Editar un libro

Portada del libro sobre el escultor López Arza

Portada del libro sobre el escultor López Arza

En tiempos en que los proyectos editoriales necesarios en nuestra región han sido abandonados por la mayoría de las instituciones se agradece una publicación como la realizada por el Instituto de Estudios Manchegos sobre la escultura de José Antonio González López Arza. En este caso el autor y personas próximas han realizado un excelente trabajo de documentación fotográfica, una buena maquetación que juntos a la selección del diseño, formato y calidad de impresión acaban conformando una obra atractiva sobre este escultor extremeño tan íntimamente vinculado a Castilla-La Mancha

Editar un libro es tarea compleja que requiere la suma de muchas voluntades y conocimientos. Un autor escribe un texto sobre un tema de interés al que, en ocasiones debe acompañar un material gráfico que finalmente conformarán una publicación. Un proceso que requiere la presencia de profesionales, de un saber hacer que no siempre está presente en las publicaciones actuales o en las antiguas.

Contenidos de la publicación

El elemento esencial de la publicación está en los contenidos elaborados por el autor. Un texto, un material que debe estar pensado para expresar aquello que quiere comunicar y hacerlo de la forma adecuada. Y eso lo hace en un tiempo y en un lugar determinado lo que condiciona los contenidos y las formas. Cuando a un filósofo español le preguntaban sobre sus libros y si eliminaría alguno de los que escribió hace años contestaba: Con fecha ninguno. Porque los libros tienen un contenido que se inscribe en un momento determinado de conocimiento y de referencias sociales y culturales. Un contenido pensado con determinados objetivos sea divulgativo, sean de carácter profesional o técnico y con unos medios diferentes según la publicación.

La tipografía

Andrés Trapiello publicaba hace unas semanas un artículo en el diario El País hablando de la importancia de la tipografía, de la elección del tipo de letra en las publicaciones. Y lo hacia con una referencia a Juan Ramón Jiménez que pensaba que el tipo de letra debía transparentar algo de la pasión de lo escrito. La tipografía debe ser otro sentimiento más de lo que escribimos y queremos transmitir. Un libro con texto, sin más añadidos que la composición de la página, los márgenes de esta, la ubicación de los textos las proporciones de la página y la selección del papel puede definir una edición cualificada frente a las que carecen de esa calidad visual. Elementos de gran sencillez, que no suponen más inversión que la presencia de un buen diseñador y maquetador pero que se olvidan en numerosas publicaciones.

Trapiello decía: “Se puede y se debe copiar, desde luego. JRJ lo hizo también, de los impresos de Whistler y los tipógrafos elzevirianos ingleses. Decía d’Ors que el plagio sólo está permitido si va seguido de asesinato. Quería decir con ello que sólo si el plagio es tan bueno como el original o lo supera, deja de ser plagio, lo que nos lleva a otro de sus aforismos, que debería figurar en la carcasa de las impresoras y ordenadores: todo lo que no es tradición es plagio”.

Hay libros antiguos que se recorren con admiración por sus contenidos y por las formas de composición de sus textos, sus páginas y sus encuadernaciones. Y hay libros con apenas décadas que se nos caen de las manos al ver diseños, escritos con las antiguas máquinas de escribir con gráficos, tablas y cuadros de pésima calidad que pudieran formar parte de textos escolares de antiguas fotocopias pero que impresos y publicados resultan inadmisibles.

Gráficos, tablas y esquemas

La utilización de programas de escritura y realización de gráficos ha hecho que muchos de sus resultados se trasladen automáticamente a las publicaciones impresas. Los gráficos de algunos programas informáticos pueden ser más o menos claros, pero tienen un horrendo diseño que se incorpora sin más a numerosas publicaciones. Pocos libros incorporan gráficos, estadísticas y planos con buen y cuidado diseño. Demasiados planos, cuadros y gráficos estadísticos destrozan la imagen de las publicaciones. Publicaciones de ámbitos científicos diversos referidos a la geografía, a la medicina o a la ingeniería utilizan documentación gráfica de muy escasa calidad que deterioran la imagen de las publicaciones y parecen menospreciar y devaluar sus contenidos.

Las imágenes fotográficas deben reunir condiciones mínimas de calidad para incorporarse a una publicación. Y ello tanto en sus contenidos como en el resultado final de la publicación. Resulta difícil tener una buena publicación de arte analizando la pintura de determinados autores o períodos en blanco y negro cuando el color es elemento esencial de las obras o seguir estudios sobre las mismas en reproducciones de mala calidad. Y algo parecido ocurre con las publicaciones sobre fotografía en blanco y negro, la calidad de la impresión es esencial en la valoración de estas obras.

Formatos, tamaños, papel, encuadernación

Discutimos en estos tiempos sobre la persistencia o no del libro en papel frente a las ediciones digitales. Cada formato tiene sus posibilidades, sus objetivos y estrategias. El libro de papel debe aprovechar los recursos que tiene no sólo en sus contenidos sino como objeto valioso. Sus dimensiones, el papel utilizado en la impresión, la encuadernación y todos los elementos que añaden a su condición visual sus posibilidades de tacto e incluso de olfato son elementos añadidos a no desdeñar.

El objeto final es el resultado de muchos elementos y muchas personas que inciden en el mismo. Hay un autor, una documentación gráfica y fotográfica, un diseñador y maquetador del libro y un trabajo final de impresión y encuadernación que hacen que el resultado final requiera esfuerzos, saber hacer y profesionales que lo desarrollen. Si a todo esto añadimos los condicionantes económicos de edición y de distribución entendemos que estamos en un proceso arduo que nos hace valorar buenas ediciones frente a la avalancha de proyectos inútiles y mal realizados.

 López Arza escultor

En tiempos en que los proyectos editoriales necesarios en nuestra región han sido abandonados por la mayoría de las instituciones se agradece una publicación como la realizada por el Instituto de Estudios Manchegos sobre la escultura de José Antonio González López Arza. En este caso el autor y personas próximas han realizado un excelente trabajo de documentación fotográfica, una buena maquetación que juntos a la selección del diseño, formato y calidad de impresión acaban conformando una obra atractiva sobre este escultor extremeño tan íntimamente vinculado a Castilla-La Mancha. Una publicación que abre un camino especialmente interesante de las actividades del Instituto de Estudios Manchegos. El número 1 en el lomo de la publicación con el título de Colección Arte nos hace abrigar esperanzas de próximas publicaciones.

Textos de los profesores de la Universidad de Extremadura Moisés Bazán de Huerta y Víctor Manuel Rebollo Gómez que hacen un análisis de su obra con presentación de su trabajo en diferentes momentos y temáticas. Junto a ello excelentes fotografías de las obras presentadas con detalles de estas y un catálogo final del conjunto de esculturas realizadas por López Arza. Y finalmente un diseño cuidado de Marcos González que junto con una buena impresión conforman una excelente publicación. Para los habitantes de Ciudad Real, la portada del libro nos conduce a la vida cotidiana de la plaza del Pilar donde la escultura de López Arza se hace presente con su especial calidad.