Cualquier turista que llega a nuestra ciudad y quiere visitar sus monumentos, se encontrará que en la lista de estos figura la llamada “Casa del Conde de la Cañada”, e incluso algún historiador contemporáneo la ha llamado la mansión del Conde. No sé de dónde sale esta información, ya que la fachada en cuestión, que se encuentra en la calle Lanza, esquina con la calle Conde de la Cañada, nunca fue propiedad del Conde, siendo sus propietarios desde que se construyó esta edificación a principios del siglo XX, utilizando restos de un edificio renacentista, de la familia Navas-Aguirre; quien la vendería en los años noventa del siglo XX para edificación de pisos, conservándose su fachada, al haber sido declarada bien de interés cultural, con la categoría de monumento, por decreto de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha 18/1992 de 19 de febrero.
La casa del Conde de la Cañada se encontraba en la mitad de la calle que lleva su nombre, antes calle Sangre. El linaje de los Condes de la Cañada tiene sus orígenes en el Principado de Asturias y seria en el siglo XIX cuando se avecinaría en nuestra ciudad con el sexto Conde de la Cañada, quien establecería aquí su residencia a raíz de su matrimonio. D. Rafael Acedo-Rico contrajo matrimonio con Dª. María Josefa de Medrano y Maldonado que fue Dama noble de la reina María Luisa, Señora de un Vínculo de la Casa Medrano. Por este matrimonio la casa de los Condes de la Cañada quedó avecinada en Ciudad Real, estableciendo su residencia en la calle que lleva su nombre.
La casa de los Condes de la Cañada era una construcción del siglo XIX de dos plantas, con fachada de ladrillo rojo y buena rejería que se ubicaba entre los números 4 y 6 de la actual calle Conde de la Cañada. Esta calle cambio su primitivo nombre “de la Sangre” por el actual en 1903, cuando el ayuntamiento lo acordó con el fin de homenajear a D. Juan Acedo-Rico y Medrano, VII Conde de la Cañada, que mantenía su residencia en la casa de sus padres en la mencionada calle.
La residencia de los Condes de la Cañada se mantuvo en la calle dedicada a su linaje hasta 1951, cuando una nieta del sexto Conde de la Cañada, Dª. Josefa Acedo-Rico y Jarava dejo en testamento la vivienda a los Misioneros del Corazón de María, los claretianos, quienes establecieron en la misma el noviciado de la provincia de Castilla hasta el año 1963 que fue trasladado, siendo vendida la casa para la construcción de los actuales pisos que ocupan su solar.
La que se dice que es la casa de los Condes de la Cañada, era la casa de los Navas-Aguirre, edificación ubicada en la calle Lanza esquina con la calle Conde de la Cañada. Es un edificio moderno que conserva la fachada de la anterior construcción de principios del siglo XX, fachada que tiene dos partes totalmente diferentes, tanto cronológicamente como morfológicamente. La fachada de principios del siglo XX es muy regular, compuesta de dos plantas en su mayor parte y con un pequeño cuerpo sobreelevado encima del último balcón de la izquierda. Cuerpo que se construye para equilibrar la edificación con respecto al cuerpo de piedra en el lado opuesto.
Las dos plantas están divididas por una fina línea de imposta con decoración geométrica sencilla. En la planta baja está la puerta flanqueada por dos ventanas a cada lado más otra un poco más separada en la parte izquierda. Las ventanas y la puerta están enmarcadas por una decoración apenas sobresaliente, hecha con el mismo ladrillo que encierra unos azulejos con detalles vegetales en amarillo y azul de cerámica de Ruiz de Luna de Talavera de la Reina (Toledo).
La primera planta abre balcones enmarcados por una decoración de ladrillo muy simple y apreciamos una línea decorativa que recorre toda la fachada a la altura de dos tercios de los balcones y que repite la misma decoración de ladrillo en entrante y saliente de la línea decorativa bajo el alero. El cuerpo de la izquierda está unido y sólo diferenciado por una mayor distancia entre los huecos y con un pequeño cuerpo sobreelevado con dos ventanas sencillas que configuran una pequeña segunda planta.
Pero sin duda la parte más interesante, es la parte de la derecha que es el resto de un edificio renacentista bastante transformado. Está construido en piedra sillar y consta de un primer cuerpo, probablemente portada, remarcado por dos sillares y un dintel con triglifos y metopas coronados por sendas decoraciones de bolas. En el centro un escudo que se atribuye al enlace entre Ramón Benítez de Alfariz y la V marquesa de Torremejía, María del Carmen Osorio Ibáñez de Leyba.
Hasta la construcción de la actual edificación con soportales, este cuerpo tenía una ventana con una muy apreciable rejería de forja, que se encuentra actualmente en el lateral de la calle Conde de la Cañada. Sobre el dintel y el escudo heráldico, añadido también en época posterior, un mirador de madera y cristal realmente inusual en la arquitectura de la ciudad.
En la esquina con la calle Conde de la Cañada, un escudo esquinero labrado en piedra, blasón atribuible al enlace de Francisco Rodríguez de Ledesma y Salazar con una hija de los señores de Picón, apellidados Dávila Estrada y Bedmar. Este cuerpo de piedra está coronado por una estructura mixtilínea de ladrillo rojo que le enlaza e integra con el resto del edificio.
Interesante vivienda de la familia Navas-Aguirre, que nunca fue vivienda, ni mansión, ni residencia del Conde de la Cañada.
