo que ha experimentado en proyectos como la Escuela de Arquitectura de Madrid o el Instituto Geográfico Nacional entre otros proyectos. Un cuidadoso ejercicio de construcción que genera los grandes espacios de laboratorios necesarios en este edificio hoy convertido en el centro de la Ingeniería Química.
Su último proyecto en el campus de Ciudad Real será el del Edificio Politécnico (2000) que ocupa el espacio final que debió pasar de ser zona verde a edificable para poder ubicar el edificio. Una gran construcción con planta en L y la estructura de hormigón vista como hace en la Facultad de Letras (1998) que cierra las dos construcciones del Aulario y la Biblioteca. Se completa así la obra de Antonio Fernández Alba en Ciudad Real que ha consolidado la parte central del campus universitario con una obra singular.
En estos años proyecta la estación de ferrocarril de Salamanca, el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC (2006) o el acceso a la estación de Sol en Madrid (2008). Una personalidad de fuertes convicciones y una trayectoria ejemplar en su práctica docente, investigadora, de pensador y escritor de arquitectura con una obra ejecutada brillante. En Ciudad Real tenemos una muestra singular en el campus universitario con seis proyectos de especial valor, realizados en la década de los noventa.

