Ayanta Barilli, o su Camino de Santiago particular

La escritora ha indagado en su linaje / Arduino Vannucchi

La escritora ha indagado en su linaje / Arduino Vannucchi

Si hablamos de proyectos, incluso empresariales, objetivos cumplidos o de fases superadas, la protagonista de esta semana cumple las premisas y lo hace de forma pública y notoria. A punto de alcanzar los 50, Ayanta Barilli es la finalista del Premio Planeta con la novela “Un mar violeta oscuro” y puede decir, abiertamente, que ha conseguido su propósito primero. Porque para un escritor alcanzar uno de los premios de más renombre, ya no solo nacional porque también lo es internacional, es el summum.

Y después, aparecerán los detractores que dicen que el premio se conoce de antemano lo que no hace más que aumentar la viralidad del trofeo en sí. Decía Dalí “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien”. De los mediocres no habla nadie, y cuando lo hacen sólo dicen maravillas” Y algo así ocurre con el tan traído, llevado y deseado galardón y quien lo obtiene sabe lo que es beber de las mieles del éxito.

Porque, ¿no me dirán que no se ha alcanzado el éxito cuando una, en este caso, comprueba como su nombre estampado en una vistosa portada vestida por los pies con un faldón amarillo que reza “Finalista Premio Planeta 2018” reina orgullosa, la portada y el libro en sí, en todas las librerías que se precien de este país? Durante meses, los escaparates de grandes locales, pequeños, de aeropuertos, de estaciones de tren, expositores de grandes almacenes y cualquier otro sitio que huela a libro. le hacen un hueco, y lo hace de mil amores, a tu título. Eso debe ser la bomba, te debe hacer levantar los pies del suelo y nunca lo había pensado así y eso que he cubierto muchos años el premio como periodista, pero debe ser algo parecido a la levitación, a alcanzar el nirvana, darte un paseo por las nubes y contemplar el mundo desde allí arriba. Y si hablan, que hablen porque “ladran, luego cabalgamos”.

Y debe ser también agotador. Eso, también. Porque la promoción literaria es tan intensa, los premiados viajan tanto y tan rápido y conceden tantas entrevistas que en algún momento estoy segura de que ya no saben ni quiénes son, dónde están y a dónde van. Perdónenme la exageración pero no pude evitar pensarlo cuando hace unos días contacté con Ayanta para charlar con ella y contarlo luego aquí, me identifiqué y me contestó con un: “Hola, Merçe”. Mi nombre en catalán, que suena muy bonito y siempre me ha gustado, pero no es el mío. Cuando le insistí, con una pizca de decepción (pues he trabajado con su padre casi tres lustros y a ella le conozco desde entonces) ya me reconoció, me pidió disculpas y me soltó un: “¡Ay, Merche! A mí me han dicho que a las seis tenía una entrevista, que me llamaban y le entendí Merçe y una hace lo que le dicen y hace la entrevista” Si no fue literal, la frase, fue muy parecida. Le noté cansada, felizmente cansada.

Novelista, directora de un programa de radio y anteriormente, actriz. / Arduino Vannucchi

Novelista, directora de un programa de radio y anteriormente, actriz. / Arduino Vannucchi

Un cansancio que desapareció cuando empezamos a charlar porque su nombre ahora suena pero es de justicia decir que toda su vida la ha dedicado a la cultura. A veces como actriz, otras como directora de castings, o directora artística en un teatro de relumbrón en el centro de Madrid. También se ha sentado al micro, y lo sigue haciendo ahora con un magazine nocturno, de los que entran en la profundidad de la noche y mecen las horas de insomnio.

