Personas que han sido muy relevantes, personas que nunca nos han fallado y que marcharon antes de tiempo y que todavía no sabemos por qué, han desaparecido de nuestras vidas, bien sea por alguna enfermedad o de repente, un día están aquí y el siguiente allá.
Entiendo que escribir sobre ello es un poco atrevido, debido a que lo natural, a veces nos hace pensar más de la cuenta y la euforia de las celebraciones pesan más que el recogimiento de una familia que esté completamente tocada cuando alguno de sus miembros partieron demasiado pronto.
La vida es un viaje en el que su última parada es en la que tendremos que bajar debidamente preparados.
Pero quisiera decirte una cosa, la vida también es muy bonita… y ese viaje que estamos realizando tiene muchas paradas en sus estaciones correspondientes, disfrutando del paisaje y de la época que nos toque en ese momento.
Además, el ser humano tiene una ventaja… su capacidad para el recuerdo y la evocación de otros paisajes maravillosos por los cuales se ha pasado y la gran experiencia de aquello que ya has vivido y que lo has disfrutado totalmente.
De ahí la reflexión de la semana: El poder y la capacidad para entender que este viaje hay que hacerlo con una buena predisposición, un pensamiento positivo entendiendo las reglas de la vida y la existencia y el gran misterio que se nos abre delante de nosotros.
Una gran obra de teatro en la que el desenlace final es el que cada uno de los seres humanos experimentará a su tiempo, comprendiendo e interiorizando esa realidad por la que luchamos.
Esta labor es fundamental, labrarse un camino, recorrerlo y sembrando para poder recolectar lo que en un principio todo era semilla.
Para terminar esta reflexión: Debes mirar lo que esencialmente pueda hacerte feliz por encima de todo sin molestar a nadie. Piensa en lo que nos queda e invierte el tiempo en prepararte para el presente y el futuro que a partir de ahora, se hará real.