Casas de la memoria

Casas de la Memoria

Casas de la Memoria

Desarrollos de la vivienda de finales del siglo XIX y principios del XX que tiene modelos austeros en nuestra ciudad, pero que son muestras de una arquitectura residencial que va conformando la ciudad en este momento, dice Peris en este artículo

El final del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX es tiempo de arquitecturas diversas que acusan el final de una etapa, la presencia del modernismo y el comienzo de un nuevo siglo. Momentos en los que, en Ciudad Real, el patrimonio residencial deja constancia de este devenir confuso

El final del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX es tiempo de arquitecturas diversas que acusan el final de una etapa, la presencia del modernismo y el comienzo de un nuevo siglo. Momentos en los que, en Ciudad Real, el patrimonio residencial deja constancia de este devenir confuso.

  1. Palacete de Barrenengoa

El llamado palacete de Barrenengoa fue un proyecto promovido por Dámaso Barrenengoa y Bardenas, político e industrial nacido en Orduña (Vizcaya) en 1828, que se instaló en Ciudad Real donde vivió hasta su muerte en 1896. Un empresario con el que el arquitecto Santiago Rebollar mantiene una relación en diferentes proyectos, desde la Academia de enseñanza, su vivienda y el panteón familiar.

El edificio residencial que construye en la plaza del Pilar tenía dos plantas y cubierta con buhardillas y estaba construido con fábrica de ladrillo visto y elementos de piedra caliza. El alzado del edificio a la plaza del Pilar tenía un equilibrio y proporciones especialmente atractivo. Un cuerpo central con cinco huecos en plantas baja y primera con buhardillas en la cubierta que se remataba lateralmente con una pequeña decoración de dos columnas en planta primera que abrían el camino a los cambios laterales.

En su lateral izquierdo la prolongación del edificio se resolvía con la solución de una forma circular y un remate de cúpula en la cubierta. En el lado derecho el giro mucho menor continuaba de alguna manera el ritmo de huecos del cuerpo central. La simetría central se rompía con la presencia del cuerpo del lateral izquierdo que le daba al edificio una dinámica singular. Una propuesta residencial de especial interés por su solución constructiva, el diseño de la fachada y la conformación de la imagen de uno de los lados del nuevo espacio urbano que se configura en la plaza del Pilar. El palacete de Messía de la Cerda proyecto de Sánchez del año 1918 se construyó 26 años después de la obra de Rebollar en el otro extremo de la plaza del Pilar.

Casas de la Memoria

Casas de la Memoria

Las construcciones y, especialmente las viviendas preservan el pasado y nos permiten experimentar la continuidad de la cultura y la tradición. Los edificios nos sitúan en el espacio y en el tiempo y articulan nuestra experiencia de la duración del tiempo entre el pasado y el futuro, dice el autor de este artículo

  1. Casa Medrano-Cendrero

Ya en 1913 Daniel Rubio, natural de Argamasilla de Calatrava, proyectaba la casa de su hermano Vicente, en la calle Ciruela 5 con una solución que presentaba una decoración próxima a los modernismos del momento. En Albacete este arquitecto proyectará importantes edificios como la Casa del Hortelano en 1912, o el Gran Hotel de 1915.

El edificio de la calle Toledo para el matrimonio de Ramón Medrano y Elisa Cendrero se terminó de construir en 1917 como residencia familiar. Elisa Cendrero nacía en Ciudad Real un 17 de septiembre de 1888, hija de don José Cendrero, presidente de la Diputación Provincial dos veces además de senador del reino. La casa de su padre ocupaba el solar de esquina de la calle Calatrava y Paloma. Su marido Ramón Medrano y Rosales Maldonado y Medrano (fallecido en 1923) era caballero de la Orden de Calatrava. La casa solariega de los Medrano estaba en el lugar que hoy ocupa el convento de las hijas de la Inmaculada, convento fundado por María del Prado Medrano. El actual convento sustituye al anterior que se destruyó en un incendio en 1942.

La vivienda de la calle Toledo, tiene 798 metros cuadrados lo cual da idea de la importancia de esta. La fachada, realizada en piedra, tiene el lenguaje clásico en su simetría y proporciones, pero se acerca al modernismo que en ese momento estaba desarrollándose en diferentes lugares de España. Interiormente una solución con un patio de planta rectangular en torno al cual una galería daba acceso a diferentes estancias.