Ayanta Barilli cuenta desde siempre, de una u otra forma y ahora, es contadora con premio incluido. Y como si del mejor de los metadatos se tratara lo hace, para mayor redundancia, desde sí misma porque la novela es un ajuste de cuentas emocional, en la mejor acepción del término. Partiendo de su propia historia familiar materna y toda su rama ascendente, la novelista rebusca en sus recuerdos y en los ajenos. Investiga en su linaje, en un trabajo que le ha llevado años aunque la idea en sí la tuviera casi desde que se recuerda: conocer su pasado pero conocerlo con sus luces y sus sombras. Le doy la enhorabuena por el premio y pienso, nuevamente, que debo ser la equismil que se la da. “Gracias. Ha sido un poco rápido de conseguir -se refiere al premio y continúa- no de escribirlo porque han sido cinco años de trabajo y otro hasta conseguir publicarlo. Y la aceptación de este libro, porque llevo pensándolo desde que era pequeñita. En realidad, -se corrige ella misma- ha sido todo muy lento y bastante difícil y farragoso pero lo importante no es participar, lo importante es ganar -y se ríe al decir esta frase que siempre- me ha hecho gracia porque va en contra de todo pensamiento políticamente correcto y hace falta la visión de un niño para decirla”. La misma niña que la dice en la novela y que no es otra que su hija, también en la novela, porque ella y su familia son los personajes protagonistas.

Y sin embargo no es una biografía “tiene base autobiográfica pero no todo es cierto, ni mucho menos. Es la historia que las tres mujeres que me precedieron, una reconstrucción de lo que fue y de lo que pudo haber sido y al final, he escrito lo que me resultaba tolerable porque en las familias suele haber escondidos secretos, mentiras y verdades disfrazadas de mentiras y es muy difícil saber cuál es la verdad”.

Pienso, y le pregunto, si es una forma de llenar su pasado porque su madre murió siendo ella muy niña. En cierta forma me responde que así es porque “te falta parte de tu historia y eso es un vacío. Nadie te cuenta lo que eres porque eso te lo cuenta tu madre y por otra parte, siempre me ha preocupado mucho la pérdida de nuestra propia historia, el no encontrar ninguna heroicidad en tu árbol genealógico, el buscar a personas a las que admirar y me parecía interesante mirar hacia atrás y mantener viva la historia familiar”. Y así las cosas, ahora “estoy en paz y feliz por haber conseguido escribir esta historia; hacer lo que uno dice que va a hacer y eso es importante”.

En este momento de la conversación se retrotrae, tal vez en su propia investigación y vaya a usted a saber qué se le pasa por la cabeza al añadir que “no sabes nada de las personas que te han precedido, no hablamos con nuestros mayores y a los viejos los tenemos absolutamente abandonados, así que no solo he sabido la verdad de la historia familiar y una vez que la he sabido, he podido manipularla y contar lo que me apetecía contar. Es un doble camino, el de mi investigación y el camino de creación literaria”.

Ayanta Barilli es la finalista del Premio Planeta 2018 / Arduino Vannucchi

Ayanta Barilli es la finalista del Premio Planeta 2018 / Arduino Vannucchi

Inevitablemente, al ser hija de quien es, el también finalista y ganador del Planeta Fernando Sánchez Dragó, su nombre se cuela en la conversación porque también aparece en el propio libro. ¿Es complicado hablar de tu padre? “Es más fácil -contesta- porque toda la vida me han preguntado por él y no tengo ninguna dificultad porque además de ser Sánchez Dragó y de ser mi padre, le he usado como personaje literario” Y durante la promoción su nombre ha aparecido “menos (veces) de las que pensaba, con sorpresa he visto que no era así porque la novela crea unas curiosidades”.

Después de leer la novela de Ayanta, la de la historia de las mujeres de su familia y sobre las que tenía tanto por descubrir le pregunto cuántas hay en ella. “Siempre he tenido la sospecha de todas estaban en mí -responde sin dudar- y esa ha sido otra de las razones por las que escribir esta historia. Tenía la necesidad de reunirme con mis muertas y tener todo este espacio para conversar con mi madre o con mi abuela. Ha sido un largo café que ha durado cinco años y al final tenía la impresión de que hablaba de una única mujer”.

Al fallecer su madre, la autora no la había conocido como adulta y al leer los diarios que su progenitora dejó le colocó “en un lugar muy extraño para mí porque nunca había sido del todo hija y descubrí a una mujer que me fascina y me reconocí en ella por primera vez”.

Un largo camino el suyo, tanto el de su vida profesional como personal que le han conducido “al punto en el que quería estar exactamente, donde estoy ahora. Y quiero escribir y me quedo en la literatura. En cuanto acabe la promoción, empezaré con la segunda novela”.

Y mientras tanto, le quedan más entrevistas, presentaciones, viajes, ferias del libro y su radio de noche. Como la que discurre por un camino que le lleva al camino en el que quería estar. Y el resto, está por llegar.