San Carlos del Valle

Diego Peris Ciudad Real
Imagen de la Plaza de San Carlos del Valle / D. Peris

Imagen de la Plaza de San Carlos del Valle / D. Peris

Hay aspectos singulares en la construcción de San Carlos del Valle: en primer lugar, la personalidad jurídica de su promotora, la Orden Militar de Santiago; en segundo lugar, la circunstancia de que en este pueblo se suman dos diferentes modalidades del urbanismo español del siglo XVIII: por un lado, el barroco singular del conjunto de iglesia y plaza cerrada, y por otro el urbanismo racional del plano de 1787. Existe siempre la voluntad de buscar el bienestar de los habitantes, mejorando las condiciones del país. Detrás del escenario barroco existe la realidad de un urbanismo que quiere diseñar un mundo mejor y una ciudad planificada para sus habitantes

Muy próximo a la fundación de Nuevo Baztán, a partir de 1713, se llevó a cabo la construcción de un santuario de romería en honor del Santo Cristo del Valle de Santa Elena y, en su entorno, una plaza con un primer poblado de colonos procedentes de Membrilla, en cuyo término municipal se encontraba, en el siglo XVI, la ermita de Santa Elena luego dedicada al Cristo. Este núcleo urbanístico del reinado de Felipe V aumentó su población y fue necesaria una reordenación de su caserío, para lo que, en 1787, como consecuencia de las nuevas poblaciones carolinas, se trazó un nuevo poblado borbónico.

Hay aspectos singulares en la construcción de San Carlos del Valle: en primer lugar, la personalidad jurídica de su promotora, la Orden Militar de Santiago; en segundo lugar, la circunstancia de que en este pueblo se suman dos diferentes modalidades del urbanismo español del siglo XVIII: por un lado, el barroco singular del conjunto de iglesia y plaza cerrada, y por otro el urbanismo racional del plano de 1787. Existe siempre la voluntad de buscar el bienestar de los habitantes, mejorando las condiciones del país. Detrás del escenario barroco existe la realidad de un urbanismo que quiere diseñar un mundo mejor y una ciudad planificada para sus habitantes.

La iglesia de San Carlos del Valle
En el sitio de una ermita dedicada a Santa Elena al menos desde el siglo XVI, la creciente devoción por una imagen pintada del Santísimo Cristo del Valle condujo a la construcción de una espléndida iglesia de planta central en un contexto barroco y rural. Entre 1713 y 1729 se construyó una iglesia de concepción compleja y elegante, con planta de cruz griega inscrita en un cuadrado que se cubre con una gran cúpula encamonada, vuelta al exterior por un alto tambor octogonal realzado por una superestructura de cinc y pizarra ligeramente apuntada y adornada con ocho buhardas ovaladas, y un gran chapitel que se corona con una linterna poligonal y un esbelto obelisco. En los ángulos del cuadrado, entre los brazos de la cruz, cuatro torres ochavadas se rematan con chapiteles más pequeños, que juegan alrededor que la torre central. La planta de unos veinte metros de lado define un espacio interior en el que la altura del espacio cambia el valor de la planta equilibrada de lados iguales. La simetría de la distribución, el equilibrio de sus lados y las formas equilibradas parecen encontrar su contrapunto en la altura que adquiere la cúpula que cubre el espacio.

La imagen del templo
El cuerpo casi cuadrado de la base deja el apoyo necesario a los cuatro torreones de planta octogonal en sus cuatro esquinas y el espacio central de la cúpula de planta octogonal que sobresale por encima de ellos. Se generan así perspectivas y visiones de una gran riqueza y complejidad espacial. Desde los frentes del templo los elementos parecen situarse en un mismo plano con posiciones apenas diferenciadas, aunque marcadas por su altura que, en la perspectiva cercana, quedan ocultas. Las visiones desde las esquinas ponen de manifiesto la volumetría del conjunto y la riqueza de sus soluciones formales y espaciales. Y, sobre todo, la visión lejana del conjunto acentúa la proporción elevada de la misma como elemento singular en medio de un paisaje de llanuras. Los más de cuarenta metros de altura de su coronación frente a los 20 de su planta marcan este carácter de verticalidad que, la hacen aparecer como templo de grandes dimensiones y significación en el entorno.

