Bodegas y arquitectura contemporánea en Castilla-La Mancha

La realidad vitivinícola de Castilla-La Mancha ha cambiado de forma sustancial desde mediados del siglo pasado a la actualidad, dice Diego Peris en este artículo

La realidad vitivinícola de Castilla-La Mancha ha cambiado de forma sustancial desde mediados del siglo pasado a la actualidad, dice Diego Peris en este artículo

La realidad vitivinícola de Castilla-La Mancha ha cambiado de forma sustancial desde mediados del siglo pasado a la actualidad, tanto en el cultivo del viñedo como en la elaboración del vino y en las arquitecturas que albergan las instalaciones.

Factores de cambio

Caracterizar la evolución del sector desde mediados del siglo XX es hablar esencialmente de tres elementos fundamentales: la evolución de las cooperativas, la presencia de nuevos actores en el sector y la creación de las denominaciones de pago. Un viñedo que llega a tener cerca de 700.000 hectáreas de cultivo en 1980 ajustándose a los 470.000 actuales en las décadas siguientes.

El conjunto de las cooperativas tiene en la comunidad autónoma un peso singular por la cantidad de cooperativistas y por las superficies de cultivo que agrupan. En Castilla-la Mancha, existen 218 cooperativas, que representan a cerca de 60.000 cooperativistas y 369 bodegas que no funcionan como cooperativas, 16 destilerías de las 43 existentes en España y 23 empresas de concentración de mosto. En la actualidad el 67,5% de la superficie cultivada corresponde a las cooperativas.

Los diferentes programas de ayudas han permitido una importante renovación de tecnología de las instalaciones y de los cultivos. Un sector que ha evolucionado de forma muy importante en su organización, en sus cultivos y en sus instalaciones. Y junto a ello, la creación de cooperativas de segundo grado ha modificado sustancialmente los sistemas de distribución y comercialización como DCOOP en Alcázar de san Juan.

Por otra parte, la llegada de grandes grupos bodegueros a la región ha introducido la presencia de bodegas de especial calidad y niveles de competitividad muy saludables para el sector. Bodegas Osborne se instala en Malpica de Tajo con una finca de 1000 hectáreas de cultivo, Finca la Antigua del grupo navarro Martínez Bujanda lo hace en Los Hinojosos, Bodegas Leganza del grupo Faustino en Quintanar de la Orden, Olarra en Yepes con las bodegas Casa del Valle y el grupo González Byass en Otero. Inversiones importantes de particulares o grupos como Pago La Guardia, Casalobos, Bodegas Iniesta, Hacienda la Princesa o Vallegarcía por citar algunos ejemplos. Grandes instalaciones de ámbito nacional y alcance internacional como las de Félix Solís en Valdepeñas y Quintanar o la de García Carrión en Daimiel.

Y junto a este proceso, la creación de las denominaciones de pago que son ocho en la actualidad. Bodegas de escala más reducida en las que la calidad y la diferenciación es factor esencial. Dos en Albacete, en El Bonillo: Finca Elez y Pago Guijoso, tres en Ciudad Real: Pago Casa del Blanco, Pago Florentino y Dehesa del Carrizal, una en Cuenca: Pago Calzadilla y dos en Toledo: Pago La Guardia y Dominio de Valdepusa.

Este desarrollo ha modernizado instalaciones existentes de bodegas tradicionales o construido instalaciones industriales de desigual cualificación constructiva. Poco a poco el sector es consciente de la necesidad de cualificar las bodegas como espacios funcionales para el desarrollo de su actividad y como contenedores que definen la imagen de su actividad. Cuatro ejemplos con acentos singulares cada uno de ellos pueden ser buenos modelos de la presencia de una arquitectura contemporánea cualificada en el sector.

Casa Lobos y Finca la Antigua

La Bodega Casa Lobos ha sido proyectada por los arquitectos Sol Madridejos y Juan Carlos Sancho Osinaga. Una bodega que define el paisaje del entorno en el que se sitúa. La ladera de la montaña con suave pendiente y el arbolado de las encinas circundantes presentaban un paisaje natural típico de la zona y de gran belleza.

