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Víctor Jara

La música chilena llegaba a España como un símbolo de lucha contra la situación del país y de la ilusión de la libertad inaugurada por Salvador Allende. De manera clandestina escuchábamos en España la estremecedora cantata de Santa María de Iquique interpretada por Quilapayún. Y con la ilusión de un final de dictadura oíamos las canciones de Violeta Parra y de Víctor Jara. Te recuerdo Amanda se convirtió en una de las músicas de principio de los años setenta, cantada por Víctor Jara en 1969. Todo un símbolo que después cantarían en homenaje al autor Mercedes Sosa en 1973, Joan Baez en 1974, Silvio Rodríguez en 1998 y Raimon en una versión excelente en catalán en 1974. Una canción de amor de dos obreros que no llegan a encontrarse que Silvio interpreta con la poesía y la suavidad de su voz y que Raimon la llena de la energía de la tragedia que subyace en el texto.

La fuerza de la palabra.
Hubo tiempos en que la palabra y la música tenían la fuerza de hacer presentes las ideas de la comunidad, de crear esperanzas e ilusiones, de servir de himnos que unían a las personas que trabajaban por ideales. Y la palabra convertida en música se convertía en un arma de futuro como la poesía lo hizo en algún momento. En El Manifiesto decía Victor Jara: Yo no canto por cantar ni por tener buena voz. Canto porque la guitarra tiene sentido y razón. Tiene corazón de tierra y alas de palomita, es como el agua bendita. Pero desde esa voz reclamaba la unidad de la gente para combatir la injusticia y la desigualdad. La Plegaria a un labrador decía: Levántate y mira la montaña de donde viene el viento, el sol y el agua. Tú que manejas el curso de los ríos, tú que sembraste el vuelo de tu alma. Levántate y mírate las manos, para crecer, estréchala a tu hermano. Juntos iremos unidos en la sangre. Hoy es el tiempo que puede ser mañana. Líbranos de aquel que nos domina, en la miseria tráenos tu reino de justicia e igualdad sopla como el viento la flor de la quebrada. Limpia como el fuego el cañón de mi fusil. Hágase por fin la voluntad aquí en la tierra, danos tu fuerza y tu valor al combatir. Una canción enunciada como plegaria repetida, convertida en himno colectivo.
Canciones y palabras llenas de esperanza y de fuerza que encontraban el respaldo de la población que durante largos años había vivido la represión de la dictadura chilena.

Santiago de Chile.
Salvador Allende llegaba al gobierno de la nación en 1970 apoyado por los partidos de izquierda de la Unidad Popular. Comenzaba una etapa de libertad y de nueva forma de gobierno en Chile. Pocas leyes pudo aprobar este nuevo gobierno como la nacionalización de la minería del cobre. La situación económica del país y la influencia de los Estados Unidos propiciaron un clima en el que llegó el golpe de estado encabezado por Augusto Pinochet.  El Palacio de la Moneda fue bombardeado y el presidente Salvador Allende, que se encontraba en su interior, se negó a rendirse y murió en el palacio presidencial.
Comienza entonces una etapa de represión y dictadura de especial virulencia desde el gobierno de los militares que odian la palabra de las canciones y la fuerza de la unión propugnada e iniciada apenas por el gobierno de Allende. Pinochet gobernó el país desde 1973 hasta 1990. Cuando en 1990 convoca elecciones democráticas las pierde y el democristiano Patricio Aylwin se hace con la presidencia del país aunque Pinochet continuó con la jefatura de las fuerzas armadas hasta 1998.
Por eso llegar a Santiago de Chile y visitar el Palacio de la Moneda tiene la emoción de los lugares capaces de evocar acontecimientos, de suscitar emociones de una historia reciente que, desde la distancia, se vivió con la ilusión y la fuerza de un intento frustrado. Y años después en Santiago de Chile, junto al Palacio de la Moneda se levanta el Museo de Violeta Parra. La voz de la canción sigue emergiendo con la fuerza de la verdad y de la unión de la gente que busca simplemente ser libre y poder desarrollar una actividad digna.
Poco después de la muerte de Allende, otra voz, la de Pablo Milanés cantará el regreso a Santiago de Chile: Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada. Y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes. Yo vendré del desierto calcinante y saldré de los bosques y los lagos y evocaré en un cerro de Santiago a mis hermanos que murieron antes. Yo unido al que hizo mucho y poco, al que quiere la patria liberada, dispararé las primeras balas, más temprano que tarde, sin reposo. Retornarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas. Renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores. Una canción grabada en Cuba en 1975 recordando a Allende.

La llegada de la justicia.
Ahora, nueve oficiales del ejército chileno han sido condenados por el asesinato de Victor Jara. 45 años después de que Víctor Jara estuviera preso en el estadio de Chile que fue prisión a cielo abierto de la dictadura surgida del golpe de estado contra Salvador Allende. Allí escribió aquellas palabras: “¡Canto que mal me sales. Cuando tengo que cantar espanto!/ Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto. El 15 de septiembre de 1973 se descubría el cadáver de Víctor Jara con 44 impactos de bala, tirado en la calle.
El juez de la Corte de Apelaciones, Miguel Vázquez, ha probado la responsabilidad delictiva de Hugo Hernán Sánchez Marmonti, Raúl Aníbal Jofré González, Edwin Armando Roger Dimter Bianchi, Nelson Edgardo Haase Mazzei, Ernesto Luis Bethke Wulf, Juan Renán Jara Quintana, Hernán Carlos Chacón Soto y Patricio Manuel Vásquez Donoso acusados de las muertes de Jara y del ex director de prisiones Littré Abraham Quiroga Carvajal. Víctor Jara y Quiroga fueron torturados después de su detención el 11 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile. Desde allí debían ser llevados al Estadio Nacional, pero nunca llegaron. Después de torturarlos cruelmente los asesinaron a balazos y sus cuerpos fueron encontrados por vecinos en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano. El ‘caso Jara’ fue todo un símbolo de la venganza de la dictadura de Augusto Pinochet.
La voz de Víctor Jara sigue presente en esa expresión quebrada que cantaba a la vida de sus compañeros. Ahora quiero vivir junto a mi hijo y mi hermano la primavera que todos vamos construyendo a diario. No me asusta la amenaza, patrones de la miseria, la estrella de la esperanza continuará siendo nuestra. Vientos del pueblo me llaman, vientos del pueblo me llevan, me esparcen el corazón y me aventan la garganta. La voz de Chile unida a la de España reclamando la fuerza de la palabra, de un cantautor que encuentra justicia de aquella dictadura que hace cuarenta y cinco años le asesinó un día de septiembre de 1973 en aquel estadio de Chile.