En el lado izquierdo de la entrada, la escalera que comunicaba las dos plantas del edificio. Ahora, con la rehabilitación emprendida por el ayuntamiento de Ciudad Real y su ampliación en el lateral izquierdo, un edificio que conserva el patrimonio residencial de un tiempo de cambios arquitectónicos y sociales. Y un edificio que debe convertirse en un nuevo centro cultural de la ciudad superando la condición estricta de casa museo.

En la calle Toledo, en la esquina a la plaza de la Merced, el plano de Sofi de 1925 localizaba la vivienda de José Medrano y en la esquina de la calle Toledo con Calatrava estaba la casa de doña Elisa Sánchez Ramos tía de Elisa Cendrero.

El ladrillo aplantillado y el palacete

Las construcciones de ladrillo aplantillado que se combinaban con elemento puntuales de piedra habían llegado a la ciudad a principios de siglo. En 1908 se construía el edificio de la calle la Feria número 5 y en 1910 el de la calle Lanza esquina conde de la Cañada. En 1920 se construyó la vivienda de la esquina Mercado Viejo con ladrillo aplantillado, en este caso combinado con el uso de ladrillos vidriados de color en algunas partes. El edificio de la plaza del Carmen recurría al uso de este material como novedad constructiva de este principio de siglo.

En 1925 Telmo Sánchez proyectó la Casa de la Cruz Roja. Conrado López, farmacéutico llegado a Ciudad Real en 1908, encarga una casa al arquitecto provincial Telmo Sánchez, que da respuesta a un programa novedoso que proyecta en los primeros meses de 1925. Una propuesta diferente, de palacete, en una zona del borde de la ciudad que permite una construcción aislada con una tipología próxima a los manuales de la época.

  1. La Casa de los Medrano

La casa de los Medrano situada en la esquina de las calles Paloma y Cruz y fue mandada construir por Juan Medrano Rosales-Maldonado y Medrano, que era alcalde de Ciudad Real cuando el 22 de septiembre de 1920 tuvo lugar el llamado motín de las mujeres o motín del aceite y de la harina, una revuelta provocada por la escasez y la carestía de los productos de primera necesidad. En aquel momento era la calle Castelar y enfrente estaba el hotel Miraflores.

Sobre el solar de la antigua vivienda de mediados del siglo XIX, Juan Medrano mandó edificar la casa que hoy conocemos, en 1924. Una solución con el patio central y la escalera en posición enfrentada al acceso principal. En este caso, el patio central con sus columnas y una circulación en todo su perímetro cobra importancia, dentro de la sobriedad de las soluciones del conjunto de más de 1800 metros cuadrados construidos en sus dos plantas. Edificio conservado y mantenido gracias a sus usos públicos de las últimas décadas.

Las renovaciones y los cambios de lenguaje arquitectónico llegarán pocos años después y en 1932 Arias proyectaba la casa Fuertes en la esquina de las calles Postas y Alarcos. Una vivienda colectiva con una especial solución de los volúmenes en la solución del punto central del conjunto. Un nuevo lenguaje racionalista que desarrolla en edificios como el Mercado o en la calle Calatrava esquina Paloma.

Desarrollos de la vivienda de finales del siglo XIX y principios del XX que tiene modelos austeros en nuestra ciudad, pero que son muestras de una arquitectura residencial que va conformando la ciudad en este momento. Y sobre todo que forman parte de la memoria común que nos une con el tiempo pasado y crea lazos de comunidad.

La recuperación de la casa de Elisa Cendrero como museo y espacio cultural mantiene nuestro patrimonio, pero sobre todo mantiene la memoria de la ciudad y nos conforma como identidad colectiva. Las construcciones y, especialmente las viviendas preservan el pasado y nos permiten experimentar la continuidad de la cultura y la tradición. Los edificios nos sitúan en el espacio y en el tiempo y articulan nuestra experiencia de la duración del tiempo entre el pasado y el futuro. Comprendemos y recordamos quienes somos a través de nuestras construcciones físicas o mentales, dice el arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa.