Arquitectura en la ciudad. Sebastián Rebollar 1

Este año 2018, la Diputación Provincial celebra el 125 aniversario del edificio proyectado por Sebastián Rebollar para la institución provincial

Este año 2018, la Diputación Provincial celebra el 125 aniversario del edificio proyectado por Sebastián Rebollar para la institución provincial. Un arquitecto conocido por tres de sus obras en Ciudad Real: el Casino, el Banco de España y la Diputación Provincial. Pero en su actividad municipal y provincial tiene una obra mucho más amplia que quiero recorrer desde diferentes perspectivas

Este año 2018, la Diputación Provincial celebra el 125 aniversario del edificio proyectado por Sebastián Rebollar para la institución provincial. Un arquitecto conocido por tres de sus obras en Ciudad Real: el Casino, el Banco de España y la Diputación Provincial. Pero en su actividad municipal y provincial tiene una obra mucho más amplia que quiero recorrer desde diferentes perspectivas.

Sebastián Rebollar y Muñoz nació en 1852 en Fuentihoyuelo (Valladolid). Fue arquitecto municipal de Ciudad Real desde 1886 a 1902. El 18 de enero de 1886 es nombrado arquitecto municipal honorario e interino con una asignación de 1.250 pesetas para gastos de escritorio y dibujo. Desde diciembre de 1903 fue arquitecto provincial en sustitución de Florián Calvo, cargo que ocupó hasta su muerte en 1907.  Sin embargo, sus colaboraciones con la institución provincial habían comenzado años atrás. Falleció en Ciudad Real el 28 de enero de 1907 a los 54 años después de 20 años de ejercicio profesional.

El proyecto del Casino. 1887

En un espacio singular de la ciudad, cerca de los jardines del Prado, Rebollar va a construir los primeros proyectos que desarrolla en Ciudad Real: el Casino y la Academia General de Enseñanza.

El proyecto del Casino estuvo impulsado por la sociedad Gran Casino, antes regente del conocido Casino de la Amistad. Para el proyecto se disponía de unos solares pertenecientes a las casas del corregidor Fermín Díez Carnero, con tres fachadas principales: la de la Calle Caballeros (llamada en su momento de Diego Medrano) la del Pasaje de Pérez de Molina (llamada en tiempos Travesía Nueva) y la Calle del Prado (anteriormente denominada Ezequiel Naranjo).

El programa funcional era el habitual en este tipo de instalaciones: salón de baile, sala de tertulias, biblioteca, restaurante, guardarropa, sala de juntas, salas de juegos, salón de actos y una gran terraza. Muchos de estos espacios han cambiado su uso a lo largo del tiempo pero el edificio conserva, en lo esencial su estructura original. El eje principal de la ordenación interior del edificio está definido por una línea paralela al pasaje Pérez de Molina que establece la prioridad de la fachada del edificio hacia los Jardines del Prado. Hay una elección urbana de la ubicación del edificio dando importancia a la proximidad de los jardines del Prado. Y en ese eje crea tres grandes espacios: uno exterior como terraza al aire libre, un elemento de planta cuadrada como Salón de tertulias y el patio central, originalmente abierto y sin cubierta. Este eje está marcado en sus dos laterales por dos pasillos de comunicaciones que dejarán el Salón de Baile en el lateral derecho y espacios de menor entidad en su medianería izquierda.

Hay una solución racional y funcional superando los esquemas académicos, en busca de una propuesta que ordene los espacios y establezca una buena comunicación y jerarquía entre ellos. El programa planteado por el encargo de un edificio que suponía una funcionalidad que superaba lo académico permite a Rebollar abordar un edificio en el que están presentes dos conceptos esenciales: su ubicación urbana y una ordenación funcional. Soluciones que superan los academicismos vigentes en este momento.

La solución propuesta por Rebollar tiene un ingrediente urbano esencial. El edificio con su carácter lúdico a la vez que representativo de una cierta clase social se abre hacia los jardines del Prado en un diálogo interior exterior que se desarrolla desde el Salón de Tertulias con sus dos accesos laterales y la gran terraza exterior que permite el contacto con la zona abierta del Prado, las celebraciones y la vista de actividades sociales diversas. Un contacto visual más que real y por ello se coloca una verja que cierra este espacio y lo protege del exterior.