La ubicación, a media ladera, permite que el fondo de la montaña siga siendo el elemento básico de la visión en la que la gran pieza rectangular, se integra como arquitectura industrial. Una arquitectura que no intenta mimetizar el entorno sino crear claramente su propia imagen que, en esa suma de elementos naturales y artificiales, define el nuevo paisaje. Junto a su ubicación en el lugar, una propuesta racional de ordenación y una imagen actual que define una de las bodegas actuales especialmente cualificada de Castilla-La Mancha.

Los Hinojosos ha sido un lugar de acogida especial para el grupo Martínez Bujanda. El grupo alavés ha construido una gran bodega en La Mancha conquense para aprovechar las enormes posibilidades de esta zona. La finca ocupa una extensión de 1.000 hectáreas, de las cuales se ha destinado a producción un total de 420 hectáreas.

El proyecto de bodega ha sido redactado por LKS Studio con el equipo de Paco Varela, Juan Luis Justicia, Jorge Stinus, Pilar Urizar, Mario Carbajo, Christyian Rubio y Amaya Pozuelo. La bodega está situada en un terreno con una topografía ligeramente escarpada, con viñedos, encinas y trigo, que, en su conjunto, resulta muy atractivo como paisaje natural.

Cuando se proyecta la bodega se estaba ya construyendo una balsa de agua de 110 metros de lado que se sitúa en un extremo de la finca, el más alto y a ella debería estar vinculada la bodega. Además de las encinas y la orografía, el proceso de elaboración del vino determinó la implantación adoptada: una plataforma perimetral a la balsa que acogiera los edificios y regulara los desniveles existentes, formando un zócalo sobre una atalaya.

Bodegas Real y Pago del Vicario

El proyecto de Bodegas Real elaborado por el estudio Paredes Pedrosa planteaba una nueva arquitectura que se ha imbricado con la arquitectura tradicional conservando los valores de lo existente y haciendo presente nuevas formas en el lugar. Los umbráculos (grandes cubiertas que crean zonas de sombra) tienen forma de estrella irregular de cuatro brazos que enlaza las nuevas intervenciones y recorridos sin tocar los viejos muros encalados.

El umbráculo se sitúa en el patio del cortijo como lugar de estancia y conexión entre los distintos usos y la bodega, enlazando el conjunto en piezas construidas y espacios libres, extendiendo sus brazos desiguales hacia la entrada, restaurante, hotel y hacia la ampliación de la bodega que envuelve la nave existente.  Y junto a ello los nuevos espacios de comedor, salas de reuniones y actividades diversas de la bodega en una arquitectura que establece el diálogo con la arquitectura tradicional a la vez que suponen una aportación cualificada a este espacio productivo que ahora tiene un uso más amplio y diverso.

El proyecto de Pago del Vicario ha sido redactado por los arquitectos Juan Sánchez Suarez, Luz Gallego González, la ingeniera agrónomo Susana López Mendiondo y el ingeniero técnico agrícola Eugenio Roldán Nuñez. Junto al viñedo se plantea la construcción de un complejo formado por la bodega, un hotel y un edificio administrativo.

En su organización general el edificio de la bodega de planta rectangular conformado por rectángulos que van disminuyendo su anchura en sentido longitudinal tiene dos cuerpos finales construidos para  hotel y edificio administrativo. Al final del espacio rectangular de bodega, una forma semicircular, en planta, alberga el hotel y otro cuerpo de planta rectangular destinado a zona administrativa. Un proyecto singular en su estructura interior de grandes arcos de madera y en la incorporación de usos hoteleros y de celebraciones en torno a la bodega.

Modelos de arquitectura cualificada que dan un nuevo valor a las bodegas en sus instalaciones y su imagen: funciones estudiadas de forma racional, nuevas imágenes y materiales, inserción en el paisaje y proyectos que engloban nuevas funciones de alojamiento y restauración.