Desolación existencial

9 Mar 2012 Conozco desde hace años a Antonio Mora. Comenzamos a trabajar juntos en enero de 2001 cuando en Ciudad Real se constituyó la Comisión de Asuntos Profesionales y Deontológicos de FAPE.

Conozco desde hace años a Antonio Mora. Comenzamos a trabajar juntos en enero de 2001 cuando en Ciudad Real se constituyó la Comisión de Asuntos Profesionales y Deontológicos de FAPE. Él era el presidente y yo la secretaria, y fueron cinco años de reuniones y viajes (incluido uno por la ruta de Don Quijote) a distintas provincias para avanzar en temas tan importantes para la profesión como el Estatuto del Periodista, el derecho de réplica, los códigos deontológicos o el tratamiento de los casos de violencia de género en los medios.

Tras otro lustro sin relación con la red asociativa provincial y regional (las abandoné cuando llegaron los preceptivos cambios) y como mera base de la Asociación de Periodistas de Ciudad Real (APCR), he seguido a Antonio al frente de su homóloga en Granada, con ambiciosos proyectos (la sede está en un palacete) que ha otorgado al colectivo el respeto de la clase política. Incluso cuando obtuvo el título de doctor en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) hablamos unos minutos.

Cuando leí primero y vi después su “ida de papeles” me quedé estupefacta. Con esta actitud ignominiosa e inexcusable se ha cargado 20 años de trabajo dedicado a la asociación, que le había regalado más satisfacciones que quebrantos. Personas muy cercanas a Antonio me cuentan que tras su actitud infame del martes, al intentar agredir a una activista propalestina en un acto de presentación de una exposición de Israel en la asociación, “está postrado y no sale de casa”. Él mismo, en su carta de dimisión, se mostró abatido, avergonzado y arrepentido.

Es la propia vida, no sé si por resortes autoritarios aprehendidos u otras actitudes de respuesta rápida se llega a la embriaguez mental, unos segundos de locura que han dejado a Antonio en la desolación existencial.