En el lado del Pasaje Pérez Molina se sitúa el cuerpo longitudinal del Salón de Baile que se acentúa en la fachada con una elevación del cuerpo que alberga ese espacio frente a los dos laterales de dimensiones más reducidas destinados a Biblioteca y Juegos. Y por último el acceso a la calle Caballeros queda como un elemento más secundario, pero marcando el eje transversal que atraviesa todo el conjunto. En el otro lateral se situaban la sala de billar con fachada a calle Caballeros y el comedor, repostería y tresillo ya con fachada al Prado.

La entrada por la calle Caballeros establece un recorrido especialmente atractivo por lo que supone el paso del exterior hacia el interior del edificio en un espacio abierto. El patio en el proyecto primitivo no estaba cubierto y representaba el elemento de tránsito a la vez que articulador de la circulación y la ordenación interior.

Constructivamente, un momento de utilización de sistemas tradicionales con zócalos de piedra caliza de la zona, grandes muros de carga de mampostería y tapial y estructura de madera para las cubiertas, junto a soluciones novedosas con el uso de pilares de fundición en la estructura abierta del patio central interior. El clasicismo se recupera en las simetrías de las fachadas del conjunto construido. Un conjunto de elementos nuevos en los planteamientos arquitectónicos del momento: una valoración urbana que toma como referente el entorno y que se acaba convirtiendo en pieza esencial de la zona en la que se sitúa, un planteamiento de ordenación funcional y una solución externa académica y sobria en los usos de la simetría y las proporciones de los diferentes elementos que integran el edificio (probablemente demasiado acentuados con los colores que tiene actualmente).

Sebastián Rebollar

Sebastián Rebollar

Junto al edificio del Casino, Rebollar proyecta la Academia General de Enseñanza, creada en 1895 por Miguel Pérez Molina, alcalde de esta ciudad entre 1912 y 1913

 

La Academia General de Enseñanza. 1895

Junto al edificio del Casino, Rebollar proyecta la Academia General de Enseñanza, creada en 1895 por Miguel Pérez Molina, alcalde de esta ciudad entre 1912 y 1913. El Real Distrito Universitario declaró el 17 de marzo de 1903 que este centro reunía todas las condiciones marcadas por el Real Decreto de Instrucción Primaria y por tanto se oficializa como centro educativo. La Academia se encontraba ubicada en el solar donde hoy se sitúa el Museo Provincial. El periódico La Tribuna, en su número extraordinario del 15 de agosto de 1915, la describía así:

“En el sitio más sano y céntrico de la población, se alza el edificio que representa nuestro grabado, sólido, de severo aspecto y amplias proporciones, en que se halla instalada, con una altura de tres pisos y tres fachadas que miden en junto ciento quince metros lineales y mil ciento noventa y siete de superficie, ventilado por ciento cuatro huecos exteriores. Las dos fachadas principales, corresponden: la una a la calle Caballeros, la otra a la del Prado, constituyendo este hermoso jardín, el punto de reunión y recreo de los numerosos alumnos que diariamente concurren a la Academia y en el cual encuentran el necesario solaz y esparcimiento de los descansos”.

Un programa funcional exigente en su definición y concreto en sus necesidades que lleva a definir una planta en U que conforma la fachada a las tres calles en las que se sitúa. Y exteriormente un edificio sobrio con huecos regulares que se repiten con ritmo igual. La gran altura de las plantas y la verticalidad de los huecos producen la imagen de un edificio de grandes dimensiones, de geometría austera que ocupa una manzana de la ciudad frente al edificio del Casino.

La presencia del Casino y de la Academia conforman una unidad definiendo un espacio importante de la ciudad cerca de los jardines del Prado. Construcciones con usos diferenciados y lenguajes constructivos diferentes pero que conforman una unidad, organizando un fragmento urbano de Ciudad Real en el principio del siglo XX.