Viajar y aprender

Diego Peris Ciudad Real

El conocimiento de otros países, su funcionamiento económico, sus producciones, sus costumbres y sus hombres notables, eran informaciones útiles para cada país

El viaje tiene unas posibilidades importantes de aprendizaje de las ciudades, de sus arquitecturas, urbanismo y, especialmente, de sus costumbres y formas de abordar problemas diferentes. El libro de viajes tiene una larga tradición histórica especialmente desde mediados del siglo XVIII hasta la mitad del siglo siguiente. La Ilustración introdujo nuevas consideraciones sobre los viajes que se convirtieron en una experiencia para la educación de las clases acomodadas. Desde otra perspectiva se impulsó la realización de viajes para recopilar informaciones para el ejercicio del gobierno.

El conocimiento de otros países, su funcionamiento económico, sus producciones, sus costumbres y sus hombres notables, eran informaciones útiles para cada país. Y esta actividad dio lugar a un conjunto de libros de viaje con visiones particulares en muchos casos pero que son un reflejo de la sociedad de diferentes lugares. Hoy en día, el viaje acelerado, con el móvil y la cámara de fotografías nos dan visiones singulares de nuestros recorridos, pero de los cuales extraemos enseñanzas, visiones que enriquecen nuestro mundo particular. La foto de Goñi de 1926 de un dirigible es una muestra de los sistemas de trasporte que mejoran nuestros viajes en el siglo XX.

Muchos de estos aprendizajes los aplicamos a nuestras situaciones particulares, a nuestra sociedad tratando de comparar, de establecer argumentos en favor de nuestras opiniones y buscando aplicaciones que puedan mejorar nuestras vidas. Algunas de estas pequeñas referencias se convierten en argumentos para la ciudad y la sociedad en la que vivimos. Recupero algunos pequeños detalles de experiencias próximas.

Ámsterdam y la celebración del orgullo gay

Ámsterdam es una ciudad con un desarrollo urbanístico especialmente atractivo, en torno a los canales que estructuran sobre todo su parte antigua. Arquitecturas de especial calidad junto a trazados urbanos cuidados. Y, sobre todo, una actividad social intensa, una acogida a celebraciones, a una presencia del turismo excesiva en determinadas épocas. Pero una ciudad que se renueva en sus concepciones sociales y en sus prácticas comunes por lo que es un buen referente.

Ámsterdam celebraba en el mes de agosto la fiesta del orgullo gay. Cerca de 500.000 personas llenan la ciudad en esos días en una celebración singular. Mi aprendizaje es de pequeños detalles. La ciudad está llena de carteles que indican que está prohibido beber en la calle bajo multa de 150 euros. Y junto a ello una oferta de locales con precios más que razonables, con ofertas para poder tomar algo en un espacio amable. Otro conjunto de carteles indica la prohibición de tirar basura a la calle con la advertencia de la misma multa, 150 euros en caso de hacerlo. Pero junto a ello, la ciudad está llena de grandes contenedores y recipientes para poder dejar residuos y todo material que se considere necesario depositar en los mismos. Prohibiciones, pero junto a ello, medios para evitar que la ciudad se deteriore y se puedan desarrollar una actividad de forma libre.

Reciclar plásticos

Parece ser que nos hemos empezado a concienciar de la gravedad de los residuos plásticos que generamos y de los graves daños medioambientales que producen. Una normativa europea prohíbe el uso de materiales de plástico en diferentes ocasiones. Por un lado, el uso de bolsas de plástico en supermercados y diferentes establecimientos y por otra parte el de materiales de un solo uso como vasos, platos, pajitas etc. que suponen cantidades importantes de residuos de los que se puede prescindir.

Pero en mis viajes veo muchas ciudades en las que junto al cubo de basura de residuos orgánicos cada vecino tiene en casa una bolsa de color diferente para depositar plásticos que posteriormente se podrán reciclar. Botellas de bebidas, envoltorios de numerosas mercancías, paquetes y diferentes productos. Una forma de concienciar sobre el posible reciclado de estos materiales: se separa y se llevan de forma diferenciada al servicio de recogida de residuos urbanos. Para ello hacen falta, simplemente contenedores diferenciados en cada comunidad de propietarios y una recogida diferenciada algún día a la semana. La selección desde el que genera los residuos exige posteriormente una selección en la recogida urbana de los mismos, pero es un buen camino para concienciar y facilitar la posterior selección de estos en los centros de reciclaje.

Gijón y los perros

En septiembre Gijón tiene un ambiente especial. El mar, la playa y la recuperación que a lo largo de los años se ha emprendido frente a un deterioro y especulación de décadas anteriores está dando sus resultados. Una ciudad en la que los congresos se han convertido en fuente de actividad, en espacio de encuentro de personas que llenan hoteles, asisten a actividades culturales y beben la sidra que, a precios asequibles, se ofrece en numerosos bares de la ciudad. Un buen modelo para aprender de muchas referencias desde el espacio público para la celebración de congresos con servicios idóneos para ello: salas de conferencias, zonas de exposiciones, espacios de trabajo y encuentro… a las actividades complementarias que ofrece la ciudad.

Y en los recorridos por sus calles, zonas en las que aparecen los carteles de espacios libres para los perros, con indicaciones de la responsabilidad que asumen el propietario respecto de la seguridad y del cuidado del animal. Pero se es consciente de la presencia de cientos de acompañantes que muchos vecinos de la ciudad han incorporado a sus vidas. Es importante la exigencia de recoger los excrementos de los animales. Pero no estaría mal ser tan exigentes con la presencia de colillas, botellas, servilletas y otros restos que inundan nuestras aceras y plazas públicas. Y abrir espacios en los que los perros, acompañantes de muchas familias de la ciudad, tengan espacios donde correr y poder hacer ejercicio libremente.

La arquitectura apreciada

En diferentes ciudades he visitado edificios de arquitectura contemporánea que se aprecian por sus vecinos y en los que se reconocen a los autores que, en su momento, hicieron los proyectos. Un reconocimiento con el nombre de los arquitectos, con alguna información de estos en paneles, en imágenes de su construcción o en referentes de su concepción. Informaciones que ayudan a valorar lo que se tiene en la ciudad, en sus orígenes y en las personas que han contribuido a su desarrollo.

Inauguraciones de edificios, de espacios urbanos de la ciudad ignoran totalmente a aquellos que los han proyectado. El propio Colegio de Arquitectos presentaba recientemente una exposición de obras recientes en Ciudad Real sin un solo nombre de los autores que los habían realizado. Modelos poco ejemplares de reconocimiento y aprecio de nuestro patrimonio cercano.
Las ciudades se construyen con planes urbanísticos, con diseños globales que, en algunos casos, están ya obsoletos y necesitados de renovación, pero se construyen con aportaciones de pequeños detalles, de propuestas sencillas que van haciendo amable y apreciada la realidad común en la que vivimos. El viaje sigue siendo un buen camino de aprendizaje.