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El debir de la princesa

En san Carlos del Valle se construyó una iglesia de peregrinación que, junto a la estructura urbana que la acompaña, constituye uno de los tesoros arquitectónicos de la provincia de Ciudad Real. Un espacio singular en el que convive la arquitectura culta y elaborada de la iglesia con la arquitectura sencilla del conjunto de edificios de la plaza.

La carretera que va desde San Carlos del Valle a Valdepeñas recorre una zona en dirección NE-SO caracterizada por la presencia de la Sierra del Peral con alturas de algo más de 1.000 metros. En este recorrido los viñedos y olivares están presentes en las laderas de la montaña sobre la que se levantan ahora un conjunto de aerogeneradores. Surge así el nuevo paisaje en el que se integran la geología de la sierra, los cultivos del viñedo y el olivar y la tecnología de los aerogeneradores situados en la parte alta de la sierra.

El viñedo de Hacienda la Princesa
El viñedo de Hacienda la Princesa está en la ladera de un valle entre San Carlos del Valle y Valdepeñas a una altitud ideal, en una zona bien ventilada y con un microclima de Sierra muy especial en esta zona de Castilla-La Mancha. La proximidad a la zona elevada crea una ladera de suelo cuidado por los viñedos que llega a acercarse al punto de subida de la sierra del Peral. Una sierra que se acerca en determinados momentos a la carretera o deja espacios abiertos más amplios como el que aprovecha el viñedo de Hacienda la Princesa. Un suelo rojizo y pedregoso, rico en mineral poco fértil que permite obtener uvas de gran calidad. Los viñedos se orientan hacia el sur aprovechando así la orientación solar. Se busca premeditadamente un cultivo poco productivo en cantidad, no utilizar fertilizantes, la menor cantidad de agua posible, abonos naturales y regular así la masa foliar con poda en verde. Son cepas en vaso algunas ya antiguas que han resistido, en este lugar, el paso de los años y han adquirido la calidad de la producción del terreno en el que crecen.

El debir
El Diccionario bíblico dice que Debir, Debîr y Debîrâh, es lo que está detrás, oráculo o santuario. Es el nombre de una antigua ciudad fortificada de los cananeos en la Sefela. Cuando fue tomada por Josué estaba habitada por los anaceos que parece que la recuperaron, porque más tarde fue reconquistada por Otoniel, el hermano menor de Caleb. El debir es ese lugar soñado, un espacio singular y especial, un espacio único que se busca y que se defiende por sus peculiares condiciones.

La finca de Hacienda la Princesa tiene 180 hectáreas de las cuales 45 se dedican al cultivo de la vid y 30 al olivar. Dentro de la finca de Hacienda la Princesa se divide el espacio de cultivo en debir, entendiendo por tal una zona con características singulares que permiten identificar la uva y unas peculiaridades del producto obtenido en ese espacio. Pequeños espacios en un territorio mayor que identifican suelo, condiciones de orientación y cuidados del cultivo. Y en ese suelo, cultivan diferentes variedades para su producción. Para el tinto cultivan tempranillo y merlot, a las que han incorporado garnacha y cabernet y para blanco chardonnay y tienen una antigua parcela con cepas viejas de airén. Con ello elaboran cuatro variedades de vino: Debir Gala (tempranillo), Debir Sucunza (tempranillo, merlot), Debir de Jakue (tempranillo joven) y Chardonnay fermentado en barrica. Vinos que, en su breve trayectoria, ya han recibido diferentes premios y reconocimientos. Cultivos de calidad que atienden a las características particulares de cada zona y obtienen por ello vinos singulares especialmente cualificados. Botellas que cuidan también el diseño de sus etiquetas y presentación del producto como parte esencial para una buena comercialización.

La bodega
La bodega quiere realizar un proceso de obtención del vino lo más natural posible controlando los consumos de agua y energía. Utilizan depósitos de pequeño volumen con un control de temperatura exacto. Son depósitos de hormigón cuidando no sólo el nivel de aislamiento sino también la inercia térmica de los mismos para mejorar así los consumos energéticos. Se utilizan levaduras naturales tratando de evitar los trasiegos y bombeos o limitándolos al máximo posible. Las barricas son todas de roble francés cuidando especialmente los tostados de la madera, y la finura de los granos. Tienen 200 barricas de 225 litros y de 500 litros para el chardonnay.

El edificio en su exterior es de gran sencillez. Un volumen rectangular a dos aguas que presenta el ritmo de los huecos y la estructura que definen el interior de la misma. Un ritmo de huecos que corresponde con la estructura de las cerchas de cubierta y que se acusa en la fachada con machones de ladrillo a los que se adosan las bajantes de la cubierta. En el centro, la nave se abre en uno de sus frentes y en el otro sobresale un cuerpo de colores intensos verde y azul. La topografía cercana del edificio deja ver una planta inferior en uno de los extremos de la bodega. Soluciones sencillas que ponen de manifiesto la estructura interior y su funcionamiento.

El tesoro interior
La planta rectangular tiene el acceso en un punto central dejando a un lado la sala de bodega y al otro la zona de embotellado. La sala de bodega tiene un diseño peculiar y bajo la cubierta a dos aguas con estructura metálica se sitúan los depósitos cuadrados de hormigón, en tres filas, una central y dos laterales adosados a los muros de borde. Depósitos de planta cuadrada, levantados del suelo sobre cuatro pilares cuadrados y pintados con sus bordes en color rojo y de los que sobresale la boca de acero inoxidable.

Depósitos entre 4.000 y 15.000 litros con una capacidad total de 500.000 litros. Una escalera en uno de los lados permite el acceso a la parte superior de los depósitos. Elementos de reducida altura que dejan ver el espacio global de la bodega que, en su fondo, tiene una pintura de san Isidro labrando la tierra en un paisaje en el que aparece un molino de viento. La presencia del dibujo y el color va a ser característico de la bodega en diferentes espacios estableciendo un ambiente singular en estos ámbitos de trabajo. Junto a esta zona, el laboratorio y control administrativo.

Bajando 37 escalones, a una profundidad de 6,50 metros sobre el nivel del terreno se encuentra la gran sala de barricas. Un espacio de 14,50 metros de ancho y más de 50 de largo con pilares centrales cada cinco metros aproximadamente. Las paredes laterales en color verde oscuro y las decoraciones de vides en las columnas centrales junto al suelo de hormigón rojo crean un ambiente especial en el que se sitúan las barricas de roble. Al fondo, en el extremo de la zona, un espacio de botellero separado por rejas metálicas.
Un conjunto especialmente cuidado tanto en las plantaciones de la finca como en las instalaciones de la bodega que quiere, desde una agricultura ecológica, ofrecer vino ecológico y vinos de calidad cuidada en sus diferentes variedades y producción. Un debir para la producción del vino, cercano a san Carlos del Valle.