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Los tesoros del Archivo General de la Marina en Viso del Marqués

Se viene oyendo cada cierto tiempo que el Archivo General de la Marina, instalado en Viso del Marqués, se va a trasladar a Madrid. Inmediatamente surgen las lógicas protestas de las autoridades y vecinos de dicha localidad, así como también de otras autoridades provinciales y regionales. Unos días después del revuelo causado, algún mando del Ministerio de Defensa desmiente la noticia, negando el traslado, y las aguas vuelven a su cauce hasta la próxima vez.

En Almadén tenemos experiencia en estos asuntos, pues también aquí cada cierto número de años la Escuela de Ingeniería Minera e Industrial sufre la amenaza de su traslado o desaparición. Cada intento ha sido contestado con una movilización popular no solo de Almadén, sino también de todos los pueblos cercanos, pues los habitantes de esta comarca consideramos un atropello que aquellos que solo piensan en números y beneficio económico arrollen nuestra historia y sentimientos. Todavía recordamos el amargo año 1835, cuando la Academia de Minas fue trasladada a Madrid, donde se fundó la Escuela Especial de Ingenieros de Minas, convirtiéndose así la Academia de Almadén, fundada en 1777, en Escuela Práctica de Minería. Eran otros tiempos, en los que el centralismo tenía mucho peso y Madrid era todavía Villa y Corte.

Un poco de geografía e historia

Viso del Marqués se llama así en honor de Don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, capitán general de la Armada española durante el reinado de Felipe II. Que venciera a los turcos en Lepanto, ya sería suficiente para considerarlo uno de los más grandes almirantes españoles de todos los tiempos, pero que jamás perdiera una batalla naval ni en el Mediterráneo ni en el Atlántico agranda todavía más su figura. De él dijo Lope de Vega: “El fiero turco de Lepanto, / en la Tercera  el francés, / y en todo mar el inglés, / tuvieron de verme espanto”. La Tercera a la que se refería Lope en estos versos es la isla Terceira, perteneciente al archipiélago de las Azores, donde la flota española bajo el mando de D. Álvaro de Bazán derrotó a la francesa en 1582.

También Cervantes era de la misma opinión y en el capítulo XXXIX de la Primera Parte del Quijote escribió: “En este viaje se tomó la galera que se llamaba “La Presa”, de quien era capitán un hijo de aquel famoso corsario Barbarroja. Tomola la capitana de Nápoles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jamás vencido capitán Don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz”. Si él hubiera sido el capitán general de la Armada Invencible, la batalla naval en las costas inglesas seguramente habría tenido otro resultado.

En 1566, D. Álvaro había sido nombrado capitán general de las galeras de Nápoles y en 1569, Felipe II le concedió el título de marqués de Santa Cruz, con lo que la localidad de Viso del Puerto pasó a denominarse Viso del Marqués. Localizada a mitad de camino entre Madrid y Sevilla, esta población está cercana al puerto del Muradal, por el que se cruzaba Sierra Morena antes de que en el siglo XVIII se habilitara el paso de Despeñaperros. El paisaje del Viso es de una gran belleza y está constituido por valles y montes que producen una alternancia de campos cerealísticos con zonas montuosas de abundante vegetación autóctona, en la que existe una numerosa y variada fauna.

Esta población fue la elegida por D. Álvaro de Bazán para construir un bello palacio renacentista entre los años 1564 y 1589. Tal vez sus largas estancias en Italia y el gusto imperante en aquella época influyeron en D. Álvaro para traer un selecto grupo de artistas italianos, quienes construyeron el que se considera el más bello edificio renacentista de esta zona de España. Recuerdo todavía la visita del palacio que llevé a cabo bajo la dirección del profesor Herrera Maldonado, quien me permitió incorporarme como un alumno más del grupo de estudiantes de la asignatura de Historia del Arte de la Facultad de Letras de Ciudad Real.

Palacio y Archivo.

El mantenimiento de un palacio como este es muy costoso y antes el riesgo de que se deteriorara gravemente con el paso del tiempo, el marqués de Santa Cruz expresó en 1928 su deseo de cederlo a la Marina en memoria de aquel primer marqués de Santa Cruz que ordenó construirlo. Diversos problemas retrasaron la firma de la cesión, hasta que por fin en 1949 se rubricó el contrato de arrendamiento entre el marquesado y la Marina por 90 años prorrogables y al precio simbólico de una peseta anual.

El palacio está abierto al público y es visitado en la actualidad por varios miles de personas al año, quienes quedan impresionados por la arquitectura y los frescos que encierra. Además, el palacio alberga desde 1950 el Archivo General de la Marina, donde se custodian más de doce kilómetros lineales de documentos, que es como se mide la cantidad de documentación que posee un archivo, como si colocáramos uno tras otro cada expediente. Todos ellos  provienen de diferentes organismos del Estado, tanto de la administración central como de la periférica, y corresponden a los informes que ha generado la Armada española desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del siglo XX.

En el año 2010, yo había terminado de investigar en el Archivo General de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional la documentación concerniente a los forzados que la Corona había enviado desde 1550 a 1800 a cumplir su condena a la mina de Almadén entre otros destinos similares, como las galeras del Mediterráneo, los arsenales militares o los presidios norteafricanos. Fruto de dicha investigación archivística fue la edición del libro titulado “Los esclavos del rey. Los forzados de Su Majestad en las minas de Almadén, 1550-1800”, que tuve el placer de presentar al público en el citado palacio durante la celebración de las “Jornadas de Tierra y Mar” del año 2010, acto que organiza anualmente la Armada española en Viso del Marqués.

Llegaba entonces para mí el momento de continuar ni investigación sobre los otros destinos de los forzados de la Edad Moderna y decidí empezar por los arsenales militares. Debo reconocer públicamente que en el Archivo General de la Marina encontré todas las facilidades para llevar a cabo el trabajo, por lo que estoy muy agradecido al personal del mismo y a su directora, Silvia López Wherli.

El empeño centralista

Llama mucho la atención que en una España descentralizada en tantos aspectos, exista todavía la obcecación de algunos por pretender que para cualquier trabajo de investigación histórica haya que residir o desplazarse a Madrid o a otra gran ciudad. Pensando de este modo, se van cercenando las ya de por sí escasas posibilidades culturales de pueblos y ciudades pequeñas. Muchos, en cambio, mantenemos que el Archivo General de la Marina y el Archivo Histórico de Minas de Almadén deben permanecer en Viso del Marqués y Almadén, respectivamente, localidades donde conservan su identidad propia.

Estando Rafael Molina, “Lagartijo”, toreando en la plaza de San Sebastián, tuvo una tarde desafortunada y el público le formó una gran bronca. Enfadado, el torero se dirigió a su mozo de espada y le dijo: “Coge los trastes y ahora mismo pa Córdoba”; el mozo le respondió: “Rafael, primero tendremos que descansar, que Córdoba está muy lejos”; a lo que el maestro contestó: “Lo lejos es esto, no Córdoba, que está en su sitio”. ¡Pues eso!