La base de la cúpula central se sitúa ligeramente por encima de la altura que tiene el lado de la planta de la iglesia, unos 20 metros, generando así un espacio de proporciones cúbicas en el conjunto exterior e interior de lo construido. Pero sobre esta base general se levantan los cuatro torreones de las esquinas y la cúpula central con su chapitel. La pequeña iglesia adquiere una imagen que se alza como protagonista en el entorno territorial. La solución constructiva de su remate superior tiene un diseño y una calidad excepcional que define una imagen de grandiosidad, frente a la sencillez de la planta. Las estructuras interiores de madera son todo un modelo de construcción tanto en la solución de la cúpula como, especialmente, en la elevación del chapitel que supera todas las dimensiones clásicas para este tipo de construcciones.

Los torreones alcanzan más de diez metros de altura en cada uno de sus remates superiores sobresaliendo así sobre la base edificada la mitad de su altura. El elemento central que remata la cúpula llega a alcanzar los veinte metros duplicando la altura del edificio que tiene en su punto central cuarenta y seis metros de altura.

La altura del edificio con un perfil lineal en sus formas se alcanza con elementos ligeros que se apoyan sobre la base sólida de la piedra y el ladrillo de su base. Estructuras de madera recubiertas de pizarra y plomo o de fibrocemento conforman los elementos lineales que se alzan sobre su base definiendo un perfil en el territorio. El templo reivindica así su referencia de hito en el paisaje circundante y desde las diferentes carreteras de acceso a la población se hace visible desde la distancia. Ahora no es la torre puntual la que alcanza la altura sobre el entorno, sino que es el conjunto del edificio con sus formas de cubierta el que se eleva conformando un perfil singular, simétrico en sus cuatro direcciones. La pequeña ermita del Cristo del Valle de Santa Elena se levanta con el orgullo barroco sobre el entorno natural del paisaje circundante. Sobre la piedra y el ladrillo, la madera y las cubiertas ligeras que las protegen.

La plaza y su arquitectura popular
La plaza de arquitectura popular la acompaña, en su entorno próximo, en un contraste que pone en valor ambos elementos precisamente en esa contraposición. Una traza irregular con una ligera pendiente preparada para la celebración de actividades festivas. Las cuatro figuras de las esquinas de los torreones de la iglesia recuerdan este interés de celebraciones con su presencia.
La plaza de San Carlos tiene en todo su perímetro balcones, palcos, galerías y tribunas, destinados a la contemplación de los espectáculos que en ella se representasen. Ello responde a la paulatina especialización de la plaza mayor española en teatro o escenario de fiestas y actuaciones de muy diversas índole. A la plaza se asoman, además de las casas de los vecinos, tres construcciones de interés arquitectónico: el ayuntamiento con balconada superior corrida y patio al interior, la antiguamente llamada Casa del Cura, y el Parador.

La casa rectoral, al lado del templo, destaca por su alero volado que protege una gran balconada de hierro destinada a la asistencia a los espectáculos, así como un patio interior cuadrado con tres columnas por lado que soportan las zapatas de madera, sobre las que grandes vigas sostienen la obra en ladillo del piso superior. Como en el resto del conjunto los materiales son sencillos: ladrillo, cajas de mampostería, madera y piezas de piedra en puntos muy localizados, como los dinteles de las puertas, las columnas y las esquinas de los edificios.

El tratamiento excelente de la pavimentación de la plaza acaba de configurar uno de los espacios urbanos más interesantes de nuestra provincia con la riqueza de los contrastes de estilos, volúmenes y formas que son toda una lección de urbanismo moderno. El diálogo de la arquitectura culta de la iglesia proyectada por Alejandro Núñez de la Barrera y la arquitectura tradicional de galerías, barandillas de madera y materiales sencillos de las viviendas y edificios civiles conforman un espacio de especial interés urbano y constructivo.