En la carretera de Ciudad Real a Porzuna, CM 412, Km 17, pasando el puente sobre el sobre el Guadiana y lindando con el término municipal de Picón, se encuentra el histórico heredamiento de Santa María del Guadiana. La puerta de la muralla ciudadrealeña llamada “Puerta Santa María”, recibía este nombre por ser el lugar por el cual las personas salían de la ciudad o accedían a ella, provenientes de este heredamiento que perteneció al mayorazgo fundado por Rodrigo de Martibáñez y doña María Carillo, su mujer, en 1577. A este lugar peregrinaba en la edad media la población de Ciudad Real en romería cada 8 de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen María.
Uno de los sucesores en el mayorazgo fue, don Luis Bermúdez y Mexía de la Cerda, que durante su vida fue un ejemplo claro de pasión patológica por los oficios y mercedes venales tratando de destacar del resto de la oligarquía ciudadrealeña. Ostento el cargo de alguacil mayor y adquirió otros cargos perpetuos o redondeó las atribuciones de los que tenía. En 1641 compró por 18.000 reales la facultad del primer asiento a la derecha del corregidor para su alguacilazgo.
Don Luis, además de poder nombrar teniente, poseía también el oficio de guardamayor de términos de la ciudad que, también por servicio pecuniario, agregó al cargo de alguacil mayor con facultad de nombrar dos de los cuatro guardas de campo. La alcaidía de la cárcel pública pertenecía a un vecino pechero de la ciudad que la había comprado en 1611. Don Luis consiguió que éste le renunciara la vara en su favor. Tal vara quedó incorporada a la de alguacil mayor con facultad de nombrar sotalcaide. Así podía colocar a toda una clientela en los puestos claves de la ciudad.
Este personaje ciudadrealeño del siglo XVII, deseoso de convertirse en señor de vasallos, aprovechó las llamadas ventas de despoblados, motivadas por las dificultades de la Real Hacienda, para adquirir en 1647 la jurisdicción civil y criminal de su finca. La operación consistía en convertir en señorío jurisdiccional una heredad de la que ya tenía propiedad privada. Esta era una segregación de la jurisdicción en primera y segunda instancia del corregimiento de Ciudad Real, aprovechando don Luis Bermúdez y sus sucesores de ser señores de vasallos para adehesar el término, por lo que estos señores mantuvieron muchos litigios con el ayuntamiento capitalino.
A don Luis Bermúdez y Mexía de la Cerda el carmelita Fr. Diego de Jesús María, Prior del Convento de Guadalajara, le dedicó la obra ‘Historia de la Imagen de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real‘, escrita en el año 1650 y que reproduce en la portada, un dibujo de las armas de este señor y su hijo, que se encuentran labradas en la casa solariega de Santa María del Guadiana.
Hijo de Luis Bermúdez fue Martín Bermúdez Messía de la Cerda, caballero del hábito de Santiago, que contrajo matrimonio doña Margarita Ceballos y Céspedes, teniendo una única hija, Juana Bermúdez de Martibánez y Ceballos señora de Santa María del Guadiana, que casó Juan Velarde de Céspedes, continuando en su hijo Juan Velarde el señorío de Santa María del Guadiana y quedando incorporado este al linaje de los Velarde.
Sabemos por el Catastro del Marqués de la Ensenada, que a mediados del siglo XVIII, eran los señores de Santa María del Guadiana, José Velarde y Muñoz y su mujer Inés Melgarejo y Roxas.
La abolición de los señoríos o abolición del régimen señorial en España fue un proceso histórico realizado a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, desde que se aprobó por primera vez en las Cortes de Cádiz el 1 de julio de 1811 hasta su definitiva puesta en vigor el 26 de agosto de 1837. Santa María del Guadiana que desde el siglo XVII había sido un señorío territorial, es decir los Señores de Santa María tenían la propiedad de la tierra y las personas que trabajasen esas tierras dependían de ellos, y un señorío jurisdiccional que incluía funciones públicas como nombrar cargos, hacer justicia, establecer impuestos, etc., perdió su condición de régimen señorial.
En el siglo XIX este lugar era ya considerado como un caserío dedicado a las labores agrícolas, que tenía grandes pastos. Inocente Hervás y Buendía en su Diccionario histórico geográfico, biográfico y bibliográfico de la provincia de Ciudad Real publicado en 1890, dice que es una colonia agrícola con 4 casas e igual número de habitantes.
A comienzos del pasado siglo XX Santa María del Guadiana era propiedad de Ramón Díez de Rivera, un gran latifundista, que ostentaba el título de Marqués de Huetor Santillán y Conde de Santafé, militar que llego a ser Jefe del Estado Mayor en la Jurisdicción Central de la marina entre 1939-1948 y Jefe de la Casa Civil de Francisco Franco entre 1948 y 1957, año en que murió. Era también el propietario de la casa natal de Hernán Pérez del Pulgar, actual Museo Municipal López Villaseñor. Al ser Santa María del Guadiana propiedad de este Marqués, recibió en la época franquista la visita de Carmen Polo de Franco, mujer del anterior Jefe del estado, durante el viaje que realizó a nuestra ciudad en julio de 1949.
Actualmente Santa María del Guadiana es propiedad de D. Alfonso Díez de Rivera y de Elzaburu, IV Marqués de Huétor de Santillán VII Conde de Santafé.
En Santa María del Guadiana nos encontramos la construcción de lo que fue una alquería, es decir una pequeña comunidad rural de unas pocas casas, conformada por una o varias familias, que se dedicaban a explotar las tierras de los alrededores, así como a las actividades ganaderas.
De todo este conjunto destaca la casa solariega del siglo XVII, construida en mampostería con puerta formada por dos pilastras que sostienen un dintel blasonado con el escudo labrado en piedra del caballero de Santiago Martín Bermúdez Messía de la Cerda, casado en 1641 con Margarita Ceballos y Céspedes de Villaquirán. Este mismo escudo lo podemos ver esquinado en la fachada principal.
El interior de la casa solariega poseía iglesia que era servida por el cura de Valverde. A esta se accede desde el patio, por una puerta con un sencillo arco de ladrillo que da paso a la iglesia que se encuentra dividida por un arco apuntado. El altar poseía un retablo tallado en piedra del que aún quedan restos con columnas de orden corintio y las imágenes de dos santos. Los arcos apuntados también los podemos ver en las paredes laterales de la iglesia, que comunicaban otras dependencias de la casa con la capilla y el cementerio.
Junto a la casa señorial se encuentran las otras dependencias de la alquería como caballerizas y corrales, a las que se accede por un arco rebajado con escudo labrado. Fuera de estas dependencias y a escasos metros de esta se encuentran dos palomares.
Actualmente esta vieja alquería ligada a la historia de Ciudad Real, se encuentra abandonada y estaría bien que se hicieran gestiones para su restauración, ya que los pocos vestigios que aún se mantienen en pie del pasado ciudadrealeño necesita que se conserven dignamente.
