Ballesteros de Calatrava

Ballesteros de Calatrava

Ballesteros de Calatrava

El municipio se encuentra en el territorio del campo de Calatrava espacio en el que la orden desarrolló una intensa actividad. Un espacio que desde el punto de vista geológico es de especial interés por su relieve volcánico

En Ballesteros de Calatrava hay un volcán de lava monogénico formado por mecanismos eruptivos muy efusivos y compuestos por coladas lávicas en la Atalaya y volcanes mixtos simples formados por mecanismos eruptivos estrombolianos en el centro eruptivo de La Conejera. El paisaje volcánico del entorno es un valor esencial de la población que establece una relación especial con el entorno. Las tierras de colores rojizos en contraste con las cuarcitas de algunas de sus edificaciones establecen un diálogo especialmente sugerente

Ballesteros tiene en la actualidad 370 habitantes y como otros municipios de la provincia ha ido disminuyendo lentamente su población en las últimas décadas. En el término municipal hay diferentes restos arqueológicos de la edad de bronce y época romana. En los cimientos de la ermita de san Bartolomé aparecieron monedas de época romana.

En las Relaciones topográficas de Felipe II se habla del Castillar, la Peña el Miradero y el Hituro que debieron ser atalayas. Ballesteros pertenecía al califato de Córdoba y en el siglo XI pasó a depender de Toledo. Pepe Galán publicó ya hace años, en 1996, una historia de la población. El nombre de Ballesteros aparece por primera vez en 1117, entre las encomiendas que formaban  parte  de  la  Encomienda  Mayor  de  Calatrava.

El municipio se encuentra en el territorio del campo de Calatrava espacio en el que la orden desarrolló una intensa actividad. Un espacio que desde el punto de vista geológico es de especial interés por su relieve volcánico. En Ballesteros de Calatrava hay un volcán de lava monogénico formado por mecanismos eruptivos muy efusivos y compuestos por coladas lávicas en la Atalaya y volcanes mixtos simples formados por mecanismos eruptivos estrombolianos en el centro eruptivo de La Conejera. El paisaje volcánico del entorno es un valor esencial de la población que establece una relación especial con el entorno. Las tierras de colores rojizos en contraste con las cuarcitas de algunas de sus edificaciones establecen un diálogo especialmente sugerente.

 

Iglesia de Nuestra Señora de la Virgen de la Consolación

Es un edificio de una sola nave con cabecera de ábside poligonal, la cual es el único resto que se conserva de la primitiva construcción, que se hundió en 1861. Tiene una interesante la portada plateresca decorada con medallones de San Pedro y San Pablo, candelieri y un arco apuntado, elemento muy arcaico. En el interior se conservan restos de un artesonado probablemente de estilo mudéjar. Está construida con piedra labrada en algunas zonas y piedra y sin labrar en otras, mampostería, madera y teja cerámica. En el Museo Diocesano de Ciudad Real hay imágenes procedentes de esta parroquia que tiene en su diseño una notable influencia mudéjar.

Desde la entrada a la población se hace visible el ábside austero de piedra del lugar y es en el interior de la calle donde aparece la sencilla portada de acceso. Una fachada que parece querer asimilarse a lo residencial con sus acabados encalados de los que resalta la torre de la esquina y el acceso al templo.

 

La encomienda de Ballesteros

Diferentes documentos hablan de la existencia de una encomienda en la población, estructura administrativa de la Orden de Calatrava. Cada encomienda tenía inicialmente un castillo que era su base defensiva y administrativa debiendo cuidar de la iglesia en cuyo entorno se organizaba la población. La Orden de Calatrava tenía cinco dignidades y veintisiete encomiendas. Posteriormente el castillo será sustituido por la casa de la encomienda que se localiza en el interior de las poblaciones. Casas que eran residencia del comendador y centros de la actividad administrativa y económica. Eran centros de organización militar, administrativa y espacios de almacenamiento de la cosecha, del vino y de la organización ganadera de la encomienda. Ballesteros, sin embargo, no dependía de la Orden y pertenecía a la jurisdicción ordinaria del arzobispo de Toledo.

