No decimos lo que pensamos

F. Javier Soria Ciudad Real

Factores socioculturales influyen en este asunto, aunque particularmente, me decanto por desajustes importantes en la forma de concebir el mundo y las experiencias vitales educativas de algunos seres humanos generan estos comportamientos tan curiosos. Tratar estos problemas en consulta resulta bastante complicado. El ser humano es poco reconocedor de su propia realidad, y si es capaz de hacerlo, en general, no da su brazo a torcer tan fácilmente. Esa búsqueda de equilibrio interno y la coherencia con su forma de actuar, podría facilitar estados de bienestar y el proceso de evolución de sus ideas, si bien, y está demostrado, armonizaría con la manera de comportarse con sus semejantes. Este es nuestro reto, intentar mejorar nuestro comportamiento a la hora de relacionarnos con los demás, pensando lo que hacemos, sin crear resistencias, difíciles de romper incluso, hasta para nosotros los psicólogos.

Queridos lectores, esta semana vamos a tratar un tema relacionado con nuestra forma de vida, pensamiento y realidad cotidiana. La disonancia no es más que un desequilibrio establecido entre nuestro pensamiento y la forma que tenemos de comportarnos. Cuando se produce este fenómeno, la resultante de toda esta ecuación es negar la realidad, como mecanismo de defensa y continuar llevando a cabo la acción primitiva. Es muy fácil identificar este fenómeno, dado que estamos acostumbrados a pensar lo que decimos y no decir lo que pensamos. Si se nos presenta un estímulo desagradable, bien sea un evento, película, noticia o la misma realidad, tenemos la tendencia de obviar la realidad, pensando que a nosotros nunca nos va a suceder tal desdicha, con lo que la actuación posterior seguirá marcando una tendencia a equivocarnos sin ser coherentes con nosotros mismos. Tal rasgo adorna a personas inseguras y con tendencia a sufrir a lo largo de sus vidas trastornos de ansiedad que les van a limitar en sus acciones cotidianas. El término disonancia cognitiva lo acuñó un psicólogo muy importante basándose en experimentos realizados dentro de la psicología social que nos han servido aún más para entender las relaciones y el comportamiento humano en todas las esferas del conocimiento. Factores socioculturales influyen en este asunto, aunque particularmente, me decanto por desajustes importantes en la forma de concebir el mundo y las experiencias vitales educativas de algunos seres humanos generan estos comportamientos tan curiosos. Tratar estos problemas en consulta resulta bastante complicado. El ser humano es poco reconocedor de su propia realidad, y si es capaz de hacerlo, en general, no da su brazo a torcer tan fácilmente. Esa búsqueda de equilibrio interno y la coherencia con su forma de actuar, podría facilitar estados de bienestar y el proceso de evolución de sus ideas, si bien, y está demostrado, armonizaría con la manera de comportarse con sus semejantes. Este es nuestro reto, intentar mejorar nuestro comportamiento a la hora de relacionarnos con los demás, pensando lo que hacemos, sin crear resistencias, difíciles de romper incluso, hasta para nosotros los psicólogos. Es una dura tarea, sobre todo, el poder reconocer esta realidad que nos llega a condicionar en nuestras vidas y relaciones. El ir en contra de lo que pensamos, por pertenecer a un grupo, a un colectivo, o a ser aceptados en una relación sin llegar a ser nunca auténtica y verdadera.