Ballesteros estuvo incluida en la primera época después de la Reconquista en los términos de Alarcos. En el Archivo histórico del  Museo de Ciudad Real, está documentada  la relación de bienes de la Encomienda de la villa de Ballesteros. Las Relaciones de 1575 la designan como villa e indican que la Encomienda “tiene unas casas razonables… de diezmos de pan…mil fanegas”. Una encomienda que habla de la importancia que tuvo en su momento Ballesteros para la ordenación del territorio y su economía. Una estructura que organizaba el espacio geográfico en el que Ballesteros de Calatrava estaba incluido.

 

La Casa Grande, palacio de la Serna siglo XVIII.

Uno de los elementos arquitectónicos importantes de Ballesteros de Calatrava es la Casa Grande conocida actualmente como palacio de la Serna. Una construcción cerrada, integrada por elementos diversos que indican su origen para actividades y usos diferentes en su conjunto. Doña Anastasia de Ochoa y Pérez compra la finca a don Francisco Pérez Crespo y es ella quien construye la Casa Palacio a finales del siglo XVIII. El edificio y las diferentes fincas pasarán a ser propiedad de los Enríquez de Salamanca y cuando el Instituto de Reforma Agraria expropia las fincas de Ballesteros eran todas propiedad de Antonia Enríquez de Salamanca: Rondín de 368 hectáreas, La Serna de 148 hectáreas, la Serna Vieja de 51 hectáreas y otras varias de 137 hectáreas. María Isabel Rodríguez Iglesias publicaba en el Cuaderno de Estudios Manchegos de 2017 un artículo sobre el proceso de estos años. La Casa Grande fue sede del Comité de Defensa en la guerra civil.

La propiedad pasa por diferentes manos hasta llegar a los dueños actuales que la rehabilitan y convierten en el Hotel Palacio de la Serna desde 1995 con elementos de especial atractivo. En 2006 consigue la categoría de Primera venta de Castilla-La Mancha que denomina la excelencia del turismo en Castilla-La Mancha.

Un edificio de sobriedad máxima construido con la piedra cuarcita de la zona de colores rojizos y refuerzos de ladrillo en esquinas y huecos, en el que se ha integrado la arquitectura existente con proyectos artísticos renovados de land art y espacios que acogen actividades diversas consolidándose como ámbito de turismo y actividades sociales de calidad. Más de doce mil metros cuadrados construidos en dos espacios diferentes.

El gran rectángulo de 96×40 metros se divide en dos zonas con un cuerpo central y 6 torreones elevados en las esquinas. Una segunda construcción en otro lateral de la parcela con estructuras de madera habla de usos y tiempos diferentes. Todo ello en una parcela de cerca de 13.000 metros cuadrados que permite amplias zonas de paseo y estancia. Un edificio que sigue presentando enigmas sobre sus usos originales pero que tiene un especial atractivo, rehabilitado ahora para sus nuevas actividades.

 

El lavadero

Una estructura rehabilitada que conserva cuatro zonas: una zona de interpretación etnográfica del lavadero y de la vida de la mujer anterior a 1950, una zona de interpretación de la ZEPA Campo de Calatrava, donde radica el edificio, el patio interior y un entorno de 1,8 hectáreas. El entorno es una zona ZEPA que convive con el macizo volcánico de Calatrava (declarado Monumento Natural) y el Camino de Guadalupe.

El edificio de nueva planta que alberga estos antiguos lavaderos de la primera mitad del siglo XX ha sido proyectado por el arquitecto Antonio García, con diseño de contenidos de El Gremio. Una propuesta de conservación del patrimonio etnológico especialmente interesante. Construcciones, paisajes e historia conviven en la población de Ballesteros de Calatrava en la que se entrecruzan su geología y las historias de siglos recientes.